A propósito de la Ley Universitaria: Si no cambia seguiremos en lo mismo
Algo de bueno, o mucho, debe de
tener el proyecto de Ley Universitaria que se viene discutiendo en la Comisión
de Educación en el Congreso para que haya sacado de su zona de confort a muchos
rectores, que hoy se pasean con visible preocupación, por diversos medios de
comunicación. Lo lamentable es que, más allá de esta notoria posición
defensiva, los rectores o especialistas amigos de los rectores, no aportan nada
nuevo a la discusión, sino se dedican a defender la situación actual, es decir
el statu quo. Siendo así, de permanecer en la situación vigente, el Perú se
vería condenado a seguir padeciendo de uno de los peores sistemas
universitarios del Mundo, con una gran cantidad de universidades, ninguna de
las cuáles es considerada como de élite y que ni siquiera figuran entre las
mejores de América Latina.
El cuadro es deprimente. Tenemos
universidades que se han convertido en meras unidades de negocio, en donde más
interesa la boleta de pago que la formación integral de un ser humano como
profesional. Se han multiplicado como por esporas, por diversos lugares del
país, captando a jóvenes deseosos de tener un título, pero lamentablemente, sin
mayores deseos de aprender. Hay una gran crisis, en ese sentido, de valores en
el sistema universitario. Se da prioridad a la entrega de títulos y no a la
necesidad de enseñar y aprender. Es cierto que hay algunas universidades que
son la excepción, pero en el caso peruano sólo sirven para confirmar la regla
del estado calamitoso en que nos encontramos.
El debate sobre la nueva Ley
Universitaria no debe circunscribirse a la mal entendida autonomía. Debería
evaluarse a la luz de los resultados: ¿tenemos alguna universidad entre las 500
mejores del mundo? ¿Hay alguna
universidad peruana entre las 100 mejores de América Latina? ¿Tenemos el cien
por ciento de profesores con el título de doctor? ¿Se da prioridad a las carreras
técnicas de las cuáles hay déficit?¿Alguna universidad es el corazón innovador
de un cluster? La respuesta a todas
estas preguntas es NO, lamentablemente NO. Y ese es un grave problema pues las
probabilidades de ser un país desarrollado disminuyen dramáticamente con un
sistema universitario tan deplorable como el que tenemos.
Si en aras del respeto a la
empresa privada las universidades
negocio desean seguir haciendo una fortuna
con las ilusiones de millones de jóvenes es una cuestión que atenta
contra la ética. La mejor respuesta es brindarles a los padres una universidad pública de primer nivel, que
sea competencia de la privada, y que como consecuencia de ello sirva de
catalizador para la mejora de todo el sistema. Pero no es así. La UNI, San
Marcos, la Agraria, tienen de los mejores alumnos del país, con promedios de
ingreso de uno por cada 8 postulantes, con exámenes de admisión muy exigentes, pero ¿Qué encuentra
esta “materia gris” de primer nivel al ingresar a la universidad? Profesores
desactualizados que enseñan repetitivamente lo que saben y no lo que deberían
enseñar basados en las tendencias
académicas que rigen los destinos de la profesión.
Ojalá la Comisión de Educación
que preside el Congresista Daniel Mora no se amilane en profundizar en el
debate de una Ley muy necesaria para el futuro inmediato del Perú. Que unos
cuantos rectores que se interesan sólo por su futuro personal no sean obstáculo
de una reforma necesaria para el país.
Juan Sheput
Artículo publicado hoy en Diario 16
¿Qué
quiere decir ser una sociedad moderna? Con frecuencia la gran minería
se presenta como un símbolo de la modernidad. Se habla de “la minería
moderna,” una minería de “tecnología de punta,” que ”no contamina”, y
que trae el desarrollo a comunidades “primitivas” que no tienen otra
opción. Son muchos los códigos y las palabras clave que se movilizan, a
veces inconscientemente, para ir creando esta imagen de la minería. De
hecho, con frecuencia la gran minería se presenta como sinónimo del
desarrollo – la locomotora vuelve a ser el destino.








