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miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Los derechos humanos tienen precio? A propósito de Venezuela y el silencio de América Latina

¿Los derechos humanos tienen precio?
La columna de opinión se desplaza, por lo general, en el mundo de la coyuntura. Tiene en la reflexión de lo local su insumo y alimento. Sin embargo a veces es necesario distanciarse un poco de lo cotidiano para ver con detalle asuntos grávidos. Y uno de ellos es el financiamiento de campaña, que atañe a los partidos políticos y, por extensión, a los gobiernos cuando uno de aquellos triunfa en la lid electoral.
En los últimos días estamos viendo el drama que acontece en Venezuela. La situación de abuso contra los opositores ha llegado a niveles que no nos pueden ser indiferentes. Asesinatos, secuestros, separación de familias, hostigamiento laboral,  cárcel en condiciones infrahumanas, son parte de un día a día venezolano que pronto superará lo descrito por Mario Vargas Llosa en  la mejor novela de este siglo, La Fiesta del Chivo.
Sin embargo el drama torna en doble porque hay silencio de los que deben hablar. Hay una complicidad en la mayoría de presidentes de América Latina que han optado por permanecer callados cuando juntos deberían dar un grito llamando la atención. La historia de nuestro continente está llena de abusos que se pensaron superados como para admitir su renacimiento. Y Venezuela es hoy el estandarte del desprecio por los derechos humanos, con el agregado vergonzante de la complicidad silente de los mandamases latinoamericanos.
¿Debemos aventurar el porqué de este silencio? Pues sí, las circunstancias lo exigen. Las últimas campañas en América del Sur fueron sazonadas por dinero proveniente de los altos precios del petróleo de los que gozaba Venezuela. Acusaciones diversas de financiamiento extranjero de campaña se dieron en todos los países aliados de Hugo Chávez. Desde Correa en Ecuador hasta Humala en Perú, pasando por los presidentes actuales de Argentina, Brasil y Bolivia, todos fueron acusados por la prensa de haber sido financiados con dinero venezolano. Y por esas cosas de la casualidad, son estos mandamases los que hoy callan ante los abusos que comete Nicolás Maduro contra su propio pueblo.
En ese sentido no debemos olvidar la forma como Nicolás Maduro, de manera atrevida, le pidió al presidente Humala que cambiara a nuestro Canciller Rafael Roncagliolo. Lo hizo porque este último pidió tolerancia y diálogo para con la oposición venezolana. De manera poco digna, en esa oportunidad, el presidente Humala se quedó callado.
¿11 millones de soles es el precio de los derechos humanos? No quiero ni pensarlo. Sería penoso que así fuera. Lo que sí creo es que nuestro país es heredero de una tradición de defensa de los derechos humanos que con su actitud el gobierno del presidente Humala no está honrando.

Juan Sheput

Columna publicada hoy en Exitosa Noticias