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sábado, 21 de junio de 2008

Ciudades digitales, banda ancha e internet superveloz

Fue mi amigo Olivio Huancaruna, uno de los hombres fuertes de Café Altomayo, quien, mientras me mostraba orgulloso sus campos de uvas, me dijo que toda la extensión de terreno de sus cultivos estaba cubierto por WI-Fi, es decir estaba interconectado inalámbricamente. Su hermano y también amigo, Arcadio, me señalaba paralelalmente cómo, por ejemplo, todo Finlandia es país Wi-FI, es decir se brinda conexión a Internet a todos los ciudadanos a lo largo y ancho del país. Mientras mis dos amigos me contaban estos detalles con justificados orgullo, pensaba que, si el Estado y las reguladoras hacen un buen trabajo, esta podría ser una buena decisión que se aplicara en nuestro país.
Hago este preámbulo, que por una parte introduce y por otra releva el talante empresarial moderno de los Huancaruna, por que me he topado con dos noticias interesantes que quisiera compartir con ustedes. Una es el proyecto impulsado por la ciudad de Rosario, para convertirse en la primera ciudad digital de Argentina, ofreciendo acceso libre a Internet inalámbrica a sus ciudadanos y con ello reducir la brecha entre ciber conectados y desconectados. Suena, y es, algo maravilloso. En nuestro país no sólo tenemos una insuficiente cobertura sino una delgadez de banda que suena a ridículo si llamamos ancho. Aquí los presidentes regionales que tienen canon minero, aduanero, regalías, bien podrían hacer uno de estos proyectos. En lugar de ello siguen apostando a infraestructura sin visión de contexto, a programas sociales que no rompen el circulo generacional de la pobreza y a productos tangibles y nada de conocimiento.
La otra noticia importante es la que tiene que ver con la futura velocidad de Internet. Bajar una película en dos segundos, almacenar en la misma red, compartir archivos con apariencia de instántaneo son parte de una realidad que está a la vuelta de la esquina. Me pregunto ¿Estamos formando el capital humano suficiente o al menos necesario para soportar esta vorágine tecnológica? Nuestros empresarios, que viven insoportablemente su vorágine mercantilista (nunca ha habido tanto mercantilismo en el país como en estos días), ¿están haciendo algo por forjar un mejor capital humano?. No. Siguen convencidos de la bondad de sus empresas extractivas y explotadoras de recursos naturales sin valor agregado. No ha evolucionado su pensamiento desde la conquista. En tanto en los países que nos rodean, inclusive Ecuador y Bolivia, los proyectos universitarios marchan a pasos agigantados para forjar sociedades con gran conocimiento.
Una vez más estamos perdiendo el tiempo en situaciones coyunturales y vivimos un desorden que no se condice con las exigencias de las circunstancias actuales.

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