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jueves, 28 de agosto de 2014

Gabinete Ana Jara obtiene el voto de confianza

Rostros de la derrota
Fingiendo la sonrisa para dar la sensación que “aquí no pasa nada” el presidente de la república, enterado que el gabinete que preside Ana Jara había obtenido de manera ajustada el voto de confianza, se limitó a pedir que se pase la página. “Aquí seguimos trabajando” señalaba con el rostro desencajado,  ante los medios de comunicación, tal vez con la esperanza que cierto sector de la población se enganchara con su prédica.
En el parlamento la situación no era distinta. En lo que vendría a ser la perfecta imagen de la derrota, la bancada oficialista luego de la votación permaneció congelada en sus curules. No había nada que celebrar. El que se ganara la votación no significaba que hubiera habido un triunfo. No se habían obtenido votos adicionales. Todo lo contrario. No sólo la oposición se mostró más sólida y radical sino que la misma presidenta del congreso tuvo que hacer uso de su voto dirimente, situación inusual en los últimos años, en que ningún presidente del Congreso tuvo que pasar por trance  semejante.
Por eso llama la atención la conmovedora ingenuidad del presidente Ollanta Humala pidiendo que se pase la página. La crisis económica, el decaimiento de la lucha contra la corrupción, su gabinete cuestionado (sólo un par de ministros  son la excepción), los amigotes protegidos de las exigencias del  Poder Judicial, la persecución política contra quienes creen son enemigos políticos, todo eso le está pasando la factura a este gobierno. La incompetencia, manifestada en un piloto automático en el manejo económico que ha trasladado al Perú de país líder en crecimiento a ocupar un quinto lugar en los rankings de performance económica, exigen cambios en el equipo ministerial.
Que el gobierno carece de operadores políticos es un hecho. Los que creen serlo no tienen lo fundamental en el predicamento político: respetabilidad  y credibilidad. La oposición sabe que ellos no tienen posibilidad de sostener ningún acuerdo pues estos se imponen y nacen muchas veces de los caprichos que se cocinan en Palacio de Gobierno.
El presidente ignora también que lo recientemente sucedido es una infracción constitucional. Desde el rechazo en la primera votación, donde los votos en abstención habían sido mayoría,  el gabinete había caído en crisis. No será sorprendente que en el 2016, cuando se inaugure un nuevo gobierno, la acusación por infracción constitucional se manifieste y con razón: se puede debilitar a las instituciones por ignorancia, pero no se puede jugar con ellas por politiquería. Esto último se sanciona y por lo visto en los últimos días ya se está en deuda.


Juan Sheput