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lunes, 12 de enero de 2015

Gracias por dejarnos trabajar

“Gracias por dejarnos trabajar”
Demostrando que no ha cambiado y que por tanto Lima sufrirá las consecuencias de ello, el alcalde Luis Castañeda Lossio ha declarado que de todas maneras se hará el tercer carril en la Costa Verde  y que los tablistas no son vecinos privilegiados. No interesa que se destruya el último espacio público natural de Lima, para el actual alcalde y la saliente alcaldesa, todo debe girar en torno a los carros que transitan por la Costa Verde y no a los vecinos que veranean y disfrutan en la playa.
Es el síndrome de la obra física, esa que tiene que ver con obras por aquí y obras por allá, inútiles y que no solucionan el problema del tráfico, por la sencilla razón que no obedecen a una seria planificación y que son de pleno interés para las empresas constructoras.
En nuestro país, y en especial en Lima y sus distritos, hace mucho que los alcaldes dejaron de hablar de espacios públicos. Hoy su discurso monotemático se refiere a playas de estacionamiento, terceros carriles, vías de evitamiento y angostamiento de veredas, todo para que pasen los vehículos motorizados. Los ciudadanos al contrario, son lo último, Lima es para los vehículos y no para los vecinos.
Por eso me parece gracioso que se diga que Enrique Cornejo va a ser una piedra en el zapato para Luis Castañeda Lossio. Al contrario, es funcional a los intereses del actual alcalde. Cuando Cornejo dice es necesario hacer obras pues eso es lo que quiere el  alcalde que va por su tercer mandato, obra física, así no sirva para nada.
Si no me cree mire en lo que se ha convertido Lima. Todas las obras hechas por Castañeda hace unos años colapsaron apenas se inauguraron. Ninguna obedece a una planificación ni tiene una visión prospectiva, que analice las tendencias del movimiento de la ciudad a futuro. Ahora se repetirá lo mismo, bajo el hipnotizante “gracias por dejarnos trabajar” empezarán las obras a gusto de las empresas constructoras, pero de mejora de la calidad de vida, nada.
En ese sentido es una lástima que en Lima no exista ni un solo think tank dedicado al desarrollo urbano de la ciudad. De existir de inmediato se tendría evidencia comprobable de cómo ciudades latinoamericanas se transformaron girando el desarrollo alrededor del vecino y no del parque automotor. Ejemplos abundan: Bogotá, Medellín, Valparaiso, Mendoza, Guayaquil, Santiago, son ejemplos de cómo se transforma una ciudad. Lima, al contrario, cada vez se deteriora más, pues ni el alcalde ni su funcional oposición entienden que deberían empezar por lo básico: la planificación y abandonar la improvisación.

Juan Sheput


Artículo publicado en Diario Uno