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jueves, 4 de abril de 2024

Defendiendo a Dina: la falacia ad hominem

 

Defendiendo a Dina: la falacia ad hominem

Una falacia es, simplemente, un engaño, una mentira, una farsa. La categoría ad hominem significa algo que está dirigido contra el hombre. Una falacia ad hominem es una farsa que ataca al hombre y no a sus argumentos. Busca descalificar al oponente, no yendo contra sus ideas o planteamientos, sino descalificándolo. O, contaminando aún más, buscando desviar la atención hacia el terreno de la amenaza, del hecho catastrófico. Por ejemplo, si alguien defiende un proyecto de ley, en lugar de debatir sobre sus argumentos, se le descalifica llamándolo desordenado, indisciplinado o borracho o, si alguien defiende una propuesta, responder que si se acepta la misma la situación será peor, un desastre. Todo vale con tal de desviar la atención.

La falacia ad hominem se ha convertido en el principal instrumento de batalla de los escuderos de Dina Boluarte. Los que la justifican por todo. Si alguien condena las joyas de la presidenta se le acusa de caviar. Si se dice que la inmoralidad justifica la vacancia presidencial se le sindica como enemigo de la institucionalidad. Si uno osa decir que el clima de deterioro es de tal magnitud que lo mejor para el país es el adelanto de elecciones a uno se le acusa de querer el adelanto “para postular” o ser parte del “eje del mal” o, peor aún, que la situación será peor pues se elegirá a una calamidad.  

Eso sucede porque los defensores de Dina Boluarte no tienen argumentos para ocultar su evidente complicidad. Tienen que recurrir a la falacia ad hominem para poner a la defensiva o desviar la atención de los hechos concretos que abruman a la presidencia. Esos hechos concretos, que son posesión de joyas y relojes por centenas de miles de dólares, cuentas bancarias por millones de soles, incompetencia en la gestión, o indicios de enriquecimiento ilícito tratan de ser desviados atacándose a la persona o dibujando en el futuro escenarios de catástrofe. Uno se convierte en terrorista, golpista, caviar, anti institucionalista, parte del eje del mal o causante de un triunfo electoral antisitema. Obviamente a esta confusión se prestan los diversos medios de comunicación cargados de analistas o abogados que todo lo ven desde el punto de vista teórico o jurídico cuando el problema es eminentemente político.

Soy de los que piensa que lo mejor para el país es el adelanto de elecciones y que la pregunta que debemos plantearnos es si el país podrá resistir dos años y medio más en esta situación. En lo personal pienso que no. El nivel de deterioro será muy grave de llegar al 2026. Y antes de pensar en términos de izquierda o derecha analicemos el asunto con más profundidad y pensemos en relación a la , supervivencia del Estado ahora amenazado por la delincuencia organizada, el narcotráfico y otros graves problemas que afectan a nuestra sociedad. En el 2026 puede ser demasiado tarde. Y la forma como llegue el país a ese año, si es que no se hace nada, será responsabilidad del elenco político, mediático y empresarial actual.

 

Juan Sheput

 

viernes, 6 de mayo de 2022

Plagio y permanente incapacidad moral

 

Sobre la permanente incapacidad moral

Como se sabe una de las causales de vacancia es la “permanente incapacidad moral” en la que puede incurrir el presidente de la República. Los defensores de Pedro Castillo y aquellos a quienes conviene el estado actual de la situación argumentan que esa frase es difícil de aplicar pues no tipifica, no es certera y se “presta a cualquier cosa”. No es así. Veamos por qué.

Lo permanente es lo que permanece. La incapacidad se define desde la falta de entendimiento o inteligencia hasta la falta de preparación o capacidad para entender o hacer algo. La moral, en su cuarta acepción, tiene que ver con aquello que afecta al fuero interno o al respeto humano y no al orden jurídico. Por lo tanto la “permanente incapacidad moral” es la frase que el constituyente redactó para explicarnos que alguien que permanece en un comportamiento incorrecto que, sin pertenecer a la falta jurídica, afecta por su falta de preparación y  respeto a los ciudadanos, puede ser separado del poder porque no es digno de representar al país o jefaturar su Estado.   

Por lo que vemos en estos nueve meses, Pedro Castillo refleja perfectamente lo que el espíritu constituyente quiso sancionar con la separación del poder, de una manera terminal, definitiva. Desde antes de asumir la presidencia, ya desde el momento de ser autoridad electa, Pedro Castillo empezó a mentir. Mintió con el perfil de sus designados a ministros, mintió con los visitantes a la casa de Sarratea en el distrito de Breña, mintió cuando negó a sus conocidos o el conocimiento de los tratos de sus sobrinos, mintió en su relación con Karelím López o Bruno Pacheco, mintió con su tesis de grado de magister.

Como era de esperarse su defensa legal entra en el terreno de lo jurídico señalando que los delitos cometidos por Pedro Castillo han prescrito. Lo importante aquí, porque es el núcleo político, es que no niegan la acusación. Y eso pone en peligro la continuidad del jefe de gobierno porque los hechos señalados y otros, tipifican, demuestran, señalan, un comportamiento incorrecto, mentiroso, inmoral que afectan la correcta marcha del país pues rebajan la autoridad del jefe de Estado, le quitan legitimidad y capacidad de influencia y liderazgo. La falta de autoridad moral impide un correcto manejo del país pues destruye la credibilidad y la confianza.

