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martes, 30 de agosto de 2011

Voto de Confianza o Acto de Fe


Voto de Confianza o Acto de Fe (*)

El último domingo un programa nocturno entrevistó a personajes del mundo académico, tecnócrata y de la sociedad civil a propósito del mensaje del premier Lerner. No se interesó por preguntar nada a ningún congresista. Sintomático. De repente la producción consideró que no valía la pena, que de los congresistas no iba a recoger ninguna opinión discordante, pues eso fue lo que se mostró el jueves 25 de agosto cuando el Congreso claudicó de su obligación de preguntar.

Cuando uno se pone una venda en los ojos y camina al borde de una piscina no sabe si esta se encuentra vacía o llena. La única forma con la cual puede despejar sus dudas es preguntando. Pero en el remedo de debate del último jueves no hubo preguntas. El formato telegráfico no lo permitía, sin embargo los congresistas no hicieron nada para remediar esta situación.

Las consecuencias es que nos encontramos ante un mensaje del Premier en el cual nos quedan muchas dudas por resolver. No comparto el escenario de optimismo de la mayoría porque simplemente no sé, a la fecha,  ni cómo se realizará lo prometido ni en que plazos. Aún más, me quedan las dudas sobre la efectividad de los ministerios nuevos como herramienta generadora de calidad en el gasto social o promoción de la ciencia y tecnología. Y respecto al fondo del mensaje lo único que me ha quedado claro es que se ha desaprovechado una brillante oportunidad  para plantear reformas de fondo, en el ámbito del Estado, tributario, laboral y de construcción de capital humano (salud y educación).

Digo esto porque la mejor oportunidad para impulsar reformas es al inicio de un gobierno. Se goza del mandato del pueblo, de la comprensión de los medios de comunicación (algún periodista entusiasta hasta ha comparado al gobierno con el estilo político francés ignorando la gran distancia que hay entre Perú y Francia en sistemas e instituciones)  y del apoyo político necesario. Si a ello le agregamos voluntad en el Ejecutivo las condiciones para reformar están dadas. Pero no, en el mensaje no se planteó ni una sola reforma de fondo: es por tanto un homenaje a la inercia, al piloto automático y a la continuidad.

Los programas sociales pueden convertirse en verdaderas bombas de tiempo sin las reformas necesarias. Siendo temporales por definición, si no hay desarrollo se convertirán en permanentes. No se dijo nada sobre la informalidad por ejemplo, y su secuela de millones de personas en un futuro cercano sin beneficio de pensión. A este ritmo de personas que trabajan en la informalidad ¿Se imaginan lo que sería Pensión 65 para todos? El colapso de nuestra economía, de seguro. Países institucionalizados y con economías más fuertes como Japón e Italia pasan momentos difíciles por sus sistemas de pensiones colapsados. Aquí estamos apostando por programas sociales en lugar de crecimiento económico, competitividad y  desarrollo.  Como dije en un artículo pasado, si en verdad queremos realizar una gran transformación debemos entender de la necesidad de hacer reformas puntuales, en este momento. No en un año ni en dos, pues el desgaste gubernamental impedirá la modificación de nuestra estructura estatal, hoy por hoy insuficiente para lograr el desarrollo sostenible. Caso contrario conforme avance el desgaste, que de todas maneras llegará, se tendrán que reforzar los programas sociales, mecanismo populista y simple de lograr adherencias y aplausos, obviamente a costa del futuro.

Sin embargo pareciera que nada de esto le interesó el jueves al Congreso de la República. Claudicaron de su derecho de preguntar y fiscalizar. El 25 de agosto el Congreso no otorgó un voto de confianza. Hizo un acto de fe, pues aprobó sin preguntar.


(*) Artículo publicado en Diario 16 el 31 de Agosto del 2011 por el Ing. Juan Sheput