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lunes, 24 de agosto de 2015

Lava Jato o Lava Cara

¿Lava Jato o Lava Cara?
Lava Jato ha dejado de ser una frase de connotación agradable, un juego simple de palabras para convertirse en una referencia de lo que puede hacer el Poder Judicial y el Ministerio Público en un país como Brasil,  de dimensiones muy diferentes y descomunales en relación a nuestras pequeñas organizaciones. Brasil no sólo es una de las 10 economías más grandes del mundo sino tiene un sistema político muy poderoso lo que no lo exime de ser, cada cierto tiempo, sacudido por escandalosos casos de corrupción. Sin embargo hoy como ayer, con sucedió con el presidente Collor de Melo, el sistema ha demostrado que funciona pues es capaz de derribar un gobierno y meter en la cárcel a quiénes así lo merecen.
Seis mil millones de dólares en coimas han pagado un grupo de empresas brasileñas en diversos países de América Latina. Para pagar esa cantidad de dinero es fácil  imaginar cuánto deben haber ganado, de manera indebida, en obras de infraestructura. Entre los países con funcionarios  “aceitados”  está el Perú y todo parece indicar que una parte sustancial del monto mencionado terminó en las facturaciones de estudios de abogados, periodistas, funcionarios públicos y políticos de nuestro país. Por eso es que el caso Lava Jato debe mirarse con los mismos efectos de un tsunami. La ola ya nació, es cuestión de tiempo que llegue a nuestras costas. Y es por ello que hay temor en muchos vinculados a las gestiones presidenciales del 2001 a la fecha y también a gobiernos regionales y a la Municipalidad de Lima desde la gestión de Susana Villarán. El temor nace del hecho que es una situación que no pueden manejar. Si el destape no viniera de Brasil la tendrían más fácil. En el Perú los corruptos dejan de serlo con un buen equipo de relacionistas públicos que los sacan de los titulares o noticias de los medios de comunicación. En el Perú no hay operaciones Lava Jato sino Lava Cara que gracias a oportunas portadas, entrevistas o columnas de periodistas “amigos” ocultan el hecho delictivo. En el Perú a los corruptos se les premia con portadas en las revistas frívolas o en las notas de sociedad. A ello habría que agregarle la falta de escrúpulos y ética de algunos abogados y el silencio cómplice de un sector del empresariado. El sistema de corrupción marcha viento en popa en nuestro país. Pero cuando el viento del destape viene de otras latitudes poco pueden hacer los que hacen comentarios o emiten opiniones remuneradas. Es lo que está pasando en la actualidad con la ola que viene de Brasil.
Por eso es importante el papel que pueda jugar el Ministerio Público y el Poder Judicial. En Brasil hay un Fiscal como Athayde Ribeiro Costa o un Juez como Sergio Moro que son implacables en la búsqueda de justicia y están metiendo en la cárcel a empresarios y políticos. Todo en estricta justicia. En el Perú habrá que ver cómo se comportan los jueces en relación a los habeas corpus y asus investigaciones. De los procuradores no esperemos nada. Todos los procuradores de este gobierno han sido funcionales al poder oficialista.  En Brasil no es así, rechazan los habeas corpus y los jueces actúan con prontitud. Igual en el caso de los fiscales que, en nuestro caso, por una cuestión de dignidad nacional ya deberían haber constituido un equipo especializado que maneje todo el portafolio Brasil. Los próximos días servirán para determinar si hay, efectivamente, el propósito de luchar seriamente contra la corrupción.

Juan Sheput

Publicado en revista Velaverde 10 de agosto del 2015