Al Congreso de la República le corresponde corregir esta situación. No es una cuestión de votos sino del papel que le tocó jugar en este contexto que es histórico por lo grotesco: un presidente que reúne todos los elementos para ser vacado de inmediato y un Congreso que se niega a hacerlo por pequeñísimos intereses. Estamos a tiempo para que las penosas líneas que se vienen escribiendo sobre la historia del Perú de estos días sean corregidas.

 

Juan Sheput

Perdiendo la batalla por no usar las balas

 

Perdiendo la batalla por no usar las balas

No hay nada más absurdo que perder una batalla por ahorrar municiones. O peor aún no usar las municiones pensando en que llegará un mejor momento. El hombre de acción, a decir de Max Weber, sabe usar sus balas pues es capaz de determinar la oportunidad, el momento adecuado, el Kairós de los griegos que, traducido libremente al español, no es otra cosa que el tiempo oportuno y que es atributo de los políticos el poder identificarlo.

Nuestro Congreso se niega a usar sus “balas de plata”. Por eso se envalentona el presidente Pedro Castillo y permite que un personaje menor pero atrevido como Aníbal Torres se pasee a sus anchas con su demagogia simplona y con sus amenazas disparatadas. El Congreso al negarse a censurar a un funcionario que bien lo merece, no solo pierde autoridad y credibilidad sino algo peor: poder. Y un Congreso sin poder es una entidad sin mayor importancia.

Si el Congreso no hubiera permitido que un individuo del nivel moral de Guido Bellido acceda al inmerecido cargo de presidente del Consejo de Ministros el mensaje habría sido dado: el parlamento hará respetar su función, constitucionalmente, así corra peligro su permanencia. Pero no fue así, optó por la debilidad y la “debilidad nunca termina de pagarse”.

En estos momentos el Perú se encuentra entrampado a pesar de haber fórmulas constitucionales para salir del problema. Pero no se ponen en práctica simplemente por que el Congreso piensa en su supervivencia. No existe ese sentido patriótico y así, ponen en peligro la misma supervivencia del Estado. De ello ya se dio cuenta Pedro Castillo, Vladimir Cerrón y los asesores extranjeros que de hecho los rodean. Se han dado cuenta de la pequeñez política de quiénes deben ejercer un control sobre sus acciones, por eso actúan como se les viene en gana.

Tampoco hay realismo y sin él es muy difícil actuar políticamente. Fujimori fue realista cuando en el 2000 renunció por fax y convocó a elecciones. El Congreso elegido en ese año fue igualmente realista y se autodisolvió acortando su mandato. Realistas fueron PPK y Manuel Merino cuando renunciaron y realista fue Vizcarra cuando aceptó el mandato del Congreso que lo vacaba. No son realistas los miembros del actual Congreso que quieren buscar soluciones extrañas ni tampoco lo son los empresarios novatos en política que creen que las elecciones no deben ser generales sino solo presidenciales.

Estamos entrampados pero hay solución. Todo depende que se usen las balas y se ejerza el realismo.

 

Juan Sheput

Artículo publicado en El Montonero 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

El Sectarismo Político

Si bien es cierto la llamada crispación empezó con el enfrentamiento permanente entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuzcynski, es con Martín Vizcarra que la situación política adquiere niveles de turbulencia que afectaban cualquier tipo de acercamiento.

Martín Vizcarra buscó un enemigo y lo encontró. Primero lo llamó "fujimorismo", luego "aprofujimorismo" y luego, ambos términos, los asoció con el Congreso de la República al que terminó disolviendo (desde mi punto de vista ilegalmente). La necesidad de tener un enemigo visible que le permita antagonizar y ponerlo contra la sociedad, siempre ha sido un objetivo de aquello que llama Fernando Rospigliosi, la "coalición vizcarrista".

Todo ello ha traído como consecuencia que en estos días el país atraviese por un escenario de violencia y polarización social como nunca antes se ha visto. La descalificación del adversario, la mentira permanente, el papel de los medios de comunicación totalmente parcializados, son parte de este esquema.

Es lo que un grupo de intelectuales norteamericanos, quince prominentes miembros de la academia, ha venido en llamar "sectarismo político". Elemento corrosivo que ha llevado a que el acuerdo político sea poco menos que imposible.

¿Cómo ha sido definido este llamado sectarismo?

Según los intelectuales tiene tres elementos capitales:

- La aversión hacia quien piensa distinto. 

- La "otredad", una especie de "los otros contra nosotros".

-La moralización, sentirse dueños de señalar que es lo moral y qué no es moral.

Como podemos observar este fenomeno, el del sectarismo, empleado para definir el comportamiento de Donald Trump calza perfectamente en el ámbito local. Es lo que practican Martín Vizcarra y sus allegados, o quienes ven en el otro, no a un adversario político con el cual se puede llegar a concesiones, cesiones mutuas o acuerdos, sino al enemigo a quien hay que eliminar. Esto ha traído como consecuencia una violencia verbal y física que va a convertir en imposible cualquier posibilidad de sacar adelante reformas, leyes específicas, o cualquier tipo de acuerdo político. 

Para llegar a este nivel de deterioro no se puede ocultar ni soslayar dos fenómenos adicionales. Por una parte el papel que juegan las redes sociales, y en ellas las empresas encargadas de construir "bots" y troles para descalificar al adversario, y por otra los medios de comunicación, en los cuales los periodistas han devenido en activistas, promotores o azuzadores,  es decir, no se limitan a informar sino que toman partido por una de las causas, abierta y desvergonzadamente.

