lunes, 26 de octubre de 2020

Entrevista en Libertad de Pensamiento

 A continuación comparto con ustedes una larga y amena entrevista con Andrés Romaña y Bruno Schaaf de Libertad de Pensamiento, sobre asuntos de coyuntura y defensa de la institucionalidad.

Aquí la entrevista: 



Inaceptables declaraciones del presidente del consejo de ministros Martos

Las Fuerzas Armadas no son deliberantes. Lo dice con absoluta claridad el artículo 167 de nuestra Constitución. Ser no deliberante significa que no se ponen a considerar atenta y detenidamente los pro y contra de una decisión. Se subordinan al orden constitucional. 

El Congreso tiene dentro de sus atribuciones ejercer el control político, el cual incluye al propio presidente de la República. 

Amenazar con desconocer las atribuciones del parlamento en nombre de la gobernabilidad o institucionalidad es, abiertamente, una amenaza de golpe de Estado. Más aún cuando quien las hace es el vocero constitucional del gobierno, es decir, el presidente del consejo de ministros Walter Martos. 

Eso ameritaría que el parlamento lo cite para que aclare sus declaraciones. No hacerlo sería aceptar un deterioro de los asuntos públicos que podría llevar a una situación irreversible del orden constitucional. 

El retroceso que estamos viendo en materia institucional es consecuencia de tener al frente del país a un presidente, Martín Vizcarra, sindicado de haber recibido coimas por parte de empresas constructoras. Una persona que atraviese esa situación no está en condiciones de ejercer adecuadamente el cargo que ha recibido. El deterioro de los asuntos de gobierno es evidente siendo las declaraciones de Martos consecuencia de tener al frente del país a un sindicado en graves actos de corrupción como Martín Vizcarra. La amenaza de golpe no es más que un acto desesperado de quiénes saben que tendrán que rendir cuentas ante la justicia.

Aquí el segmento de las declaraciones de Walter Martos:



viernes, 23 de octubre de 2020

"Antaurizando" el debate

Desde hace un tiempo un sector de la prensa nacional viene difundiendo la idea que Antauro Humala, líder del etnocacerismo y de Unión por el Perú, estaría detrás de los intentos de vacancia contra el presidente Martín Vizcarra.



Nada más errado.

La idea de "antaurizar" el debate, es decir convertir en promotor de la vacancia a Antauro Humala, tiene como objetivo infundir temor en la población, por lo radicales de sus propuestas, o en el empresariado, por su enemistad con la inversión privada. Acabado el senderismo como "cuco" bien vale el "antaurismo" como sustituto. No olvidemos que hace un tiempo, cualquier intento de sabotaje contra la democracia o del modelo económico provenía del Senderismo. En estos días se pretende vender la idea que es el "antaurismo" el responsable de los pedidos de vacancia del sindicado como receptor de coimas y haber obstruído a la justicia en el caso Richard Cisneros "Swing". No es así.

Martín Vizcarra es el único responsable de la situación que viene atravesando. No se trata de una movida "antaurista" la que nos lleva a la nueva mocion de vacancia, sino las declaraciones de aspirantes a colaboración eficaz, que lo sindican como solicitante de comisiones indebidas y receptor de las mismas. Los aspirantes a colaboradores eficaces no sólo han dado montos sino también locaciones. Como era de esperarse, Martín Vizcarra, como siempre, lo ha negado todo.

El presidente del Congreso, Manuel Merino, no debería pisar el palito de la provocación que pretende "antaurizar" el debate, sino limitarse a seguir adelante en el curso de la moción de vacancia y de los otros desafíos que tiene la representación nacional, como es la elección de los nuevos miembros del Tribunal Constitucional por ejemplo.

Martín Vizcarra está muy nervioso. Lo que estamos viendo es solo una parte de lo que intentará hacer con el objetivo de desviar la atención y buscar victimizarse. 


Martín Vizcarra o la negación de la realidad

 



Es increíble. Estamos padeciendo una de las peores crisis políticas del país, y todo parece indicar que, para Martín Vizcarra, no pasa nada. Las crisis políticas se tienen que resolver porque de no hacerlo afectan directa e indirectamente el tejido institucional. Y como vemos eso ya está sucediendo: la Fiscalía es un desorden, las fuerzas armadas se olvidan de su rol no deliberante, el Congreso presenta su segunda moción de vacancia, el pueblo se encuentra cansado y desorientado, todo en medio de una pandemia que ha generado muy graves problemas en los ámbitos sanitarios, económicos, educativos y sociales.

¿Qué es lo que corresponde hacer? El presidente Vizcarra, al ser el principal responsable de este deterioro, es el llamado a ponerle fin. Desde diversos sectores se han dado una serie de fórmulas que pretenden acabar con este deterioro, pero el presidente no se decide por ninguna, pretende mirar hacia adelante, con una política del avestruz, de negación, que nos está conduciendo a honduras inimaginables y peor aún, pretende ridiculizarlas como si sobre él no pendieran serias acusaciones de alta corrupción.

