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martes, 26 de marzo de 2013

Perú: sin visión de largo plazo


Una vez más ha habido cambios en la Presidencia del Consejo Directivo del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico – CEPLAN. Es el tercer cambio en lo que va de este gobierno. En esta oportunidad ha sido designado Carlos Anderson Ramírez, reemplazando a Mariano Paz Soldán Franco quien estaba en el cargo desde marzo del año pasado. Si nos atenemos a lo escuchado y leído al señor Anderson, pues habría que tener esperanzas en que el rumbo del CEPLAN puede cambiar.

A diferencia de países vecinos como Colombia, Chile y Brasil –y en menor escala Ecuador- en el Perú no existe una cultura de largo plazo que se haya planteado, para orientar su futuro, la construcción de escenarios a futuro. Ello ha generado que seamos presos de la coyuntura, sin definiciones claras respecto a nuestro horizonte. La pregunta ¿a dónde queremos ir? sólo se menciona circunstancialmente en situaciones electorales o en eventos anuales como la CADE pero luego es letra muerta: la presión del corto plazo así lo exige.

El otro problema existente es el economicista. Todo debate de futuros en el Perú pasa por un criterio económico que, como es obvio, prioriza el modelo que favorezca las ganancias cortoplacistas. Para ello cuenta con un sistema muy bien diseñado, que ha demostrado su eficacia, que funciona. En efecto, tienen think tanks, columnistas de opinión, políticos y politólogos a la orden y medios de comunicación. Es así que cuando surge un planteamiento que saque de su zona de confort a los intereses económicos de inmediato surgen voces amenazantes que señalan que “el modelo está bien” y que simplemente no puede cambiar.

Por eso se debe escapar de esta lógica economicista. Un debate de futuros es un tema complejo que tiene diversas aristas como la medioambiental, social, tecnológica, política y –cómo no- la económica. Es necesario plantearlo, bajo la metodología que brinda la prospectiva estratégica, para que el Perú defina cuál es el escenario por el que quiere apostar y así alinear esfuerzos en pro de construir nuestro futuro.

Porque de eso se trata: de administrar el futuro. De construir las condiciones para que el futuro sea nuestro porque lo moldeamos de acuerdo a nuestros intereses y que no sea como es hoy en que caemos en un futuro, a veces no deseado, simplemente porque no hicimos nada para diseñarlo según nuestros propios intereses.

Hace 20 años Chile, en ejercicio prospectivo, diseñó un futuro en que se constituía como potencia mundial alimentaria. Desde allí viene haciendo lo necesario para cumplir con lo definido. Igualmente, hace 15 años, Colombia se vio como país símbolo de la biodiversidad. En concordancia se ha preocupado de formar un contingente de biólogos, físicos y químicos en pos de ese objetivo. Brasil, en silencio,  se planteó un futuro con gran valor tecnológico. Hoy es sede de universidades de élite mundial y su producción de patentes está muy por encima de todos los países latinoamericanos.

Nosotros en Perú ¿qué queremos ser? ¿Se quiere definir a la gastronomía como uno de los motores del futuro? Pues eso nos debería llevar a debates sobre si convienen  o no los transgénicos, por ejemplo, o si es necesario promover la agricultura orgánica y no dar pie a cultivos industriales. Definido el escenario del futuro se alinean todos los esfuerzos en pro de conseguirlo.

Esperamos que la gestión del señor Carlos Anderson esté a la altura de un país que, como el Perú, tiene fundamentos para ser un país distinto, para bien, de cara a la celebración de su bicentenario.

 
Publicado en Diario 16 el 27 de marzo del 2013