Punto aparte es el abuso descarado de la mentira que se acepta y difunde de manera natural. Una que está en boga es la que llama "golpistas" a los parlamentarios que votaron por la vacancia de Martín Vizcarra por corrupción y receptor de coimas. Un proceso constitucional legítimo, que inclusive culminó con la presidencia de Francisco Sagasti luego del breve periodo de Manuel Merino, es deformado llamándolo "golpe de Estado" y a sus protagonistas "golpistas". Es la necesidad lógica de construir un enemigo.

El Perú atraviesa por un pésimo momento. Pero recordemos. Esta situación no solo es responsabilidad de los políticos sino tambien de un amplio margen del tejido social: academia, medios de comunicación, empresarios, entre otros. 

Ingresamos así a una recta final electoral en la cual el peligro no solo proviene de la pandemia del coronavirus Covid19 sino de algo peor: la incapacidad de entendernos como sociedad.

martes, 15 de diciembre de 2020

El Perú recién tendrá vacunas el 2022

 Suena sombrío pero así parece que es. El entusiasmo que despertó Martín Vizcarra cuando desde agosto de este año hablaba que el país iba a tener acceso a las vacunas antes que finalizara el 2020, se ha acabado. Una información proveniente de la prestigiosa revista británica The Economist, nos tiró un baldazo de agua fría y nos volvió a la realidad. No habrá vacunas contra el Covid19 en el Perú hasta mediados del año 2022 nos dice el prestigioso semanario. Esto contradice las versiones del gobierno de tener una disposición desde este año y como es lógico ha generado una ola de indignación. 

No se trata solo de vacunar a la población. También se trata de volver a las escuelas y universidades, que el turismo vuelva a recibir visitantes, de tener acceso a la recreación, que se reactive la economía y volvamos a tener una vida normal. Todo eso se tendrá que seguir limitando, durante casi dos años más, por no tener acceso a la vacunación. Es una grave irresponsabilidad que merece una profunda investigación y sanción. 

Martín Vizcarra señalaba ya desde agosto que íbamos a tener acceso a la vacuna. Lo decía en sus cotidianas conferencias de prensa. Y el expremier Walter Martos lo ratificaba, señalando inclusive que íbamos a tener acceso a la vacuna desde diciembre de este año y asegurando que se habían firmado convenios con prestigiosos laboratorios. Ahora sabemos que nada de eso es cierto. Esta gravísima irresponsabilidad, que debe ser investigada por el Congreso pues significará enfermos, fallecidos, parálisis económica entre otros males, no puede pasarse por alto. 

A diferencia del Perú, que no tendrá vacunas el 2021 y que tendrá que esperar hasta mediados del 2022 para poder empezar sus jornadas de vacunación, los presidentes Duque de Colombia y Piñera de Chile, anunciaron el inicio en el 2021 de sus jornadas de vacunación como lo pueden ver en los siguientes enlaces:

Presidente Duque de Colombia anuncia compra de millones de vacunas para el 2021

Presidente Piñera de Chile anuncia compra de 14.4 millones de vacunas para el 2021

En el Perú, Martín Vizcarra se limitó a mentir. Eso es posible cuando los medios de comunicación claudican de su función crítica y alejan del debate a los opositores. No hay forma de establecer una crítica que permita cambiar de sentido a la equivocación. Con falta de debate. el gobierno puede mentir y no enmendar el error.

Aquí pueden ver una reflexiones que sobre el tema he hecho en el siguiente video:

Juan Sheput: A propósito de las vacunas contra el Covid19



jueves, 14 de mayo de 2020

Doctores en Pesimismo


La izquierda perdió las elecciones del 2016. Sin embargo, a la luz de lo que venimos observando, es la que viene gobernando. Tienen congresistas en el parlamento que se reparten en varias bancadas, han copado con titulares a varios ministerios y predominan en sus actos y resoluciones en organismos como el Tribunal Constitucional, la Fiscalía de la Nación, la ONPE y el Jurado Nacional de Elecciones. Goza de apoyo mediático, de oenegés y también de activistas, muy bien remunerados, en las redes sociales. Para todos los efectos la izquierda es gobierno.
De cómo llegaron a gobernar nos ocuparemos en otro momento. Lo que importa ahora es señalar una situación que viene pasando desapercibida, la que indica que cuando la izquierda llega al poder así, de manera indirecta, lo hace destruyendo el tejido institucional del país, para así generar las condiciones para no marcharse. Ya hay señales de ello.
Hace unos años Enrique Krauze señalaba en la extraordinaria revista Letras Libres, la forma como se comportaba Hugo Chávez en Venezuela. El artículo se llamaba “El poder y el delirio” y en él indicaba que, para poder consolidarse en el poder, Hugo Chávez empezó por la confiscación de la palabra pública, es decir, por acallar en todos los medios de comunicación a los opositores y, por otra parte, instaurar un discurso de odio que polarizó el país. A los críticos los llamó “voceros del pesimismo”, algo muy similar a los “doctores en pesimismo” que acabamos de escuchar por aquí. De esa manera evitaba críticas a su manejo incompetente y corrupto del gobierno, mientras se consolidaba en el fervor popular al inaugurar una política de dádivas y prebendas que volvió dependiente del gobierno al pueblo venezolano.
La crisis desatada por la pandemia del coronavirus es el pretexto perfecto para profundizar en este deseo de querer perpetuarse en el poder. De hecho, ya está siendo utilizado por otros gobernantes autoritarios para pretextar su permanencia un mayor tiempo en el gobierno. El mes pasado, el Washington Post editorializaba que las democracias en el mundo se debilitarán si es que postergan elecciones y alertaba sobre aquellos gobiernos que, so pretexto de la pandemia, postergaban procesos electorales o manifestaban sus deseos de hacerlo. El Washington Post instaba a que se siguiera el ejemplo de Corea del Sur y se hiciera el mayor esfuerzo para no alterar los calendarios electorales.
En el Perú se juntan los deseos de algunos parlamentarios (no podemos asegurar que sean mayoría) con los del gobierno para justificar una postergación de elecciones el próximo año, así como las preguntas que inducen una respuesta favorable a la postergación que hacen algunos periodistas afines al gobierno. Si a estos hechos le agregamos la vocación histórica del populismo de izquierda de hacerse de los gobiernos por la “vía democrática” y luego destruir el orden constitucional perpetuándose, pues nuestra obligación como demócratas es estar alertas.
En ese sentido conviene recordar un par de viejos aforismos: primero, las democracias son mortales, y segundo, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Juan Sheput

