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jueves, 6 de febrero de 2014

Historia y coyuntura, a propósito del fallo de La Haya



Historia y coyuntura
Que la historia se repite no queda duda. Se ha encargado de recordárnoslo con un spot el gobierno de Ollanta Humala. Ha comparado el reciente resultado de La Haya con lo acontecido en 1929. El spot dice que ambas situaciones son similares. No le falta razón. Hace 84 años también nos contentamos con el premio consuelo de la recuperación de Tacna y la pérdida definitiva de Arica, su extensión natural. Hoy, al igual que hace 84 años, la clase dirigente pide mirar hacia un futuro común y “hermanado”. Hoy al igual que ayer se intenta ridiculizar a quiénes tienen una posición discrepante que desentone con la mayoría que acepta la realidad con resignación.  Se niegan a ver lo evidente: que  84 años después, el tratado de 1929 sigue,  por empeño chileno, con varios puntos pendientes de culminación.
En ambas oportunidades los fenicios de la política vieron en el resultado un triunfo. Todo lo reducen a lo económico y comercial. Se olvidan que el intercambio es consecuencia de la fortaleza de un estado que debe privilegiar lo que es su fundamento, es decir soberanía, población y territorio. Dicen que no se debe discutir por un pedazo de tierra. Eso puede tener validez en estados débiles y sin clase dirigente, pero no en aquellas que tienen criterio geopolítico y de proyección estratégica. China, por ejemplo, es el principal socio comercial del Japón y sus tratados comerciales se han puesto en entredicho por unas  pequeñas islas cuya soberanía ambas potencias se disputan.  Esa actitud dignificante de un estado ni siquiera se puede discutir en el Perú.
Desde el 27 de enero asistimos a un autoengaño masivo que nos señala que lo de La Haya es un triunfo. Enfebrecidos soñamos con riquezas marinas que nadie sabe por qué no hemos explotado hasta ahora en los casi 3,000 kilómetros de litoral costero “hasta las 200 millas”. Es difícil ver la realidad. Mientras en nuestro  caso la riqueza está por averiguar cuanto tiene de potencial, Chile mantiene intacta su explotación pesquera, ahora a perpetuidad y  logra su objetivo de consolidar la usurpación de una parte de nuestro mar al obtener que sus fronteras se delimiten desde el  Hito No. 1 convirtiendo a una parte de nuestra costa en territorio seco. Ello,  que va en contra de todos los escenarios planteados antes del fallo de La Haya,  es visto por el gobierno de Humala y la casi totalidad de la clase dirigente del país con naturalidad. La historia, efectivamente, con otros actores, se vuelve a repetir.
Es cierto que hay continuidad en el proceso que nos llevó a demandar a Chile ante La Haya. Y por eso mismo, por tratarse de una política de Estado, es que la misma no se  puede evaluar con las pasiones propias de la coyuntura. Evaluar una situación como la que atraviesa el país merece el juicio sereno e imparcial de la Historia. Así fue con el tratado de 1883, con el de 1929 –ambos con resultados condenatorios para nuestra clase dirigente- y así será con el 2014. En el juicio de la historia no habrá cargamontón mediático ni políticos atarantadores que en su afán de cubrir su vergüenza interior y ausencia de argumentos recurren a insultos y descalificaciones.
En estos días, en el afán de convertir el veredicto de la Corte que dice con claridad derechos económicos  y no soberanía marítima  territorial, la derecha peruana y el gobierno han coincidido con lo que el general Juan Velasco Alvarado llamaba el “Mar de Grau”. Nuestro mar es “hasta las 200 millas” dicen  con entusiasmo sabiendo que esto sólo es verdad hasta las doce primeras millas.  Durante la llamada Revolución Peruana nuestro mar era cobijo de grandes embarcaciones rusas y japonesas que pescaban –y siguen pescando ahora con la compañía de embarcaciones chinas- a sus anchas pues simplemente no nos ampara el derecho internacional.
En medio de toda esta miseria que la historia se encargará de decantar (bueno es en ese sentido  que muchos hayan planteado posición, en un sentido u otro,  escrita o verbal) también hay lugar para lo anecdótico o para una futura crónica de la infamia política: por discrepar se quiere sancionar con 120 días a un congresista que tuvo un arranque de dignidad y planteó su protesta una vez que el presidente Humala había culminado su mensaje. Jorge Rimarachín es la expresión política de un sector del pueblo peruano que no cree en la versión oficial ¿Se le quiere sancionar por ello? No lo creo. Desde mi punto de vista se le quiere sancionar a Jorge Rimarachín porque con su actitud les recuerda a los otros congresistas la profundidad de su autoengaño. En el fondo saben que tiene  razón, pero no toleran que en el parlamento peruano haya por lo menos un congresista que tenga el coraje de decirle al emperador que está desnudo.
El congresista Jorge  Rimarachín haría bien en preocuparse de lo verdaderamente importante, el juicio de la historia  y no de la menudencia  en la que se solazan algunos de sus colegas en la junta de portavoces.

