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lunes, 1 de junio de 2015

El poder desgasta… a quien no lo tiene


Al oficialismo le encanta comparar los niveles de popularidad del presidente Humala con los de sus dos predecesores. Se jactan de encontrarse por encima de aquellos que no contaron con los gigantescos recursos económicos con los que cuenta el gobierno actual. Sin embargo en los últimos días guardan silencio. No dicen lo que ya se evidencia. Que, a diferencia de los dos presidentes anteriores, Alejandro Toledo y Alan García, que incrementaban su popularidad conforme se acercaban al fin de su mandato, el presidente Humala desciende mes a mes sus índices de aprobación. Mientras Toledo y García culminaron sus gobiernos con indicadores por encima del 50% todo parece indicar que Humala seguirá en caída libre. Es una clara señal que los ciudadanos sienten, perciben que, a diferencia de los gobiernos del pasado reciente, el de Humala entregará al país en peor situación. 
El legado de Humala se empieza a notar con los síntomas de gravedad social que vive la nación. No sólo hizo de la traición una costumbre sino que se empeñó en servir a aquellos a los cuáles ofreció combatir. Con lo que va de su gobierno los indicadores económicos han empeorado tanto como los indicadores sociales. Se ha incrementado la influencia de los poderes fácticos. La inseguridad ciudadana  es la normalidad con su sintomatología de asesinatos, robos y sicarios. La corrupción empieza a transmitir un hedor que ya no se puede controlar y el desorden y la protesta confirma a un gobierno sin talento político, que va a la deriva.
El gobierno del presidente Humala no ha entendido lo que es el poder. Giulio Andreotti, apodado Luzbel por ser implacable en lo político, siete veces Primer Ministro de Italia, decía en uno de sus celebrados aforismos que “el poder, efectivamente, desgasta… pero al que no lo tiene”. Amigo de los papas, hombre que comulgaba todos los días,  pero a la vez íntimo de Toto Riina, el “capo di tutti capi”, Andreotti sabía lo que decía.
El desgaste que sufre el gobierno es porque no sabe ejercer el poder y habría que preguntarse si lo tiene todavía. Por lo pronto conserva, por el momento, un buen número de congresistas pero día a día pierde legitimidad. Las amenazas, gritos o insultos de algunos ministros ya se ven como pintorescos. Han perdido la credibilidad y no son interlocutores válidos. La oposición tiene la oportunidad de ejercer el poder con responsabilidad, evitando un mayor deterioro del país.
El poder también desgasta a quiénes no lo entienden. Los advenedizos en política creen que el poder es eterno. Ignoran lo elemental, que el poder es lo más parecido a un péndulo, hoy lo tienes, mañana no se sabe. Y en la creencia que el poder es para siempre cuando lo detentan se dedican a criar enemigos, ignorando otra máxima de la política, la de saber atraer adversarios y buscar convertirlos en aliados. Ya todo parece una comedia. Por eso los meses que faltan para el cambio de gobierno,  algunos los empiezan a ver con la angustia del condenado, como si fuera  una cuenta regresiva.
Juan Sheput



Artículo publicado en revista Velaverde del 1 de junio del 2015