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lunes, 29 de diciembre de 2014

Juventud activa y participativa

Con mucha razón, diversos columnistas han tratado sobre el rol que viene desempeñando la juventud en la reciente jornada de protestas contra la llamada Ley Pulpín. Si bien es cierto no hay una conducción política clara y, en cierta medida desorganización, lo más relevante es que la juventud ha despertado y está haciéndose sentir con su paso por las calles.
Un país con una juventud adormecida no tiene futuro. Una juventud que se mantiene al margen de los grandes hechos nacionales no se compromete con el destino del Perú. Era preciso que la juventud abandonara la "virtualidad" y pasara al ejercicio real de las marchas en las calles. Es eso, la presencia física en las avenidas, la que le da carácter a la indignación. Y es tal vez eso lo que no calculó el gobierno. Pensó, basado en el comportamiento juvenil a lo largo de los últimos cuatro años, que la protesta no iba a pasar de las redes. No se contaba con que la dinámica juvenil iba a encontrar un liderazgo en activistas con experiencia que motivaron a la gente a protestar, de manera cívica y sin caer en las provocaciones de los infiltrados (que siempre son sembrados) y de los extremistas (que nunca faltan). La resultante ha sido, indiscutiblemente,  positiva.
Ahora falta que los jóvenes se animen a hacer política. La protesta es importante, pero más importante es tener conciencia del poder. Los gobiernos saben que las protestas callejeras se agotan en los recursos logísticos y el cansancio físico y la disponibilidad de tiempo siempre pasan la factura. De allí la necesidad de hacer política. Los partidos no cuentan con contingentes importantes de políticos jóvenes. Muchos de los dirigentes juveniles ya no pertenecen a ese sector etáreo. La juventud puede incorporar dinamismo a partidos aletargados en la comodidad y en la inercia. Por eso es importante que los jóvenes militen, en el partido que crean conveniente, o decidan formar una agrupación si no se sienten identificados con el establecimiento.
Paola Ugaz ha recordado en las redes la importancia de la indignación juvenil ante la caída del Tribunal Constitucional en los años noventa. Carlos Meléndez señala que bien hay otros tópicos que, como seguridad,  merecen la atención juvenil.  Reclama también organización y sentido político. Ambos tienen mucha razón. El problema tal vez está en que la juventud no encuentra referentes, todavía, entre sus propios miembros y los partidos políticos son incapaces de atraerlos. En todo caso bien harían en no convertir la jornada de marchas en un evento episódico sino en el inicio de un proceso de participación más intenso que le hará mucho bien al país.
Los gobernantes, de los ámbitos nacional, regional o local, deberán tomar nota que con una juventud activa no podrán hacer lo que se les venga en gana. Ni la demagogia o el silencio, la mudez o la indiferencia, tienen cabida ante una juventud activa y participativa.  La juventud, que quiere construir un futuro, no permitirá que arrasen con las semillas de su presente.