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martes, 13 de agosto de 2013

No confundirse de enemigo

A propósito de la muerte de tres terroristas por una acertada operación en el VRAEM de nuestras fuerzas armadas y policiales he escrito este artículo que ha sido publicado en Diario 16:

No confundirse de enemigo
Ha hecho bien el gobierno del presidente Humala en no presentar las muertes de 3 terroristas como un triunfo definitivo. Si bien es cierto ha habido naturales exageraciones, como la de indicar que este hecho marca un hito irreversible en la lucha contra el terrorismo, el tratamiento de la situación ha sido con prudencia. Y, sin quitar méritos a las fuerzas armadas,  policiales y sus respectivos comandos;  la parte política, es decir  ministros y jefe de estado, también han cumplido con lo suyo.
Sin embargo la lucha debe continuar, tal vez con mayor ahínco. Ni Sendero Luminoso ni el narcotráfico han sido derrotados. Aún más Sendero, desde hace mucho tiempo, se ha  convertido en el brazo armado distractor del narcotráfico. Es decir, los llamados terroristas senderistas son funcionales  para los intereses del narco los cuáles se fundamentan en  desviar la atención de nuestras fuerzas de seguridad para que el narcotráfico haga lo que desee hacer sin mayor interferencia.  En otras palabras el enemigo real es el narcotráfico y a él hay que derrotar.
Si Sendero Luminoso o lo que queda de él se puede movilizar a sus anchas y tiene recursos para pertrechos y armas, es porque alguien lo financia, y ese alguien es el narcotráfico. Una derrota “definitiva” de Sendero no acabará con el problema, lo podría agravar ¿Por qué? Pues porque el narcotráfico buscará otros medios de protección y distracción en las zonas de producción y allí podría financiar a sicarios y mercenarios que podrían convertir a la zona en una verdadera pesadilla. El tráfico de drogas “a la mexicana”  dejaría de ser un escenario probable en nuestro país  y sería una cruel y dolorosa realidad.
Analicemos, como mirándonos en un espejo futurista, lo que acontece en otro país, Colombia. La derrota de las FARC en el país hermano no puede ser “definitiva” o “irreversible” porque cuenta también con fuentes financieras provenientes de la delincuencia organizada. La extorsión,  el secuestro y el tráfico de drogas son algunas de ellas. De esos fondos delincuenciales dependen las familias de los guerrilleros de las FARC. Acabar con ese financiamiento originaría que los guerrilleros busquen otros mecanismos de supervivencia trasladándose a  la delincuencia urbana o a ser parte de los carteles del narcotráfico que por su sangría permanente siempre requieren de nuevo recurso criminal.
El ministro Pedraza ha señalado que el narcotráfico y el terrorismo constituyen una unidad. Discrepo con ello. El terrorismo está subordinado, cual empleado, al narcotráfico. Este requiere a aquel, como distractor, operador sicario y guardián de la zona. Para derrotarlos primero se requiere convencernos de que ese es el problema y que los triunfos episódicos, como la muerte de tres guerrilleros, siendo  importantes no dejan de ser marginales.

Juan Sheput