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miércoles, 6 de agosto de 2014

¿Interesa tener mayoría en el Congreso


La renuncia del congresista  Jaime Delgado parece no preocuparle al gobierno del presidente Humala. Y no es porque el congresista Delgado adolezca de cualidades profesionales o personales. La misma actitud tuvo el gobierno con los renunciantes de antes que, como recordarán, primero renunciaron en grupos de cuatro y seis respectivamente. Con el “sistema político” que tenemos, que cada vez nos da, en promedio,  un parlamento más deplorable, el número de conformantes de una bancada no es tan importante como aparenta.
La razón es sencilla. Para el oficialismo de turno es fácil construir mayorías virtuales. Me explico. Las mayorías en el Congreso crecen y se achican según las circunstancias. Si el gobierno quiere sacar adelante una votación, empieza el cabildeo individual, congresista por congresista, y logra que se apoye el proyecto que en ese momento está impulsando. Si el gobierno desea que no se instale una comisión o que no se cuestione a un ministro o que no se investigue a un allegado, pues el cabildeo individual, uno por uno, también se practica, logrando votos “en nombre de la gobernabilidad” o “de la confianza” o ausencias poco decorosas construidas sobre la base de licencias o viajes al exterior muy oportunos.
Es que para el gobierno, en un país donde no existe un sistema de partidos mucho menos programas o dirigencias sólidas e intelectualmente consistentes, el trato parlamentario no es con bancadas, mucho menos con partidos políticos sino con cada uno de los congresistas. En pocas palabras para el Ejecutivo en el Congreso hay individualidades y ellas se reducen a un número, el de los votos que necesitan para determinada circunstancia.
Fujimori, asesorado por Montesinos, se dio cuenta de esto. Con mayoría parlamentaria, literalmente, podía hacer lo que venga en gana. Redujo el parlamento a 120 personas para convertirlo en altamente manipulable.  Los congresistas se reunían en el SIN a recibir instrucciones que luego, sin proceso de reflexión alguna, llevaban a la práctica en el hemiciclo. Las cosas no han cambiado mucho en el transcurso de los años. Lo que antes era reunión en el SIN o bíper hoy es reunión en Palacio o wahtsapp, cambia el instrumento,  permanece la costumbre.
Por eso suena gracioso escuchar al señor presidente hablar de democracia interna o de impulsar una reforma política. Si realmente la quisiera la habría liderado, desde el primer día de gobierno, coherentemente con la imagen instalada en la ciudadanía de jurar invocando a la Constitución de 1979. Pero no. Como muchas otras cosas en el gobierno de Humala, fue tan sólo un engaño, peor aún un engaña muchachos en el cual cayeron y siguen cayendo políticos con varios años de oficio. No nos debe extrañar. La ingenuidad es un atributo de nuestra clase política y no es exclusiva del actual periodo. Si no lo creen pregúntenselo a Vladimiro Montesinos.


Juan Sheput
Artículo publicado en diario Exitosa Noticias

1 comentario:

Alejandro dijo...

Pero el negociado, conversado, del partido de gobierno con los aliado u opositores se da en todas partes.

Vea House of Cards y verá las movidas, aunque ficticias, de los diputados estadounidenses XD