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lunes, 25 de mayo de 2015

A propósito de la inversión china

A propósito de la inversión china
En el mundo hay países cortoplacistas y países con visión de largo plazo. Los primeros tienen tácticas y son reactivos y los segundos estrategias y son proactivos. Ser reactivo es reaccionar a los acontecimientos en tanto ser proactivo es generar las condiciones para que se den determinados acontecimientos. Los países cortoplacistas por lo general no tienen élites, viven tan pendientes del momento que no se dan el tiempo para construirlas. En contrario los países visionarios tienen élites sólidas y sobre todo instituciones, lo que les permite consolidar sus políticas de largo aliento en el tiempo.
En las célebres negociaciones entre China y Estados Unidos durante la administración Nixon, en una de las pocas oportunidades que tuvo Henry Kissinger de conversar con Mao, este le dijo (cito de memoria): “…es conveniente negociar con nosotros. Cuando llegue a un acuerdo con China este será válido por muchos siglos”.
En ese contexto es fácil deducir que, en los procesos de negociaciones, los países con visión de largo plazo tienen gran ventaja sobre los que viven atados a la coyuntura. Los primeros, una vez más, generan las condiciones para seducir a los segundos con lo que, por lo general, caen una y otra vez. Vivir pegados al momento hace que cada instante sea una circunstancia y, por lo tanto, esta clase de países ni siquiera es capaz de aprender de sus propios errores.
Los líderes chinos están en una gira por América Latina y tanto países como ciudadanos están cayendo embelesados ante la oportunidad de recibir gran cantidad de fondos de los visitantes asiáticos. Leo en las redes sociales como personas con preparación, saludan esta visita china expectantes de las inversiones que se traducirán en trenes y diversa infraestructura. Ni siquiera se preguntan si la infraestructura es la que necesitamos o si generará externalidades negativas en nuestro territorio. Bienvenido el dinero, de dónde sea, así la obra no sea de interés para nosotros sino para la potencia extranjera.
The Economist en un excelente artículo publicado hace dos semanas  ha señalado de los peligros de la inversión china en América Latina.  El mensaje que se concluye del artículo es que, en pocas palabras, para lo único que ha servido hasta ahora la inversión china en América Latina es para reforzar nuestra especialización en “materias primas” y recomienda a los gobernantes de esta parte del mundo que sean menos dóciles con su nuevo y gran socio. Claro que, y esta es mi posición, esto se hace un poco, digamos difícil. Se sabe de la otra gran inversión asiática, esta vez en seducción política, traducida en viajes, turismo en la milenaria China, lo cual se repite muchas veces  a gusto del asombrado paseante.
China tiene una clarísima estrategia de captación de materias primas a nivel mundial y la viene efectuando con gran eficacia. En el camino algunas empresas están dejando una gran degradación del medio ambiente según reconoce The Economist, pero eso parece no importarles a muchos. Es penoso pero a la vez un lugar común en países como el nuestro. En lugar de alabar a priori la construcción de un tren interoceánico que nosotros no hemos planificado deberíamos hacer un pequeño esfuerzo para tener nuestro propio plan de desarrollo, en otras palabras, ser un poco más dignos y poner en práctica el concepto que encierra una palabra que aparece muy poco en los eventos de nuestra historia: soberanía.


Juan Sheput

Artículo publicado en la revista Velaverde del 25 de mayo del 2015

domingo, 24 de mayo de 2015

La chequera china por The Economist

La chequera china
América Latina necesita ser menos dócil con su nuevo gran socio