Este artículo se ha publicado en El Montonero del 14 de mayo del 2020

miércoles, 13 de mayo de 2020

¿Por qué fracasa el martillazo?


En pocos días la cuarentena, instrumento clave con que se iba a aplicar un “martillazo” a la curva de infectados, ingresará en otra etapa. Pilar Mazetti, con el rigor y claridad científica que la caracteriza, acaba de señalar que el martillo no ha funcionado. No traslada la culpa a la población. Pilar jamás lo haría. Más bien, sin perder el tiempo, procede a analizar el escenario a fin de diseñar, con su equipo, un conjunto de acciones que nos lleve a minimizar los efectos del COVID19. Ella lidera un equipo de médicos que viene trabajando activamente en lograr ese propósito. Esperemos que lo logre.
Acotemos: esta es la lucha que se da en el aspecto técnico. En este campo hay curvas y estudios para todos los gustos. Los análisis son hechos con buena fe y, siendo distintos o complementarios entre sí, revelan una voluntad científica de querer colaborar. Esta competitividad técnica la vemos en todos aquellos lugares en donde el virus ataca sin piedad a la población. Y en todos ellos vemos que lo técnico no es suficiente. Países que vieron nacer a genios que iniciaron las primeras revoluciones industriales, crearon las bases de las primeras vacunas, llevaron al hombre a la Luna o generaron las condiciones para el Renacimiento y más tarde la formación de imperios, hoy están siendo sacudidos fuertemente por la pandemia. Sufren desconcertados ante los números de muertos y contagiados diariamente, mientras otros países han logrado superar con creces la ola mortal del coronavirus. Tiene que haber una razón para esto. El liderazgo es fundamental, pero no es lo único. Allí viene la fortaleza institucional, pero sobre todo la razón política.
Pensemos en Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Francia y España. En todos estos países hay al frente jefes de Estado que conviven con burocracias soberbias, partidos anquilosados o, gracias al populismo, han llevado a sus sistemas políticos a un nivel de polarización que se ha trasladado a la sociedad. La intolerancia, el debate limitado a las redes sociales, los insultos generalizados impiden cualquier tipo de consenso y llamado a la unidad. Inglaterra y España, tienen  jefes de gobierno consecuencia de dimisiones y por lo tanto tienen a una oposición ávida de saldar cuentas. Gobiernan estos países políticos ávidos de cámaras, sin perfil bajo, pendientes de su popularidad y que abundan en comunicaciones, tanto, que hasta se contradicen ellos mismos. Son rehenes del cortoplacismo y de la reacción antes que la previsión.
Pero hay otro grupo. Países exitosos en el enfrentamiento con el virus. Allí están Alemania, Japón, Corea del Sur, Dinamarca, Nueva Zelanda o Taiwán en donde sus jefes de Estado son políticos con experiencia que apostaron por el realismo, el respeto a las instituciones, la búsqueda del consenso y el perfil bajo. Manejan un criterio estratégico y no táctico permitiendo que los resultados sean su mejor política comunicacional. Tienen a la sociedad de su parte, que hasta los premia electoralmente, como acaba de suceder en Corea del Sur donde no hubo necesidad de suspender las elecciones y gozan del apoyo de la oposición o de las facciones partidarias. En ese sentido recuerdo las palabras del ministro presidente de Baviera, Markus Söder, refiriéndose a la Canciller Angela Merkel, su acérrima adversaria: “Es la voz internacional de la razón”. Huelgan comentarios.
Y por aquí… ¿Cómo nos va acá por el Perú? ¿En qué grupo creen que estamos? La polarización de la sociedad y de la política, alimentada principalmente por sectores oficialistas o allegados, sigue incansable. No hay un liderazgo que promueva un espacio de concertación. Por eso no nos debe llamar la atención los resultados, en la lucha contra el coronavirus, que venimos obteniendo.
Juan Sheput

