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sábado, 19 de julio de 2008

El poder del estilo Uribe

En el último número de la prestigiosa revista Quepasa de Chile se han publicado dos reportajes sobre el presidente de Colombia Alvaro Uribe. En esta oportunidad estamos reproduciendo aquí el reportaje de Alfredo Rangel llamado "El poder del estilo Uribe".


"El estilo es el hombre", decía Bufón. El gobierno de Uribe no es más que un reflejo de su singular personalidad. Gobernar en terreno, cerebral pero a la vez impetuoso, iluminado y ferviente católico, audaz y ejecutivo. ¿El resultado de la mezcla? El mandatario más popular en Colombia en los últimos 50 años.
Por Alfredo Rangel



Alvaro Uribe es, de lejos, el presidente más popular que ha tenido Colombia en los últimos cincuenta años. Su popularidad se debe, ante todo, a los excelentes resultados de su gobierno, particularmente en lo referido a los temas más críticos para este país: la seguridad y la economía. Pero también a su muy particular estilo de gobierno.

En efecto, tanto los nacionales como los extranjeros reconocen que Colombia es hoy un país mucho más seguro que antes del gobierno de Uribe. La tasa de homicidios se ha reducido a la mitad, siendo ahora la más baja de los últimos veinte años; el secuestro se disminuyó a una quinta parte; las tomas guerrilleras de poblaciones casi desaparecieron.

En fin, todos los indicadores muestran un avance espectacular. Esto es debido al éxito de su política de seguridad democrática, a la desmovilización de 32 mil paramilitares, a la deserción de 6 mil combatientes de las filas guerrilleras, a la reducción de las FARC a la mitad de su tamaño anterior y el ELN a una tercera parte, mientras que la Fuerza Pública casi se ha duplicado.

No son menos espectaculares los logros relacionados con la economía: el año anterior el país creció como nunca antes en los últimos treinta años, la inversión extranjera se triplicó, el desempleo se redujo casi a la mitad, las exportaciones siguen creciendo, y, en general, los colombianos viven un auge económico superior al promedio del entorno regional.

Trato cara a cara

Pero también el estilo de Uribe ha contribuido en gran medida a su inmensa popularidad. "El estilo es el hombre" dijo Bufón. En el caso de Uribe, es el hombre, el político y el jefe de Estado. Para sus críticos es un estilo pendenciero, pero para la inmensa mayoría de la población que lo apoya es la expresión de una personalidad franca y altiva. Lo que para sus malquerientes es una expresión de populismo, para sus seguidores es cercanía y contacto directo con la población. Lo que para la oposición son rasgos de autoritarismo, para sus partidarios es un liderazgo firme con objetivos claros.

El contacto directo y permanente con la población explica buena parte de su popularidad. Uribe ha realizado varios centenares de reuniones semanales en las regiones más apartadas del país. Convoca a las autoridades locales y departamentales, así como a representantes de las comunidades para que en diálogos directos con altos funcionarios del gobierno nacional, que siempre incluyen varios ministros, se discutan los problemas más acuciantes de cada región, y se encuentren soluciones ágiles con el compromiso de todos los niveles y ámbitos del Estado.

Estas reuniones -denominadas "Consejos Comunales"- son transmitidas íntegramente y en directo a todo el país por los canales oficiales de radio y televisión; a pesar de que generalmente se pueden prolongar por más de seis horas, su audiencia es amplia.

De igual manera, Uribe dialoga semanalmente sobre los problemas nacionales y regionales con los oyentes de decenas de pequeñas emisoras de radio que transmiten en pequeñas poblaciones campesinas y en barrios pobres de las grandes ciudades. Su presencia a lo largo y ancho del país es ubicua y continua. Transmite así al público la sensación de una gran preocupación por los problemas cotidianos y menudos de todos los habitantes, sin importar la modestia de su condición social. Y este reconocimiento se refleja en las encuestas de popularidad.

No rehúye el conflicto: lo busca

De otra parte, su mandato se ha visto animado y sobresaltado por enfrentamientos directos del presidente con figuras de la oposición, con magistrados de las Altas Cortes, con voceros de organizaciones no gubernamentales y, como se sabe, con presidentes de países vecinos.

En todos los casos, Uribe ha preferido la sinceridad y la franqueza a la diplomacia sinuosa y evasiva propia de otros altos mandatarios. Uribe no rehúye la confrontación; por el contrario, casi se diría que la busca cuando la considera necesaria para defender la obra de su gobierno, para lograr los objetivos de sus políticas o para develar lo que él considera son las inconsistencias o los intereses ocultos de sus adversarios.