Apodada la “Loca María”, se decía que la vía férrea Madeira-Mamoré, con solo un poco de exageración, había cobrado una vida por cada durmiente instalado. Construida para las florecientes exportaciones de caucho, la línea de 367 kilómetros (228 millas) desde Porto Velho, en el corazón de la Amazonía brasileña, hasta la frontera con Bolivia, quedó obsoleta ante las nuevas plantaciones asiáticas justo antes de que fuera inaugurada en 1912.
Un siglo más tarde, un plan para construir una vía férrea mucho más larga que cruza la Amazonía, desde la costa atlántica de Brasil hasta el Perú, se encuentra entre una gavilla de proyectos de infraestructura que China está ofreciendo financiar en América Latina. Li Keqiang, primer ministro de China, ha firmado un acuerdo para un estudio de viabilidad para dicha vía férrea durante su viaje de ocho días por Sudamérica, que comenzó el 18 de mayo en Brasil y lo llevará a Colombia, Perú y Chile.
Li vino armado con propuestas de inversiones y préstamos que podrían llegar hasta US$ 103,000 millones solo en Brasil. Tanto sus destinos como los proyectos apuntan a una maduración de la relación de China con América Latina. Esto ha generado un crecimiento explosivo del comercio, en tanto China devoró los minerales, petróleo y soja de la región, mientras que exportó sus manufacturas.
Ahora las economías se están desacelerando en ambos lados del Pacífico. La desaceleración de China ha provocado una fuerte caída de los precios de las materias primas, y por ende del valor de las exportaciones de América Latina. Las exportaciones de Brasil a China cayeron un tercio en el primer trimestre de este año en comparación con el mismo periodo del 2014.
Pero los préstamos y la inversión china están listos para seguir creciendo.
En enero, el presidente Xi Jinping dijo que las empresas chinas apuntarían a invertir US$ 250,000 millones en América Latina en los próximos diez años, en comparación con un monto total previo de US$ 99,000 millones. Si bien la inversión china en un inicio estaba enfocada casi por completo en petróleo, gas y minería, ahora se está ampliando para involucrar más empresas e industrias, incluyendo la alimentación y agricultura, la industria manufacturera y, sobre todo, la infraestructura.
Lo mismo ocurre con los préstamos chinos. Los US$ 22,000 millones prestados el año pasado superaron a los créditos de los tradicionales bancos multilaterales de desarrollo, según el Boletín Económico para China y América Latina, publicado por la Universidad de Boston. Además de Brasil, el dinero ha ido principalmente a Venezuela, Ecuador y Argentina, donde ha ayudado a sostener los gobiernos de izquierda. El viaje de Li sugiere un nuevo interés en los países con mentalidad empresarial de la Alianza del Pacífico.
Muchos gobiernos de América Latina han acogido al dragón chino como una buena alternativa a los Estados Unidos y a las condiciones impuestas por el FMI y el Banco Mundial. Para una región con enormes deficiencias en infraestructura, la inversión de China, al igual que su comercio, es potencialmente de gran ayuda. Pero ambos presentan obstáculos.
Una dificultad obvia son los acuerdos amistosos. El año pasado, Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina, negoció un swap de divisas con China, como una alternativa a resolver su disputa con los tenedores de bonos extranjeros. El precio es alto: el dinero está atado a 15 contratos de infraestructura en los que las empresas chinas no tienen competencia.
En términos más generales, China ha servido para reforzar la especialización de América Latina en los co-mmodities. Pero este quizás no sea el camino para un crecimiento sostenido. En un informe publicado esta semana, el Banco Mundial considera que los aumentos en el comercio y la inversión en América Latina proveniente de los países del “Sur” (es decir, el mundo emergente) se asociaron con un aumento más pequeño en el crecimiento y la productividad de los pares del “Norte” (es decir, el mundo desarrollado).
El interés de China en el desarrollo de la infraestructura de América Latina no es altruista. Quiere reducir los gastos de transporte de sus importaciones, como la soja del estado de Mato Grosso. Su compañía ferroviaria y otras de infraestructura tienen capacidad disponible porque el consumo está reemplazando a la inversión como la principal fuente de crecimiento de China.
Debido a la concentración en commodities, el comercio y la inversión china en América Latina han sido “un gran causante de la degradación del medio ambiente”, según el equipo de la Universidad de Boston. El ferrocarril transcontinental es una nueva preocupación. Los funcionarios peruanos prefieren una ruta en el norte a través de la selva virgen rica en biodiversidad. Los ecologistas prefieren una ruta en el sur, hacia Matarani, junto a una nueva carretera que une Brasil al Perú, inaugurada en el 2012. Pero al igual que la “Loca María”, el tránsito a lo largo de esta carretera ha sido inferior a lo previsto.
Sería un error culpar a China por estos riesgos. La mayoría de sus empresas en la región tienen un registro razonable de cumplimiento con las normas ambientales. Más bien, le corresponde a América Latina convertirse en tan efectiva como su nuevo socio en la defensa de sus intereses en la relación. Esos intereses incluyen la protección del medio ambiente y evitar acuerdos unilaterales alcanzados por conveniencia política a corto plazo.
© The Economist Newspaper Ltd,
London, 2015

