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martes, 24 de febrero de 2015

Del uso electoral de los programas sociales

Del uso electoral de los programas sociales
Es importante mirarnos en el espejo venezolano por más de una razón. La principal es que existe un peligro evidente de que el próximo proceso electoral, en nuestro país, esté contaminado de afrentas, descalificaciones, audios manipulados y otros productos que tenga a bien sacar una administración que, en lugar de aceptar el fin de su mandato como uno de democrática competencia, está involucrada en temas como corrupción, reglajes, uso de los servicios de inteligencia y populismo desenfrenado que, por asuntos importantes como el espionaje, han logrado pasar a un segundo plano. Inclusive el temor por enfrentar nuevas acusaciones ha obligado al gobierno a emitir normatividad cuestionada y, desde mi punto de vista, inconstitucional, como la prohibición al acceso a información pública como los viajes al exterior de personajes vinculados al poder.
Pero hay un hecho más importante que ha sido tapado por el escándalo del reciente espionaje por parte de marinos peruanos para el vecino del sur. Se trata de la actitud del presidente Humala en relación al uso de los recursos del Estado en los programas sociales. Es una actitud cuestionable que exige de la vigilancia de los partidos democráticos. Analicemos por qué.
Hay una vieja fórmula usada por los tiranos latinoamericanos. Tiene que ver con la creación de dependencia en base a las dádivas que se da a las personas de menores recursos. La fórmula es simple. Se identifica un sector necesitado de algún programa social, luego se le brinda la ayuda, en algunos casos desmedida, lo cual genera dependencia y luego se le imparte temor ¿qué tipo de temor? Pues que le quiten los beneficios, lo cual hace que el dependiente fije su mirada en el benefactor. En los recientes procesos de re-reelección latinoamericanos ha sido común la ayuda, luego la dependencia y finalmente la amenaza en el sentido de que si se cambia de presidente le quitarán el programa social. Así se aseguran los votos, con esta mezcla de clientelismo y temor.
Hace menos de una semana el presidente Humala, en Huánuco ha aplicado esta fórmula. Ha dicho que como nunca antes, se está ayudando a los más pobres. Ha señalado que los programas sociales son prioritarios para su gobierno y que es la principal preocupación de él y su esposa y, siguiendo el manual al pie de la letra, a continuación ha acusado a los políticos tradicionales de estar “hablando ya de eliminar los programas sociales”, de eliminar Qali Warma y Pensión 65 si llegan al poder. Esta actitud, que contamina el tema electoral,  no obtuvo respuesta de la oposición: el espionaje, por su importancia, sirvió para dejar el tema, momentáneamente de lado.
Por otro lado con dicha actitud,  el presidente ha demostrado que el diálogo con las fuerzas políticas era tan sólo una maniobra para ganar tiempo. El cambio de ministros era indispensable no solo por los cuestionamientos sino por la reconocida mediocridad de los salientes. Pero el plan A sigue vigente, golpeado por determinadas circunstancias, pero vigente. Allí está.

Juan Sheput

Artículo publicado en la revista Velaverde del 23 de febrero del 2015