De no encontrar solución a la crisis política, la situación del país se seguirá deteriorando. Una forma de bajar la intensidad del problema es con un gabinete de consenso, que tome las riendas del país pues Martín Vizcarra ya es valor deteriorado. Eso permitiría que él continúe como presidente, pero esencialmente en un rol decorativo pues ya no tiene legitimidad. Un conjunto de ministros de alto nivel serían la bisagra hacia el próximo gobierno. Otros mecanismos tienen que ver con la renuncia a la presidencia, la suspensión en el ejercicio del cargo o la misma vacancia de seguir apareciendo nuevas acusaciones. Cualesquiera la decisión que se tome, esta tiene que efectuarse pues lo peor es continuar con la crisis.

Hay quiénes aprovechan la actual situación para elucubrar una serie de teorías conspirativas que pretenden involucrar a parlamentarios y al mismo presidente del Congreso en la postergación de las elecciones. No se dan cuenta que si se incurriera en eso sería una causal de vacancia pues ya las elecciones han sido convocadas y el calendario no puede postergarse. Los que lanzan estas teorías conspirativas pretenden se ignore la gran responsabilidad que tiene Martín Vizcarra en esta situación. La cosa es tan simple como que no habría mociones de vacancia si Martín Vizcarra hubiera tenido un comportamiento honesto durante toda su carrera de servidor público, lo que no es así. En otras palabras, sus defensores parecen olvidar que si estamos atravesando esta situación es porque Martín Vizcarra tiene graves acusaciones de corrupción, de parte de colaboradores eficaces que señalan que ha pedido coimas cuando era gobernador de Moquegua, quedando pendiente de investigar su paso por el gobierno actual.

Si el presidente pretende ignorar la crisis política y cree que esta pasará con el tiempo se equivoca. Si no se hace algo la crisis se agudizará. Y la responsabilidad del deterioro institucional del país será exclusivamente de él.

 

Juan Sheput

Publicado originalmente en El Montonero el 22 de octubre del 2022 (https://www.elmontonero.pe/columnas/martin-vizcarra-o-la-negacion-de-la-realidad)


domingo, 30 de agosto de 2020

La "campaña de comunicación" en el gobierno de Vizcarra

El 12 de marzo publiqué, en Facebook un texto donde se resaltaba la importancia de hacer a la brevedad una campaña de comunicación para educar y sensibilizar a la ciudadanía para luchar contra el Covid-19. Adjunté un documento científico que hablaba del éxito de la campaña comunicacional que en su momento lideró el presidente García en el 2009, previniendo contagios, suspendiendo eventos masivos, invitando a lavarse las manos y a practicar la distancia social todo a propósito de la pandemia del H1N1. Esta campaña estuvo a cargo del entonces ministro de salud Oscar Ugarte y se hizo al inicio de la pandemia con gran éxito pues se limitó el número de contagios. Lo dice el documento científico adjunto y lo pueden leer a partir de la página 61. Esto obviamente no fue tomado en cuenta por el gobierno actual y, 60.000 muertos después pretenden hacer una campaña comunicacional a la ligera y que según el propio presidente Vizcarra, está dirigida contra los "irresponsables". Qué equivocado está el gobierno. Ahora se entiende por qué se maneja tan mal la lucha contra la pandemia con la crisis sanitaria, económica y social que la ineptitud gubernamental nos ha causado. Pueden ver el documento íntegro aquí:

Estado, prensa y sociedad en epidemia 2009 de influenza


viernes, 15 de mayo de 2020

Otra bomba de tiempo: Las víctimas colaterales de la Pandemia

Dedicados como estamos, por completo, a la lucha contra la pandemia del coronavirus, hemos descuidado una situación sanitaria permanente que tiene que ver con el tratamiento de los pacientes con enfermedades crónicas, es decir cardiopatías, hipertensión, diabetes, diálisis, cáncer entre otras. Como es de público conocimiento todos estos pacientes tienen en estos días serias dificultades para tratarse. Las indicaciones del gobierno impiden en estos momentos que los hospitales y clínicas deriven recursos a estos casos y ello está generando ya eventos lamentables, de personas que están falleciendo por que no tienen acceso a sus médicos, medicinas ni servicios clínicos y por tanto no se vienen tratando sus enfermedades o de lo contrario su salud deteriora rápidamente pues ya llevan más de dos meses sin recibir un consejo médico y eso les genera hasta un estrés innecesario que limita su capacidad inmunológica.
Esa va a ser la otra "pandemia". Resultará en una nueva curva que habrá que "aplanar". No puede ser que por dedicarnos, por urgencia, a una enfermedad que ha llegado con toda su cuota de incertidumbre, descuidemos como se viene haciendo el tratamiento a pacientes que requieren con urgencia también de un tratamiento a sus problemas crónicos. Si ponemos lupa a los casos nos preguntamos:¿Cuántos pacientes están descuidando su tratamiento de diabetes? ¿Cuántos no se hacen diálisis con la frecuencia que se necesita? ¿Cuántos pacientes oncológicos no reciben las indicaciones y tratamiento que requieren? ¿Cuántos hipertensos no tienen acceso a su medicación? Los casos son graves y la situación también.
Cuando estas personas fallecen no entran en las estadísticas pero incrementan el sufrimiento y desesperación de las familias. En los noticieros se ve a personas sencillas que reclaman por que sus familiares son rechazados en el hospital para el tratamiento de una diálisis o de una enfermedad cardiaca. Esta situación no puede seguir así. Se tiene que remediar pues de lo contrario se puede convertir en otra bomba de tiempo.
Con organización y planificación todo se puede. Por lo menos se puede empezar con un protocolo. Las autoridades de Salud deben entender la prontitud en el tratamiento de este tema. No solo son recursos. También es un tema de humanidad. Clínicas y Hospitales tienen sectores específicos y diferenciados que pueden empezar este tipo de servicio. Aún más la calidad de nuestros profesionales de la medicina y buena gerencia en clínicas y hospitales permitiría enfrentar este problema. Esperamos que las autoridades y el presidente de la República tomen cartas en el asunto. La situación ya es complicadísima. No esperemos que se torne más grave.

Comunicado de la UPCH: 

jueves, 14 de mayo de 2020

Doctores en Pesimismo


La izquierda perdió las elecciones del 2016. Sin embargo, a la luz de lo que venimos observando, es la que viene gobernando. Tienen congresistas en el parlamento que se reparten en varias bancadas, han copado con titulares a varios ministerios y predominan en sus actos y resoluciones en organismos como el Tribunal Constitucional, la Fiscalía de la Nación, la ONPE y el Jurado Nacional de Elecciones. Goza de apoyo mediático, de oenegés y también de activistas, muy bien remunerados, en las redes sociales. Para todos los efectos la izquierda es gobierno.
De cómo llegaron a gobernar nos ocuparemos en otro momento. Lo que importa ahora es señalar una situación que viene pasando desapercibida, la que indica que cuando la izquierda llega al poder así, de manera indirecta, lo hace destruyendo el tejido institucional del país, para así generar las condiciones para no marcharse. Ya hay señales de ello.
Hace unos años Enrique Krauze señalaba en la extraordinaria revista Letras Libres, la forma como se comportaba Hugo Chávez en Venezuela. El artículo se llamaba “El poder y el delirio” y en él indicaba que, para poder consolidarse en el poder, Hugo Chávez empezó por la confiscación de la palabra pública, es decir, por acallar en todos los medios de comunicación a los opositores y, por otra parte, instaurar un discurso de odio que polarizó el país. A los críticos los llamó “voceros del pesimismo”, algo muy similar a los “doctores en pesimismo” que acabamos de escuchar por aquí. De esa manera evitaba críticas a su manejo incompetente y corrupto del gobierno, mientras se consolidaba en el fervor popular al inaugurar una política de dádivas y prebendas que volvió dependiente del gobierno al pueblo venezolano.
La crisis desatada por la pandemia del coronavirus es el pretexto perfecto para profundizar en este deseo de querer perpetuarse en el poder. De hecho, ya está siendo utilizado por otros gobernantes autoritarios para pretextar su permanencia un mayor tiempo en el gobierno. El mes pasado, el Washington Post editorializaba que las democracias en el mundo se debilitarán si es que postergan elecciones y alertaba sobre aquellos gobiernos que, so pretexto de la pandemia, postergaban procesos electorales o manifestaban sus deseos de hacerlo. El Washington Post instaba a que se siguiera el ejemplo de Corea del Sur y se hiciera el mayor esfuerzo para no alterar los calendarios electorales.
En el Perú se juntan los deseos de algunos parlamentarios (no podemos asegurar que sean mayoría) con los del gobierno para justificar una postergación de elecciones el próximo año, así como las preguntas que inducen una respuesta favorable a la postergación que hacen algunos periodistas afines al gobierno. Si a estos hechos le agregamos la vocación histórica del populismo de izquierda de hacerse de los gobiernos por la “vía democrática” y luego destruir el orden constitucional perpetuándose, pues nuestra obligación como demócratas es estar alertas.
En ese sentido conviene recordar un par de viejos aforismos: primero, las democracias son mortales, y segundo, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Juan Sheput

Este artículo se ha publicado en El Montonero del 14 de mayo del 2020