Traducción tomada del diario Gestión del 22 de mayo del 2015


lunes, 20 de abril de 2015

Otra forma de hacer política

Otra forma de hacer política
Hasta la Constitución de 1920 cada ministro exponía su plan ante el Congreso para lograr la confianza. Desde la Constitución de 1933 es el Presidente del Consejo de Ministros el que, en nombre de todo su gabinete, sustenta  ante el pleno del Congreso de la República la propuesta de agenda de gobierno para buscar la confianza de la representación nacional. La búsqueda de la confianza, que en algún momento fue un “voto de esperanza”  gracias a la genialidad del Senador  Luis Alberto Sánchez ante un cambio de posición de Haya, ha llevado a los presidentes del Consejo a tomar diversas actitudes en relación a sus adversarios, algunos enconados, otros, ingenuamente, dispuestos a conversar.
El que el presidente de la República nombre a un nuevo Presidente del Consejo de Ministros no necesariamente debe llevar al gobierno a repetir un ritual. Conversar con todos no necesariamente fortalece al oficialismo. Aislar al adversario sí. Lo primero es simplemente la percepción de triunfo ante lo que es simplemente ganar tiempo. Lo segundo es delinear la cancha y elegir “quien es el enemigo” en términos caros a Carl Schmitt.
El que el presidente del gabinete Pedro Cateriano visite y converse con todos los grupos políticos no lo fortalece a él. Fortalece a los visitados, pues les otorga el papel de decidir a qué lado de la balanza quieren que se ladee el voto de confianza. El visitador perderá poder, si en lugar de aceptación encuentra indiferencia o abstención. El visitador ganará, más bien, poder y legitimidad si, en términos comparativos, obtiene más votos a favor que todos sus antecesores. El visitador ganará sí o sí, cuando consigue aislar a sus adversarios, nucleando votos amistosos y convirtiendo a su causa a los dudosos, dejando al resto de parlamentarios en el lugar que corresponde: el de la oposición.
Ese es el camino por el cual optaron antes Manuel Ulloa, Sandro Mariátegui, Carlos Ferrero, Henry Pease y Javier Velásquez Quesquén, entre otros presidentes del Consejo de Ministros de los últimos 34 años que cerraron filas con aliados, convencieron a los dudosos y optaron por aislar a sus opositores. La oposición sufrida por Fernando Belaúnde, Alejandro Toledo y Alan García, en relación al aprismo los dos primeros y a la mayoría bulliciosa de un nacionalismo con refuerzos potentes de la izquierda el tercero, no tiene punto de comparación con la ambigüedad y peso político del actual parlamento.
Por lo tanto hablar con todos no es el mejor camino y mucho menos el único. No otorguemos atributos políticos a lo que es simplemente un ritual. Los últimos 4 presidentes del consejo de ministros se dedicaron a conversar y luego de su paso por el premierato lo único que consiguieron fue dejar tras de ellos un gobierno más confundido. Es lo que está pasando en estos momentos, en donde el fujimorismo le disputa al aprismo el liderazgo de una oposición que reclama la ciudadanía como instrumento para detener a un gobierno que cree que puede hacer lo que quiere. Una democracia requiere, siempre, de una oposición fuerte y diferenciada. Y en ese sentido el fujimorismo le está ganando la partida al aprismo.
No espero nada diferente del nuevo gabinete. Siguen haciendo lo mismo, lo cual garantiza que, a decir de Einstein, siga resultando en lo mismo. Esperar lo contrario, señala el físico, es síntoma de locura.

