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miércoles, 27 de julio de 2011

Alfa y Omega

Alfa y Omega (*)
Este 28 de julio empieza un nuevo gobierno, del presidente Ollanta Humala. Y este 28 de Julio culmina el del presidente García. Cada cinco años el Perú asiste a un cambio de mando y, por qué no decirlo, de estilo, de formalidad.


Independientemente de los resultados de su segundo gobierno, considero que con el presidente García el Perú inició el camino de la reivindicación de la Política. Alan García tiene talento político el cual, bien usado, ha servido para impulsar medidas como la inversión o la infraestructura o lograr mejores índices de productividad y competitividad. Es lamentable que ese mismo talento no se utilizara para mejorar nuestra institucionalidad o iniciar una frontal lucha contra la corrupción. Si hubiera sido así, los resultados de este segundo gobierno no se habrían limitado a varios tomos con obras sino a una sola página, sólo una pero más valiosa, con resultados cualitativamente más notables, que expresaran no sólo crecimiento sino desarrollo, con igualdad. Sin embargo, de una forma u otra, en el legado de Alan García tendrá que reconocerse que contribuyó a mostrar la importancia de la Política como mecanismo de construcción de poder y gobernabilidad.

Es cierto que aún falta mucho por hacer. Y es cierto que las expectativas en el gobierno del presidente Humala son muy altas. De allí que la inauguración de su gobierno, adquiera especial notoriedad.

El pueblo peruano suele darle mucha importancia a los gabinetes de ministros. Eso se debe a nuestra falta de confianza e institucionalidad. Si hubiera confianza, las posibilidades de sentirnos defraudados serían mínimas. Si hubiera institucionalidad, el cambio de las reglas de juego sería una imposibilidad. Pero en el Perú se puede ganar con un programa y gobernar con otro completamente distinto. De allí que los ciudadanos se fijen en las personas, aquellas que tengan los mayores niveles de credibilidad. Creen que las personas les garantizarán que se cumpla lo prometido y creen que las personas les asegurarán que las reglas de juego no van a cambiar.

El gobierno del presidente Ollanta Humala enfrentará a un pueblo que espera un cambio, que tiene esperanza en el cambio. Esta se sustenta en una agenda que tiene como principal componente la inclusión social. Pero en la ecuación también se encuentra el crecimiento económico. De la forma como maneje ambas variables dependerá la resultante de la gobernabilidad.

Alan García tenía claro que su principal impulso se basaría en la Política. Ollanta Humala apuesta, como Fujimori, por la tecnocracia, la capacidad. Años atrás, Alejandro Toledo, se la jugó por una mezcla de ambas. A los presidentes Toledo y García los favoreció su decisión. Ollanta Humala tendrá que demostrar que su apuesta funciona en la realidad. Y allí en la consecución de su éxito lo acompañarán millones de peruanos de buena voluntad.



Ing. Juan Sheput

(artículo publicado en Diario 16)

1 comentario:

Anónimo dijo...

El Perú profundo NO ENTIENDE DE POLÍTICA ni de corrientes de gobierno, solo tiene una esperanza que algún día sean incluidos dentro del desarrollo y el crecimiento que muchos se vanaglorian tiene el país, sin embargo la mayor parte de este vive ajeno a ello.

Ojala la presente gestión cubra las expectativas de toda una gran masa, que no necesariamente es la que vive cerca a los supermercados o tiene la posibilidad de trasladarse en un transporte publico a cumplir con obligaciones que les toque en la vida cotidiana.

Deseo como peruano que le vaya bien a la presente administración, caso contrario el verdadero pueblo desafortunado, ya no tendrá en quien creer, y la ultima opción que buscara, sera un cambio totalmente radical, y es donde puede crecer la figura política del buen ANTAURO reciclado.

No es descabellada la idea, la gente estará cansada de los mismos engaños y de las promesas electorales incumplidas y buscara por desilucion, equiparar condiciones con el resto de gente incluidos socialmente, ya sea para bien o para mal.

atentamente

FRANCISCO TORRES