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lunes, 24 de agosto de 2015

La reforma política que el país necesita

La reforma política que el país necesita
Inspira esta columna un estupendo artículo de Carlos Meléndez publicado por El Comercio el último sábado. En ella Carlos pone en relieve el hecho que la tantas veces mencionada reforma política carece de consensos y requiere, en lugar de apuros, de un debate amplio y profundo. Nada más cierto. Durante los últimos años las leyes que se han etiquetado como portadoras de reformas han sido destruidas por su fracaso rotundo ante el imperio de la realidad. Y eso ha sucedido como consecuencia del debate apresurado, impulsado por una necesidad de justificación o de éxitos luego de deambular en una serie de fracasos. A veces pienso que los “escuderos de la reforma” (como acertadamente los llama el destacado politólogo) se sienten motivados simplemente por una necesidad de mostrar que han cumplido, no importa si esto es a costa del país o no.
A pocos meses del día de las elecciones es muy difícil que se pueda impulsar algún tipo de reforma electoral con seriedad. Lo que habrá serán proyectos aislados que, al no hacerse en conjunto, pueden contribuir aún más al deterioro de la política. La reforma debe ser integral e incorporar en ella elementos que atañan a la Constitución, la Ley de Partidos Políticos, la Ley General de Elecciones y otras que permitan un nuevo diseño con criterio holístico. Leyes parciales, sin un criterio integrador, incorporarán más energía al caos, con lo cual los problemas y la decepción vendrán a continuación.
La sugerencia de Carlos Meléndez de empezar por una agenda mínima en la cual tengan un rol protagónico los organismos electorales es lo más pertinente. Lo otro no sólo será insuficiente sino que nos puede llevar a deteriorar aún más la calidad de la política. Se requiere de un debate profundo y alturado, sin argollas académicas o políticas, acudiendo a especialistas y buscando como consecuencia de la discusión atinada una fórmula que mejore la estructura política de nuestro país.
En los últimos días estamos viendo críticas a las incorporaciones (“jales”) de algunos personajes que se adhieren a determinados candidatos. Todos ellos llegan a su adhesión con agendas propias y las tratan de imponer. El tiempo dirá si tendrán éxito en su imposición. Pero esa actitud (la del “jale” y la de la agenda propia) son consecuencia de no haber modificado a tiempo el asunto de la lista única por partido eliminando el voto preferencial. Si se hubiera hecho a tiempo, junto a otras propuestas, los principales candidatos no tendrían que estar en esta situación de incorporar a personajes incómodos que, por su popularidad y nulo prestigio, desplazarán a los cuadros de sus partidos que los vienen apoyando desde hace mucho. Me pregunto ¿este Congreso, hijo del voto preferencial, cambiará esa opción? De ninguna manera. Por ello el debate de la reforma debe ir con otro ritmo, exigirlo en las propuestas de los candidatos y hacer que ellos sean protagonistas de este reto a fin de ponerlo en marcha al inicio del mandato del ganador, con los consensos del caso que nacerán como consecuencia del debate público.


Juan Sheput

Publicado en revista Velaverde el 17 de agosto del 2015