Juan Sheput

Publicado en revista Velaverde del 20 de abril del 2015


lunes, 16 de marzo de 2015

Radio Filarmonía o la cultura de la música

Radio Filarmonía o la cultura de la música
Los antiguos libros sobre Roma nos hablan de Casio como un personaje  serio y malhumorado. Un hombre que no reía y no se sabía por qué. El misterio acaba cuando hace unos años, en un estupendo ensayo sobre la vida cultural de Julio César, Max Gallo pone en boca del gran Cónsul y Dictador romano las siguientes palabras: Casio es serio y taciturno porque jamás escucha música. Contundente. Pero no se quedaba allí, decía que esa mala costumbre le quitaba aptitud para “el pensar”. Para César el marco musical placentero era indispensable para la reflexión.
En otras latitudes de la civilización lo mismo fue entendido por los monjes tibetanos que recitan musicalmente sus mantras o los monjes cartujos que oraban cantando en latín. El canto gregoriano no sólo fue la antesala de la música medieval y del renacimiento sino era la compañía perfecta para las jornadas de transcripciones manuales de los libros, que antaño, poblaban las bibliotecas de los conventos. El Siglo de las Luces, llamado también de La Ilustración,  consagró la música barroca y dio inicio a la clásica. La música, entre las artes, ha hecho contribuciones sin par al desarrollo de la Humanidad.
La música buena, la buena música, es partera de cultura y no sólo eso, es compañía perfecta en todo momento de nuestras vidas. Alimenta el alma, convoca recuerdos, nos hace conocer el significado de la palabra celestial. Es siempre portadora de bienestar.
Desde hace más de 30 años nuestro país tiene una Radio Cultural. Se llama Radio Filarmonía. Nos permite transportarnos a  veladas mágicas donde Jacqueline du Pre toca el cello o  Juan José Chuquisengo nos deleita con el  piano. Permite que sintamos orgullo de la voz de Juan Diego Florez cuando canta un aria en el Festival de Salzburgo o ante el público más exigente del mundo, en el Deutsche Oper de Berlín. Gracias a Radio Filarmonía año tras año podemos gozar, en vivo, de la temporada de ópera del legendario MET, del Metropolitan Opera de Nueva York. Todo ello gracias al esfuerzo inagotable de la señora  Martha Mifflin que se ha puesto sobre los hombros el desafío de llevar la música, la cultura, a cada rincón de nuestro país.
Sin embargo, a pesar de su invalorable aporte a nuestro crecimiento como seres humanos,  Radio Filarmonía se debate hoy en una crisis económica. Los auspiciadores de repente prefieren otros espacios y tal vez otro tipo de música. Es el momento entonces de los ciudadanos que apreciamos la cultura y valoramos el esfuerzo de personajes tan valiosos como Martha Mifflin. Apoyemos a Radio Filarmonía. No permitamos que nuestra indiferencia nos lleve luego a extrañar lo que no supimos conservar. Hay muchas formas de aportar. Ingresemos a la web de la radio www.filarmonia.org y pongamos el hombro junto a Martha. La cultura de nuestro país, y los que vengan después de nosotros,  lo agradecerán.