Juan Sheput

martes, 13 de agosto de 2013

No confundirse de enemigo

A propósito de la muerte de tres terroristas por una acertada operación en el VRAEM de nuestras fuerzas armadas y policiales he escrito este artículo que ha sido publicado en Diario 16:

No confundirse de enemigo
Ha hecho bien el gobierno del presidente Humala en no presentar las muertes de 3 terroristas como un triunfo definitivo. Si bien es cierto ha habido naturales exageraciones, como la de indicar que este hecho marca un hito irreversible en la lucha contra el terrorismo, el tratamiento de la situación ha sido con prudencia. Y, sin quitar méritos a las fuerzas armadas,  policiales y sus respectivos comandos;  la parte política, es decir  ministros y jefe de estado, también han cumplido con lo suyo.
Sin embargo la lucha debe continuar, tal vez con mayor ahínco. Ni Sendero Luminoso ni el narcotráfico han sido derrotados. Aún más Sendero, desde hace mucho tiempo, se ha  convertido en el brazo armado distractor del narcotráfico. Es decir, los llamados terroristas senderistas son funcionales  para los intereses del narco los cuáles se fundamentan en  desviar la atención de nuestras fuerzas de seguridad para que el narcotráfico haga lo que desee hacer sin mayor interferencia.  En otras palabras el enemigo real es el narcotráfico y a él hay que derrotar.
Si Sendero Luminoso o lo que queda de él se puede movilizar a sus anchas y tiene recursos para pertrechos y armas, es porque alguien lo financia, y ese alguien es el narcotráfico. Una derrota “definitiva” de Sendero no acabará con el problema, lo podría agravar ¿Por qué? Pues porque el narcotráfico buscará otros medios de protección y distracción en las zonas de producción y allí podría financiar a sicarios y mercenarios que podrían convertir a la zona en una verdadera pesadilla. El tráfico de drogas “a la mexicana”  dejaría de ser un escenario probable en nuestro país  y sería una cruel y dolorosa realidad.
Analicemos, como mirándonos en un espejo futurista, lo que acontece en otro país, Colombia. La derrota de las FARC en el país hermano no puede ser “definitiva” o “irreversible” porque cuenta también con fuentes financieras provenientes de la delincuencia organizada. La extorsión,  el secuestro y el tráfico de drogas son algunas de ellas. De esos fondos delincuenciales dependen las familias de los guerrilleros de las FARC. Acabar con ese financiamiento originaría que los guerrilleros busquen otros mecanismos de supervivencia trasladándose a  la delincuencia urbana o a ser parte de los carteles del narcotráfico que por su sangría permanente siempre requieren de nuevo recurso criminal.
El ministro Pedraza ha señalado que el narcotráfico y el terrorismo constituyen una unidad. Discrepo con ello. El terrorismo está subordinado, cual empleado, al narcotráfico. Este requiere a aquel, como distractor, operador sicario y guardián de la zona. Para derrotarlos primero se requiere convencernos de que ese es el problema y que los triunfos episódicos, como la muerte de tres guerrilleros, siendo  importantes no dejan de ser marginales.

Juan Sheput

martes, 30 de julio de 2013

Mensaje Presidencial: Una mirada a la propuesta blanda

Se podría decir que el mensaje del presidente Ollanta Humala de este 28 de Julio ha tenido dos partes notorias: una, vinculada al recuento de acciones del gobierno, llena de datos y estadísticas y dos, una vinculada a los aspectos blandos, intangibles, que desde mi punto de vista es la más importante del mensaje y que, por falta de capacidad de lectura de la mayoría de la clase política, no ha sido comentada ni criticada ni siquiera revelada.
En la segunda parte del mensaje el presidente Humala hace mención a varios aspectos que de tomarse en cuenta y desarrollarse políticas públicas en ese sentido, sí nos podrían conducir al desarrollo.
Menciona, por ejemplo, la necesidad de transformar Ventajas Comparativas en Ventajas Competitivas, es decir pasar a construir ventajas que contengan conocimiento, valor agregado, lo cual es coherente con su invocación de dejar de depender de las materias primas como fuente de ingreso de recursos al país.
El presidente también habló de la lucha contra la corrrupción y encontró en el refuerzo del Sistema Nacional de Control a su justo correlato. Sin una Contraloría moderna, preventiva, que haga su trabajo abarcando a los gobiernos locales y regionales, no va a ser posible acabar con una corrupción generalizada y que tiene en los municipios una gran cuota.
Otro de los aspectos saltantes es el de reforzar el Sistema Nacional de Calidad, es decir aquel que supervise los estándares de los productos peruanos para que sean bien acogidos en el exterior. Sin embargo el presidente olvidó decir que un Sistema Nacional de Calidad también sirve para supervisar a los productos que ingresan al país, es decir para que no se importe basura o productos que dañan a la salud de los consumidores o simplemente son de muy baja calidad manufacturera.
Y finalmente el presidente Humala planteó la necesidad de un debate sobre la regionalización. Este es un aspecto que  me parece sumamente importante, el de repensar la regionalización. Nuestro país no debe seguir con una estructura regional que simula a los departamentos. Se tienen que crear clusters que dinamicen las economías locales, generando círculos virtuosos de crecimiento.
Lo lamentable es que siendo esta parte del mensaje novedosa y que ningún presidente de la República ha tratado antes, no la exploten los ministros que rodean al mandatario. Son temas que sí nos convertirían en un país desarrollado de ser tratados como corresponde.