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sábado, 31 de marzo de 2012

Cuando las altas reservas econòmicas no garantizan nada

En nuestro país, Perú, nos entusiasmamos porque hemos superado los 50,000 millones de dólares en reservas, lo cual más bien podrìa ser un indicador que algo podrìa estar pasando en nuestra economìa, cuando el Banco Central de Reserva viene ya comprando màs de 10,000 millones de dòlares en los ùltimos meses y nuestra economía marcha en pìloto automático, sin impulsar reformas.
El siguiente es un didáctico artículo de Eduardo Lora, reputado tecnòcrata del Banco Interamericano de Desarrollo en el que nos indica de los peligros de los capitales de corto plazo y de lo inùtiles que son a veces las altas reservas internacionales:

Peligros de las entradas de capitales

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Las entradas masivas de capitales suelen terminar en recesiones o en crisis bancarias. El remedio no consiste en bloquear los movimientos de capitales ni en proteger la industria, sino en reforzar la regulación bancaria.

Por: Eduardo Lora

El peso colombiano se ha apreciado 7% desde hace un año. Chile se ha visto forzado a continuar comprando divisas. Brasil está interviniendo masivamente en el mercado cambiario para evitar el fortalecimiento del real y ha anunciado medidas proteccionistas para evitar la desindustrialización.

Como van las cosas, toda América Latina terminará este año con US$50.000 millones más de reservas internacionales debido a que la entrada de capitales llegará a US$257.000 millones, según el Institute for International Finance.

Los episodios de entradas masivas de capitales, como los que estamos presenciando actualmente en al menos ocho países, pueden ser un mal augurio, como se deduce del más reciente informe macro del BID, titulado en forma evocadora El Mundo de los Senderos que se Bifurcan. De los 94 episodios que se observaron en América Latina entre 1980 y 2005, 38 terminaron en recesión y 28 terminaron en crisis bancarias (en 18 de estos casos hubo a la vez recesión y crisis bancaria).

Como la probabilidad de que las fiestas terminen mal es más de 50%, parecería prudente prohibir las fiestas. El problema es que los invitados van a venir con o sin invitación, así que más vale estar preparados.

De nada ayuda tratar de contener la apreciación cambiaria, que suele ser la reacción instintiva de los gobiernos y la demanda de exportadores e industriales. Acumular más reservas internacionales puede reducir las posibilidades de que haya una recesión posteriormente, pero en contra de lo que suele afirmarse no protege para nada al sistema financiero de una eventual crisis.

Lo fundamental para que no haya platos rotos es vigilar los bancos. La probabilidad de que ocurra o no una crisis bancaria puede predecirse con un alto nivel de confianza (del 87% para ser más precisos) con base en muy pocas variables, una de las cuales es si los bancos están adecuadamente supervisados. Las otras variables que cuentan son la cantidad de fondos que los bancos reciben del exterior y las entradas de capitales de portafolio. Aunque estas variables no pueden controlarse completamente, sí hay políticas “macroprudenciales” que ayudan a manejarlas, en la medida en que cambian la composición de las entradas de capitales, más que su monto, y en que obligan a los bancos a reforzar sus posiciones de capital y reservas en las fases de abundancia de recursos externos.

Por supuesto, evitar las crisis bancarias es esencial para prevenir una recesión. La resaca de una recesión después de una orgía de capitales también puede ser más tolerable si logra impedirse que haya un boom de crédito. Esto no le suena muy atractivo a las empresas ni a los consumidores, y mucho menos a los bancos que hacen su agosto en momentos de bonanza, pero es absolutamente necesario.

En resumen, hay que ser muy aguafiestas e ir contra la corriente para poder evitar los peligros de las entradas masivas de capitales. Los bancos centrales y las superintendencias bancarias –cuando tienen independencia política— suelen estar mejor preparados para asumir estos oficios ingratos que los presidentes o los ministros de hacienda que dependen más del apoyo político de consumidores y empresarios.