Juan Sheput

Artículo publicado en la revista Velaverde del 16 de marzo del 2015

Página web de Radio Filarmonía es: www.filarmonia.org

miércoles, 11 de marzo de 2015

Espionaje chileno: lo comercial debe revisarse

Espionaje chileno: lo comercial debe revisarse
Hay argumentos que tan sólo suenan bien pero que la realidad se encarga de desmentir. En su célebre libro “La Democracia en América” Alexis de Toqueville da cuenta de la gran cantidad de negocios norteamericanos que había en Texas, en la primera mitad del siglo XIX, en ese entonces territorio mexicano. Texas dependía del intercambio con Estados Unidos y de los visitantes de ese país, consumidores de sus productos y servicios. Toqueville reflexionó sobre el particular indicando que, de seguir así, “Texas algún día será territorio norteamericano”. El tiempo le dio la razón, Texas es desde hace más de un siglo un estado más de la Unión.
En otro célebre libro “Los cañones de Agosto” de Bárbara Tuchman, la gran escritora norteamericana recuerda que en 1910 Norman Angell señalaba en su obra “La gran ilusión” la imposibilidad de una guerra en Europa como consecuencia de la fluidez del intercambio económico. Con una guerra todos los países saldrían perjudicados, decía Angell.  En 1914 estalló la Gran Guerra.
En nuestro país hay quienes creen que la dignidad tiene precio. Ya Don Jorge Basadre hablaba de la debilidad de nuestras élites y lo frágiles que son cuando de enfrentar posiciones extranjeras se trata. Se dice que no se debe tocar el tema comercial con Chile. No importa que se nos falte el respeto,  y una y otra vez se burlen de nuestra buena fe, el tema comercial “debe ir por cuerdas separadas”. Ya basta.
Si hay un beneficiado en el intercambio comercial entre Perú y Chile ese es el vecino del sur. No hay que confundir balanza comercial con renta, en esta última es claramente ganador Chile y eso es por nuestros errores. En una clara demostración de falta de aplomo y claudicación política, el anterior Congreso no debatió, como demandaba la Constitución, el Tratado Comercial con Chile y le dio una interpretación amañada de Acuerdo Comercial. La influencia económica chilena en nuestro país ya se hace sentir en una clase política dependiente de los fondos de campaña y con bajísimo espíritu republicano. No es una insensatez debatir el tema comercial y enfriarlo de darse el caso. Chile se permite subestimar nuestra capacidad de reacción indicando que lanzamos amenazas que no seremos capaces de cumplir. Se equivocan. El tema comercial sí está a nuestro alcance y es propicio que se ponga en debate su desarrollo. Por ello estoy de acuerdo con lo señalado por el Dr. Carlos Ferrero en el sinsentido que tiene integrar la Alianza del Pacífico con un vecino, Chile, que permanentemente tiene actitudes hostiles hacia nosotros.
Aquellos políticos que tienen en su papel en la historia  a uno de sus estímulos, bien harían en ver el rol que vienen jugando en estos días en relación al espionaje comprobado chileno hacia nuestro país.
Juan Sheput


lunes, 9 de marzo de 2015

¿Por cuerdas separadas? A propósito del espionaje chileno

¿Por cuerdas separadas?
No deja de llamarme la atención la reacción condenatoria de cierto sector de la clase política y empresarial a lo señalado por el congresista Abugattás en el sentido que la relación comercial entre ambos países puede revisarse. Es una opción válida y, teniendo en cuenta que en el nauseabundo tema del comprobado espionaje chileno a nuestro país hay un componente empresarial, pues es un tema que no debemos descartar.
Los argumentos en pro de esa medida son varios y ninguno tiene que ver con una posición chauvinista o patriotera. Desde hace un buen tiempo, de nuestra parte, sólo ha habido gestos de buena voluntad hacia Chile los cuales podemos mencionar. Tenemos una Constitución que es la única en América Latina que iguala la inversión nacional con la extranjera. El Tratado de Libre Comercio con Chile no fue revisado por nuestro Congreso (en tanto en el país del sur sí lo fue) amañando su aprobación bajo la figura de un acuerdo comercial. En nuestro país, por impulso del gobierno actual, se viene construyendo un gasoducto cuyo principal cliente será Chile, lo cual ha generado rechazo en toda la macroregión sur conformada por Cusco, Puno, Arequipa, Moquegua y Tacna. Por otro lado los chilenos han hecho de las prácticas monopólicas u oligopólicas una nefasta costumbre en nuestro país, situación que no podrían hacer en el propio, sin que nuestras autoridades digan algo. Las cosas tienen que quedar bien en claro: si alguien se perjudica con el enfriamiento de las relaciones comerciales ese país es Chile.
Ante los reclamos de no tocar el vínculo comercial con Chile porque se podría perjudicar nuestra economía habría que decirles que no es cierto. Es un tema que bien se puede discutir sin que nadie tenga por qué molestarse por ello. Es un gesto soberano y digno, propio de un país que permanentemente se ve afectado por actitudes hostiles y poco amistosas como el espionaje chileno, que ya ha devenido en sistemático y continuo.
Hay razones para manifestar nuestra indignación. Los gestos de indiferencia o los señalamientos sureños en el sentido que el presidente Humala viene sobrereaccionando son simplemente inaceptables. Verán que no es una sobreactuación o exageración cuando se plantee el congelamiento de acciones en la Alianza del Pacífico, la revisión del Tratado de Libre Comercio o se les deje de dar tantas facilidades a inversionistas sureños a los cuáles, en la práctica, se les ha entregado ingenuamente nuestro mercado.