Por eso de igual manera llama a una emisora de radio local a cualquier hora del día para refutar a un opositor cuando considera que lo está calumniando; sale del Palacio Presidencial a mediodía para discutir directamente con la multitud que exige un intercambio humanitario en condiciones que él estima inaceptables para el Estado; reta a un magistrado de la Corte Suprema de Justicia a realizar un debate frente a frente en la Comisión de Acusaciones del Congreso colombiano para dilucidar una supuesta presión indebida del presidente sobre el magistrado; o confronta simultáneamente a los presidentes de Venezuela, Ecuador y Nicaragua en una reunión de la OEA.

Para la oposición, estos son excesos que cuestionan la majestad de un primer mandatario, crean un ambiente inadecuado de confrontación, acorralan a los disidentes y deterioran las relaciones exteriores del país. Para los seguidores de Uribe es una forma lícita de debatir abiertamente y sin tapujos posiciones políticas o ideológicas de cara al público, de darle transparencia a la acción gubernamental y de defender abiertamente los intereses nacionales.

Ordenes de primera mano

La audacia y el carácter ejecutivo que Uribe le ha dado a su gestión es calificado por algunos como un sesgo autoritario de su personalidad y de su estilo. Es muy frecuente que salte por encima de las jerarquías institucionales y dé órdenes a segundos mandos subordinados sin información ni consulta previa a sus superiores.

Esto ha sido muy frecuente durante la ejecución de su política de seguridad: comandantes de batallones reciben en ocasiones órdenes directas del jefe del Estado sin que el comandante de su respectiva División se entere de ello; también los llama de la misma manera para pedirles cuentas de su gestión. Uribe tuvo la inédita audacia de impulsar una reforma constitucional para hacer posible su propia reelección, en un país donde un temor atávico a la perpetuación del poder y un rechazo histórico a las dictaduras ha visto en la reelección un riesgo para la democracia, hasta tal punto que su Constitución la prohibía de manera explícita. Pero, haciendo a un lado esta tradición, en medio de las críticas de sus opositores, y seguro del apoyo popular, Uribe obtuvo un segundo mandato. No se descarta que logre un tercer mandato por la vía del referendo.

A pesar de estas y otras muchas audacias, Uribe nunca ha podido ser acusado de haber violado la ley o de haber abusado del poder. Su formación y carácter liberal, acendrados por sus estudios académicos en Oxford, Inglaterra, lo conducen a un apego permanente a la ley.

Iluminado

Uribe es una persona de convicciones muy firmes, dispuesto a nadar contra la corriente para defenderlas. Tiene, a no dudarlo, algo de iluminado, convencido interiormente de su misión irrevocable sobre la tierra. Esto le infunde un tesón y una fuerza de voluntad sin límites, que sus adversarios califican de tozudez y terquedad. Pero esta fuerza interior le permite un ritmo endiablado de trabajo que agota y deja por el camino al más resistente de sus asesores cercanos.

Otra característica de su estilo de gobierno es la lealtad y el respaldo a sus inmediatos colaboradores, incluso en los momentos más difíciles y cuando algunos de ellos no se merecían semejante apoyo. De igual manera, exige y reclama lealtad a toda prueba. Su equipo más confiable y cercano ha sido casi inamovible a lo largo de 6 años de gobierno, en un país donde las crisis y los relevos ministeriales son excesivamente frecuentes. Muchos cambios de ministros han sido más obligados por las circunstancias que fruto de decisiones libres de Uribe.

Liberal y religioso

Tiene fama de ser una persona cerebral, fría y calculadora, con escaso sentido del humor. Pero, al mismo tiempo, de ser explosivo, impulsivo y de tener fácil comunicación con la gente. Su talante liberal no le impide hacer manifestaciones públicas de devoción religiosa, en un país que aún es predominantemente católico. Estas abiertas demostraciones de fervor cristiano han sido criticadas por algunos de atentar contra el carácter no confesional del Estado colombiano. Pero es una expresión más de la fuerte personalidad del presidente colombiano. Adicionalmente, le permite un canal más de comunicación y empatía con la mayoría de la población que comparte sus sentimientos religiosos.

Uribe, un gobernante, un estilo de gobierno que ha cambiado para siempre y para mejor, la situación de Colombia. Todo un fenómeno político que se precia de tener el más alto índice de popularidad de cualquier mandatario demócrata del mundo occidental. En buena medida gracias a su estilo porque, parafraseando a Bufón, el estilo es el gobierno.

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