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martes, 19 de agosto de 2014

Carta Innecesaria

A raíz de la inminente presentación de la ministra Ana Jara en busca del voto de confianza en el Congreso, un grupo de ex presidentes del Consejo de Ministros ha hecho una invocación a la unidad. La considero innecesaria, no sólo porque no estamos en una crisis de gobernabilidad sino porque el mismo gesto de firmar esta carta desgasta a los propios firmantes:
Carta Innecesaria
Me ha llamado la atención una carta “de unidad” promovida por el expremier Javier Pérez de Cuéllar y firmada por Pedro Pablo Kuzcynski, Luis Solari y Beatriz Merino todos en su calidad de haber ejercido la presidencia del Consejo de Ministros, coincidentemente estos tres últimos,  durante la presidencia de Alejandro Toledo.  No estamos en un ambiente de crisis política y mucho menos de ingobernabilidad. Sí, más bien, estamos en un ambiente de creciente desinstitucionalización, de presión creciente de los poderes fácticos y de dependencia mayor de intereses económicos por parte del gabinete tal y como ha quedado insinuado con la difusión de correspondencia entre personas que actúan como  lobistas y altos funcionarios del Estado. Todo esto, en una democracia sólida, debe ser cuestionado y –cómo no- investigado. De ninguna manera se puede pasar por alto que aquellos funcionarios públicos que deben velar por el bien común se puedan poner a las órdenes de intereses particulares.
En ese sentido la presencia para el voto de investidura de la señora Ana Jara en el Congreso debe ser una buena ocasión para plantear estas interrogantes. Esa actitud, opositora, más bien fortalece la democracia pues utiliza sus instrumentos constitucionales, como el voto de confianza, para determinar el rumbo y comportamiento del gobierno. Una actitud firme en lo opositor, de ninguna manera constituye una obstrucción ni un impedimento para la buena marcha del Estado. Lo contrario, la obsecuencia, la subestimación del problema o pasar por alto este tipo de cuestionamientos indebidos más bien afecta a la democracia.
De un tiempo a esta parte el predominio en las decisiones del gobierno de intereses económicos particulares ha visto en la oposición y crítica política a un enemigo. Lo establecido, el statu quo, no desea ningún tipo de cuestionamiento. Ello es inadmisible en un Estado que constitucionalmente ha decidido apostar por la economía social de mercado, que debería tener en los organismos reguladores y en poderes como el Congreso, a la conciencia crítica de un mercado que tiene en el bienestar de todos los ciudadanos a su principal objetivo.
La carta mencionada, que puede nacer de las buenas intenciones, al final lo que ocasionaría sería un debilitamiento aún mayor de nuestras instituciones. No está en juego el voto de confianza. Se sabe que el gobierno cuenta con los votos suficientes para pasar esta prueba. Está en juego qué tipo de Estado queremos, acaso uno de acuerdo al ordenamiento constitucional, que regule y busque el bien común o uno al servicio de poderosos intereses económicos particulares.
Con el respeto de los firmantes, la carta mencionada no tiene ningún sentido.
Juan Sheput


Columna publicada hoy en Diario Uno