jueves, 16 de abril de 2020

¿Nos vamos el 2021? Ni de vainas



Con gran entusiasmo, parlamentarios de APP y Acción Popular han señalado que estarían dispuestos a postergar las elecciones generales del 2021 en aras de la seguridad sanitaria nacional. Argumentan, con llamativa simpleza, que los recursos (750 millones de soles) podrían derivarse a otras urgencias, más importantes, como si el respeto a la Constitución no lo fuera.
No tengo duda en que el interés radica en que algunos parlamentarios no quieren estar tan solo catorce meses en sus cargos. Es un interés menor que nos debe llevar a calibrar la madera democrática de estos congresistas. Hay una distancia sideral, por ejemplo, entre lo señalado por este pequeño grupo y lo que en su momento dijeron personajes de real valía como Valentín Paniagua o Fernando Belaúnde. Tal vez por ese temple político es que estos escribieron páginas en la historia, en vida,  mientras aquellos, los otros,  no pasan de anecdóticas biografías.
Pero la discusión electoral no se limita al ámbito parlamentario. No tengo la menor duda que, usando a la pandemia como el pretexto perfecto, van a surgir otras voces que pidan la postergación de las elecciones. En ese sentido la devaluada palabra del presidente Vizcarra (en relación a que no postulará el 2021) no ha generado ni un solo titular relevante. Pero lo que me lleva a pensar en que sí existe el interés del oficialismo en permanecer inconstitucionalmente en el poder más allá del 28 de julio del 2021 se puede identificar en el comportamiento de otros actores, tratando de formar opinión u ocultar información, que los lleve a cumplir con sus fines.
Si de formar opinión se trata, ya han salido algunos opinólogos oficialistas (invitados permanentes a los medios de comunicación sometidos) a señalar que ese puede ser uno de los caminos. No sorprendería que luego ese análisis encuentre una respuesta favorable en la ciudadanía, identificada oportunamente por alguna encuestadora palaciega. Dados esos dos elementos, el rebote periodístico estaría garantizado.
Pero lo realmente vergonzoso, es la forma como se pueden ocultar hechos trascendentes a nuestros compatriotas. Hace tres días, el 14 de abril del 2020, se ha desarrollado el proceso electoral legislativo en Corea del Sur, el cual ha sido sumamente exitoso. Ha concurrido la mayor cantidad de gente desde el año 1992, cerca del 70% de la población. El país que mejor viene combatiendo la pandemia ha sido capaz de seguir adelante con su cronograma electoral sin necesidad de postergarlo. Un éxito y una buena práctica a seguir y a imitar, pues es una forma democrática de decir derrotamos al virus y seguimos en nuestro cauce democrático.
Nos preguntamos, de aquí a un año ¿no podemos hacer aquí lo mismo? ¿Por qué se ha ocultado a todos el exitoso proceso electoral de Corea del Sur? Las elecciones en Corea del Sur han sido una suerte de plebiscito donde la gente ha agradecido al gobierno por su exitosa gestión. Aquí en Perú en un año la situación económica puede estar muy deteriorada y los resultados en salud desastrosos lo que podría significar un gran revés para el gobierno o sus candidatos. Es obvio que necesitan tiempo para revertir la situación.


No lo duden, en las alturas del poder, hay un grupito que parece quiere quedarse.

Juan Sheput

Aquí podra ver algunos links relacionados con las recientes elecciones en Corea del Sur.
Participación histórica en elecciones de Corea del Sur

Esta columna ha sido publicada en el periódico digital El Reporte que dirige Mijael Garrido Lecca. Agradezco mucho a Mijael la oportunidad de compartir con ustedes mi opiniòn.

Enfrentando la pandemia al estilo medieval


Enfrentando la pandemia al estilo medieval
En un reciente artículo publicado en el New York Times, Donald McNeil recordaba que a lo largo de nuestra historia el mundo ha enfrentado las pandemias de dos maneras: al estilo Medieval, bloqueando fronteras, impidiendo el ingreso de barcos a nuestros puertos, encerrando a la gente en sus casas, quemando cadáveres, castigando a los contagiados y al estilo de la Modernidad es decir reconociendo la agresividad del virus pero recurriendo a invenciones del siglo XX como los termómetros, la información, las vacunas, la ventilación asistida y el aislamiento selectivo. De la forma como han enfrentado los países a esta epidemia se desprenden las consecuencias de índole económico, educativo, social y, por supuesto, de salud.
Nuestro país ha tenido que recurrir a la metodología medieval porque simplemente, durante dos meses, perdió el tiempo. Como he recordado en otro artículo, tan es así que en las entrevistas que Martín Vizcarra concedió en la primera semana de febrero ni siquiera profundizó ni le dedicó una respuesta sustantiva al Coronavirus. Tampoco lo hizo en la ronda de reuniones que sostuvo con los congresistas en varias oportunidades durante el mismo mes. En lugar de ello sus funcionarios solo hablaban de la reforma política, del caso Lavajato en tanto vendían nuestras mascarillas sin ni siquiera habían elevado las alertas de sus sistemas de vigilancia epidemiológica. Los resultados saltaron a la vista. Aparecido el virus tuvo que recurrirse a la brutalidad de la metodología medieval, encerrando de manera drástica a los ciudadanos en sus casas, cancelando reuniones y negocios, decretando toque de queda, organizando un sistema de recojo de cadáveres y cerrando nuestras fronteras, puertos y aeropuertos. Recurrir a esa modalidad ha generado otras situaciones calamitosas aparte de la concerniente a la salud. Ahora hay crisis en el sistema educativo, crisis en la economía, crisis en la sociedad. De ninguna de ellas se puede inferir las consecuencias pero se puede imaginar que serán muy graves. Así que no es asunto de tratar de culpar al pueblo por los resultados en la pandemia sino de reconocer con hidalguía que el gobierno demoró irresponsablemente en reaccionar.
¿El trato contra la pandemia pudo haber sido de otra manera? Por supuesto que sí. En ese sentido insisto en que si se está manejando tan mal la pandemia es porque las instituciones en el país no funcionan, porque a su vez el tejido institucional ha sido destruido por Martín Vizcarra. Tenemos un Congreso que en la práctica es inexistente, no hay control político y mucho menos fiscalización. Por otro lado la red de gobernadores y alcaldes es ninguneada por el presidente luego que esta la utilizara de  manera artera para sus fines políticos. Y hay un lamentable nivel de sometimiento de la mayoría de la prensa peruana al gobierno, que ya adquiere ribetes históricos, contribuyendo a la ausencia del debate público al haber censurado en la práctica a todo aquel que piense distinto al gobierno.
Si procedemos a analizar a los países que han tenido una mejor respuesta contra la pandemia, podremos observar que la mayoría de ellos que tiene un tejido institucional robusto ha podido evitar un gran número de muertos y el deterioro de su economía. Allí están Alemania, Suecia, Corea del Sur, Chile y Guatemala. Por otro lado los que tienen una mejor resiliencia es decir que están pasando de una situación calamitosa a una esperanzadora basados en el debate público y sus instituciones tenemos a Francia, España, Italia, Colombia y Argentina en donde el debate sanitario y económico ha adquirido la misma importancia. S mejor tejido institucional mejores oportunidades de enfrentar la pandemia y recuperarnos. En los países exitosos hay medios de comunicación críticos y reflexivos, una clase política que entendiendo el problema propone y fiscaliza, órganos de control del Estado y de la sociedad civil que no temen señalar la corrupción y sobre todo un alto nivel de tolerancia en el debate público abriéndose este a todas las vertientes. En el Perú actualmente no hay nada de eso, de allí  que las decisiones del gobierno devengan en pésimos resultados como consecuencia de la ausencia de contraste previo y más bien sean tan solo una mera imposición.
Mucho me temo que todo lo que se ha hecho, y sobretodo el sacrificio efectuado por nuestro pueblo ha sido en vano. A la fecha no hay estadísticas confiables, el gobierno tiene voceros y medidas pintorescas (como la de multar a los que incumplan el aislamiento social) y ha perdido el respeto de la ciudadanía, que sale a la calle en busca de sustento ante el irrealismo de las medidas gubernamentales. La llegada del invierno puede traer un rebrote del virus que encontrará al país debilitado económicamente y a la ciudadanía en una situación de mayor vulnerabilidad. Ojalá me equivoque.
Juan Sheput