Juan Sheput 

¿Tenemos alcaldes?

¿Tenemos alcaldes?
Si tenemos que atenernos a la etimología de la palabra corrupción encontraríamos muchas respuestas al estado de descomposición que vivimos en el mundillo de los gobiernos locales. Corromper viene del latín corrumpere que significa “con ruptura” y que ilustra las desviaciones que podrían ocurrir, en algunas administraciones municipales,  respecto a la normalidad.
Los alcaldes del país, en su mayoría, han corrompido el objeto de sus funciones. Ya no se trata de mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, ello ha quedado en segundo plano, sino de obtener la mayor cantidad de renta, de dónde sea. Se abusa de la obra física que, como bien señalan organismos internacionales como el Banco Mundial, suelen ser, cuando no hay  controles, focos de corrupción. Pero lo peor no está allí sino en la forma como conciben el ejercicio municipal. En los últimos días, a manera de ilustración, he tenido la oportunidad de leer sendas entrevistas a diversos alcaldes de la ciudad. Desde Surco hasta Surquillo, pasando por Magdalena o los distritos de Lima Norte o Sur, todos, absolutamente todos hablan de las oportunidades para la inversión en inmuebles comerciales o para oficinas que piensan impulsar en su localidad. Entusiasmados,  indican la disponibilidad de terrenos y si no los hay de los planes que tienen para obtenerlos, todo sea en nombre de los nuevos centros comerciales o bloques de oficinas con los que sueñan para su comunidad. Esto es una distorsión por completo de la función municipal. Lo único que significa es que los alcaldes ni siquiera controlan sus ansias recaudadoras de rentas olvidando por completo su función de generar bienestar para la vecindad.
Es necesario en este sentido comparar, tener otro plano de referencia, con el comportamiento de alcaldes de otras ciudades, en otros países. En Medellín, Bogotá y Cali en Colombia; en Guayaquil en Ecuador; en Valparaíso y Puerto Montt en Chile, los alcaldes también están preocupados por los terrenos, pero no para hacer grandes centros comerciales ni bodoques de cemento para oficinas sino para hacer espacios públicos para la comunidad. Si no tienen los terrenos disponibles los compran, sí señores los compran, pues el objetivo es construir la biblioteca y no la playa de estacionamiento; la piscina pública y no el strip-mall; el parque para la recreación y no el centro comercial; los espacios deportivos y no los bloques de oficinas. Saben perfectamente que siendo sus dramas, al igual que nosotros salud, transporte y seguridad, pues la provisión de espacios públicos ayuda a organizar y desarrollar mejor la vida de la comunidad.
Aquí no. En nuestro país lo meritorio es la obra física, esa que sirve para satisfacer las proyecciones de ingresos de empresas de construcción e inmobiliarias y –cómo no- de algún funcionario corrupto. La cultura, el bienestar, la calidad de vida  de los vecinos, eso en nuestro país simplemente no importa, pues para lograr elegirse basta con el clientelismo que se financia con lo que sobra de la obtención abusiva de rentas, a costa de la comunidad.

Juan Sheput

Artículo publicado en revista semanal Velaverde