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sábado, 10 de agosto de 2013

Gabinete Jiménez no da más

El Gabinete Jiménez no da más
Con el objeto de minimizar los efectos políticos negativos que se han generado con el nuevo audio que compromete a autoridades del Poder Judicial y del Ejecutivo, el oficialismo no ha dudado en esgrimir la hipótesis que la reunión se hizo de buena voluntad, tratando de coordinar acciones a fin que los resultados finales del juicio no perjudicara al Estado peruano. No se dan cuenta que con esta hipótesis el oficialismo  reconoce su  incapacidad política para anticipar la consecuencia de sus actos, análisis básico de la práctica política, que por lo visto está ausente en el ejercicio cotidiano del poder del gobierno del presidente Ollanta Humala.
Podríamos actualizar el viejo dicho parafraseándolo: de buenas voluntades está empedrado el camino del escándalo político. Y tomando en cuenta los continuos escándalos en que incurre el gobierno en los últimos meses,  el escándalo que afecta al oficialismo es ya parte de la rutina que agobia a Palacio de Gobierno.
Los ministros  no encuentran como respuesta otra actitud que la justificación permanente,  con lo cual afectan otra variable importante de cualquier esquema de gobierno: la credibilidad. Y así se siguen hundiendo en un hoyo en que, no lo dudo, podrían terminar en una grave crisis de gobernabilidad.
A los problemas gubernamentales hay que agregarles los parlamentarios. La bancada oficialista no encuentra la fórmula para enfrentar los ímpetus de la oposición aprofujimorista.  Esta última actúa de manera coordinada  y se aprovecha de la falta de  consistencia de los parlamentarios gobiernistas que ya están sufriendo las consecuencias de la dualidad y notoria falta de experiencia en el mando, lo cual confunde,  debilita y quita capacidad de reacción.
Se tiene así entonces a un gobierno en el cual el presidente no tiene  gabinete ni  bancada sólida en cuanto a  capacidad de reacción. Así, son presa  fácil  de una  oposición que se enseñorea con el mismo orgullo con que un tuerto se pasea  en un mundo de ciegos y los poderes fácticos, es decir sindicatos, prensa, empresariado, sociedad civil y hasta la delincuencia organizada,  también ponen su cuota al jaquear  a una administración en la cual la inexperiencia y la falta de talante político conforman un coctel autodestructivo.
La situación exige cuanto antes un cambio de gabinete. El premier Jiménez ha perdido dos atributos necesarios para fungir de presidente del Consejo de Ministros: autoridad  y credibilidad. En esas condiciones él y varios de los ministros ya no dan para más. De no proceder al relevo el gobierno va a continuar en espiral descendente y, como decía líneas arriba, puede ingresar en una crisis de gobernabilidad.
Se dice que el gobierno no cambia al premier Jiménez pues no quiere enfrentarse al voto de confianza en el Congreso. Pero de eso se trata señor presidente, de convocar a una personalidad para el premierato capaz de ganarse el beneplácito del Parlamento. El problema  para el “establishment”  es que alguien así  no se someterá a los caprichos de una “pareja presidencial” sino al mandato único que nace de la institucionalidad constitucional.

Juan Sheput
Artículo publicado en Diario 16 el 7 de agosto del 2013