Este artículo ha sido publicado en El Montonero el 16 de abril del 2020. Lo puede leer aquí.


jueves, 26 de marzo de 2020

De respuestas tardías y otros. Pandemia sin control...político.


Pandemia sin control…político
 “Cuando algo es urgente es porque es demasiado tarde” reflexionaba Talleyrand y el tiempo en más de una oportunidad le dio la razón. Actuar reactivamente no es una proeza. Es la consecuencia de un descuido y es lo elemental que se debe hacer cuando alguien enfrenta un problema que subestimó o no vio.
Durante la primera semana de febrero, como consecuencia de lo que consideraba un triunfo electoral, el presidente Martín Vizcarra dio una serie de entrevistas en la cual se abordó diversidad de temas. El coronavirus ya era una realidad en Asia y en parte de Europa y sin embargo Vizcarra no le dio ninguna importancia. No estaba en agenda. No lo trató profundamente en las entrevistas. A tal punto es así que en un tuit que lancé el 2 de febrero señalé que el presidente no tenía ni idea de lo que era el coronavirus. Habrá alguien que dirá que no tenía por qué saberlo. Entonces el presidente está rodeado, irresponsablemente, de mediocres que no le hablan de la magnitud del problema y esa sí es su responsabilidad.
Durante el mismo mes de febrero el presidente Vizcarra y sus ministros se reunieron con las bancadas del congreso elegido y en ninguna de esas reuniones se abordó el tema del coronavirus. Un problema de gran magnitud no estaba en el radar presidencial. En esas reuniones se hablaba de la reforma judicial, la reforma política, la salida de varios de sus ministros involucrados en actos de corrupción, la falta de incubadoras y agua en hospitales, los decretos de urgencia, la migración, la inseguridad, los feminicidios pero nada del coronavirus. Ni para el gobierno ni para los congresistas electos el problema del virus existía.
Quienes tuvimos la oportunidad de viajar al extranjero en esos días señalábamos con preocupación la total ausencia de controles en el aeropuerto a diferencia de nuestros vecinos de América Latina. Esa es otra responsabilidad del gobierno, un descuido de carácter sideral pues el virus entró por el aeropuerto al venir de Europa en el cuerpo de los que estuvieron por allá. Se pudo haber minimizado el efecto en nuestra población y en la economía y haber ganado mucho tiempo si el gobierno de Vizcarra hubiera actuado con mayor eficiencia y no con la indolencia que lo ha llevado a tener, una vez más, una acción reactiva. Así que no es momento para convertirlo en un semidios ni para aplausos adulones pues el gobierno es responsable de la ausencia de controles, el desarrollo de la enfermedad y su  grave secuela en nuestra economía.
También es un problema de control político. Con muy pocas excepciones, situación similar a los años de Alberto Fujimori, la mayoría de medios de comunicación sigue a pie juntillas la agenda gubernamental, en este caso LavaJato y el énfasis en el pasado. Nula investigación a hechos del actual gobierno. Esa situación se agrava con la ausencia de control político. Si hubiera habido un Congreso en funciones estoy seguro que ya en enero se habría citado a la ministra de salud para que rinda cuentas sobre qué se venía haciendo en materia de salud para prevenir el ingreso de la pandemia en el Perú. Y la ministra se habría visto obligada a acelerar o diseñar o poner en marcha respuestas para enfrentar la amenaza del virus sobre nuestro país ante la exigencia de los congresistas. Y al haberse planteado esas preguntas en el Congreso se habría puesto el foco en esa noticia y habría ingresado en agenda para el debate público. Pero no fue así. Esa es la importancia del control político, que desde el 30 de setiembre del año pasado no existe en nuestro país.
El gobierno de Vizcarra simplemente está reaccionando ante la presencia del virus en nuestro país. Medidas draconianas que en un principio no estuvieron acompañadas de las necesarias medidas económicas que ayuden a los que menos tienen nos enfrentarán a un futuro que requiere de un adecuado diseño de políticas de salud y reactivación. Hasta ahora se viene haciendo lo elemental. Tenemos como ventaja el clima, un verano que se prolonga y que favorece el estancamiento del virus, pero el invierno está a la vuelta de la esquina. La idea es ganar tiempo para actuar con eficacia, pensando en cómo minimizar los efectos de la pandemia y no en la búsqueda de aplausos. Esa es la diferencia entre un hombre de Estado y un simple jefe de gobierno.

