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miércoles, 11 de enero de 2012

No hay peor ciego...


No hay peor ciego…

El último fin de semana los gobiernos de Perú y Venezuela han firmado una serie de convenios de mutua colaboración. Acuerdos educativos, de salud,  hasta energéticos. Se sellaba así una alianza estratégica entre los dos países según lo dicho por Hugo Chávez sin que aquí nadie se asombre por ello. De allí que sorprenda la ligereza con que el tema ha sido tratado por la prensa local y líderes de opinión. Un elefante se pasea por el Jirón de la Unión y no le prestamos atención.

Los convenios han  generado comentarios favorables y cuando no, silencios. Sin  embargo ni los comentarios ni los silencios constituyen un análisis, que dé sentido a una defensa o crítica de unos acuerdos que deberían, por lo menos, llamar a un debate interno. A diferencia del comentario amistoso, el análisis revisa hechos, identifica tendencias, busca y señala patrones de comportamiento. Y eso se requiere en una circunstancia como esta.

Hugo Chávez, financista de varias campañas en América Latina, ha hecho de este tipo de convenios el pretexto para entrometerse en la política de aquellos países que dice beneficiar. El petróleo,  la agenda comercial y la ayuda social, han sido máscaras idóneas para que desembarquen en los países “beneficiados” asesores, médicos, especialistas y con ellos los manipuladores de esperanzas que luego conseguirán los millones de votos que requiere la gran transformación bolivariana.

Así ha sucedido en Ecuador, Bolivia, Argentina y Nicaragua, en donde los convenios energéticos no han servido para construir refinerías ni nada por el estilo sino para enviar dinero y petróleo que luego convierte a estos países en dependientes del capricho venezolano. En esto no hay secretos. Argentina ha recibido 9,000 millones de dólares en 10 años. Nicaragua, donde Ortega acaba de ser reelecto, recibe de Chávez  500 millones de dólares al año.

En los cuatro países nombrados se practica un populismo autoritario. Los recursos económicos abundantes, que vienen del exterior, financian programas sociales  permitiendo a estos gobiernos obtener el respaldo popular que se requiere para ganar y ganar elecciones y modificar constituciones. En todos estos países los presidentes han sido reelectos, han modificado reglas de juego, han sido acusados de recibir financiamiento de Venezuela y han “gozado” de congresos complacientes y temerosos de hacer oposición.

El tema de discusión no es la alianza entre PETROPERÚ y la ineficiente empresa repleta de deudas llamada PDVSA, Petróleos de Venezuela, conocida también como la caja chica del chavismo. Allá los funcionarios locales que aceptan acuerdos de cuyo contenido se enteran después de la firma. El tema es fijar la atención en las consecuencias políticas de estos convenios, haciéndole un seguimiento muy cercano y, por supuesto revisándolos. Está clarísimo que se repite un patrón de comportamiento que puede ser peligroso e irreversible  para el Perú.

Para hacer la diferencia con lo sucedido en otros países hay que aprender de los errores  que hoy lamentan otras sociedades. No ejercer la oposición, minimizar los atropellos, justificar el autoritarismo y canjear institucionalidad por la coyuntura de una hoja de ruta, son parte de una lista de errores que no debemos seguir cometiendo.

 Ing. Juan  Sheput