Juan Sheput

Este artículo se ha publicado en El Montonero del 26 de marzo del 2020

jueves, 6 de febrero de 2014

Historia y coyuntura, a propósito del fallo de La Haya



Historia y coyuntura
Que la historia se repite no queda duda. Se ha encargado de recordárnoslo con un spot el gobierno de Ollanta Humala. Ha comparado el reciente resultado de La Haya con lo acontecido en 1929. El spot dice que ambas situaciones son similares. No le falta razón. Hace 84 años también nos contentamos con el premio consuelo de la recuperación de Tacna y la pérdida definitiva de Arica, su extensión natural. Hoy, al igual que hace 84 años, la clase dirigente pide mirar hacia un futuro común y “hermanado”. Hoy al igual que ayer se intenta ridiculizar a quiénes tienen una posición discrepante que desentone con la mayoría que acepta la realidad con resignación.  Se niegan a ver lo evidente: que  84 años después, el tratado de 1929 sigue,  por empeño chileno, con varios puntos pendientes de culminación.
En ambas oportunidades los fenicios de la política vieron en el resultado un triunfo. Todo lo reducen a lo económico y comercial. Se olvidan que el intercambio es consecuencia de la fortaleza de un estado que debe privilegiar lo que es su fundamento, es decir soberanía, población y territorio. Dicen que no se debe discutir por un pedazo de tierra. Eso puede tener validez en estados débiles y sin clase dirigente, pero no en aquellas que tienen criterio geopolítico y de proyección estratégica. China, por ejemplo, es el principal socio comercial del Japón y sus tratados comerciales se han puesto en entredicho por unas  pequeñas islas cuya soberanía ambas potencias se disputan.  Esa actitud dignificante de un estado ni siquiera se puede discutir en el Perú.
Desde el 27 de enero asistimos a un autoengaño masivo que nos señala que lo de La Haya es un triunfo. Enfebrecidos soñamos con riquezas marinas que nadie sabe por qué no hemos explotado hasta ahora en los casi 3,000 kilómetros de litoral costero “hasta las 200 millas”. Es difícil ver la realidad. Mientras en nuestro  caso la riqueza está por averiguar cuanto tiene de potencial, Chile mantiene intacta su explotación pesquera, ahora a perpetuidad y  logra su objetivo de consolidar la usurpación de una parte de nuestro mar al obtener que sus fronteras se delimiten desde el  Hito No. 1 convirtiendo a una parte de nuestra costa en territorio seco. Ello,  que va en contra de todos los escenarios planteados antes del fallo de La Haya,  es visto por el gobierno de Humala y la casi totalidad de la clase dirigente del país con naturalidad. La historia, efectivamente, con otros actores, se vuelve a repetir.
Es cierto que hay continuidad en el proceso que nos llevó a demandar a Chile ante La Haya. Y por eso mismo, por tratarse de una política de Estado, es que la misma no se  puede evaluar con las pasiones propias de la coyuntura. Evaluar una situación como la que atraviesa el país merece el juicio sereno e imparcial de la Historia. Así fue con el tratado de 1883, con el de 1929 –ambos con resultados condenatorios para nuestra clase dirigente- y así será con el 2014. En el juicio de la historia no habrá cargamontón mediático ni políticos atarantadores que en su afán de cubrir su vergüenza interior y ausencia de argumentos recurren a insultos y descalificaciones.
En estos días, en el afán de convertir el veredicto de la Corte que dice con claridad derechos económicos  y no soberanía marítima  territorial, la derecha peruana y el gobierno han coincidido con lo que el general Juan Velasco Alvarado llamaba el “Mar de Grau”. Nuestro mar es “hasta las 200 millas” dicen  con entusiasmo sabiendo que esto sólo es verdad hasta las doce primeras millas.  Durante la llamada Revolución Peruana nuestro mar era cobijo de grandes embarcaciones rusas y japonesas que pescaban –y siguen pescando ahora con la compañía de embarcaciones chinas- a sus anchas pues simplemente no nos ampara el derecho internacional.
En medio de toda esta miseria que la historia se encargará de decantar (bueno es en ese sentido  que muchos hayan planteado posición, en un sentido u otro,  escrita o verbal) también hay lugar para lo anecdótico o para una futura crónica de la infamia política: por discrepar se quiere sancionar con 120 días a un congresista que tuvo un arranque de dignidad y planteó su protesta una vez que el presidente Humala había culminado su mensaje. Jorge Rimarachín es la expresión política de un sector del pueblo peruano que no cree en la versión oficial ¿Se le quiere sancionar por ello? No lo creo. Desde mi punto de vista se le quiere sancionar a Jorge Rimarachín porque con su actitud les recuerda a los otros congresistas la profundidad de su autoengaño. En el fondo saben que tiene  razón, pero no toleran que en el parlamento peruano haya por lo menos un congresista que tenga el coraje de decirle al emperador que está desnudo.
El congresista Jorge  Rimarachín haría bien en preocuparse de lo verdaderamente importante, el juicio de la historia  y no de la menudencia  en la que se solazan algunos de sus colegas en la junta de portavoces.

Juan Sheput

miércoles, 31 de julio de 2013

Mensaje Presidencial y la Sociedad del Conocimiento




No me  extraña la calificación que la mayoría de la clase política peruana le ha dado al reciente mensaje a la Nación del presidente Humala: mediocre. Acostumbrados como están a ver simplemente el espejo retrovisor, no han reparado en temas notables que, de profundizarse, en verdad nos llevarían  a un futuro como país desarrollado.
Me refiero a lo que considero la parte blanda del mensaje. No la dura, constituida por datos y estadísticas, por obras y licitaciones en cursos, tan caras a la política y análisis tradicional y que no es otra cosa que una simple rendición de cuentas. Si nos limitáramos a esto, pues simplemente el mensaje calificaría como de rutina. Sin embargo la segunda parte, la intangible, le da un carácter especial que no queremos soslayar.
Como nunca en mensajes anteriores, el presidente ha mencionado lo que es la columna vertebral sobre la que ingresa un país en la Sociedad del Conocimiento.   Dentro de ello ha señalado la necesidad de mejorar la calidad de vida de los peruanos sobre la base del respeto al estado de derecho, a la mejora de nuestras prácticas y de una real lucha contra la corrupción. Sin mencionarlo tácitamente, ha indicado la importancia de reforzar nuestra red institucional.
Asimismo, de manera coherente con este anuncio  el presidente Humala  comunicó de la necesidad de mejorar nuestro mercado de capitales, favorecer el  clima de inversión y promover la generación de ventajas competitivas dejando de lado nuestras ventajas comparativas. Una ventaja comparativa es la inherente al país: la variedad de climas, la riqueza mineral, la abundancia de recursos naturales. Una ventaja competitiva es la que incorpora  conocimiento al recurso: joyería sofisticada en lugar de rudo mineral, manufactura de alto valor agregado, una apuesta por el diseño y la innovación en lugar de la cantidad y la masificación. Esto lo ha puesto el presidente  en línea con el Plan Nacional de Desarrollo Industrial que requiere de capital humano para su sostenibilidad. No puede haber transferencia tecnológica si no hay personas calificadas que lo acojan. Este es un asunto transversal que requiere que otros sectores, salud y educación, funcionen  de manera adecuada.
Igualmente y de manera coherente el presidente habló del Sistema Nacional de Calidad para mejorar nuestros estándares de producción. A ello agregaría que este sistema también sirve para poner la valla alta a los productos que ingresan al país, muchos de ellos por debajo de estándares internacionales. Igualmente se trató de la importancia del Sistema Nacional de Control, que debe ser más eficiente no sólo a nivel del gobierno central sino de los gobiernos locales y municipales.
Finalmente el presidente Humala convocó a un gran debate nacional sobre la descentralización, tema por demás muy importante que sufre de las consecuencias de la ignorancia generalizada sobre el tema. Se reclaman resultados en once años de regionalización cuando en países como Colombia y Chile el debate y la revisión del tema continua,  a pesar de tener casi 40 años de esfuerzo por la regionalización. Requerimos que el estado promueva en las regiones clusters, verdaderos dínamos de la economía.
Todos estos son temas que deberían ser tratados por el gobierno y que bien podrían ser parte de una gran agenda de discusión, por fin, de grandes temas. Para ello el gobierno debe designar interlocutores válidos. De lo contrario será simple retórica cuando bien puede ser el inicio de un gran plan nacional de cara al bicentenario y de nuestro ingreso en la Sociedad del Conocimiento.
Juan Sheput

Artículo publicado hoy en Diario 16 

domingo, 30 de septiembre de 2012

Fujinacionalismo e Indulto a Fujimori: Juan Sheput en Agenda Política


El tema del indulto a Alberto Fujimori sigue en debate. Sobre las implicancias políticas de este indulto, los probables problemas de gobernabilidad, el papel de Perú Posible y una respuesta al Cardenal Cipriani, hablé hoy en una entrevista en Agenda Política, el programa que conduce Enrique Castillo. En él manifesté que, de prosperar el indulto, estaríamos viendo el nacimiento de la etapa del fujinacionalismo.
Allí tuve la oportunidad de conversar sobre diversos temas: una respuesta al Cardenal Cipriani, el nacimiento del fujinacionalismo, una suerte de cogobierno entre el fujimorismo y el nacionalismo si es que prospera lo del indulto y sobre todo la necesidad de pedir perdón de Fujimori, ya que hay 25 víctimas en Barrios Altos y La Cantuta por la cual fue condenado. El vídeo lo pueden ver a continuación:


Indulto a Fujimori: Juan Sheput en Buenas Noches con AAR

Como se sabe la familia del expresidente Alberto Fujimori ha considerado solicitar, en los próximos días, el petitorio oficial de indulto al presidente Ollanta Humala. En tanto no se concrete es, en términos que usaba Luis Alberto Sánchez, un desfleme, es decir un periodo en el cual se podrá escuchar todo tipo de comentarios los cuáles irán desde el apoyo al pedido de indulto hasta quiénes se opongan.

En lo particular estoy a favor de un indulto sí y sólo sí de por medio está un parte médico que declare la condición de que Alberto Fujimori se encuentra en una condición terminal, eso porque el expresidente ha sido condenado por delitos de lesa humanidad. Sobre el particular estuve en el programa de Augusto Álvarez Rodrich en el cual junto a Fernán Altuve hablamos sobre el tema:


Buenas Noches con AAR: Juan Sheput