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jueves, 12 de agosto de 2010

Berlín, arquitectura y el triunfo de la tradición sobre la modernidad


Un falso concepto de modernidad está invadiendo el fenómeno de la construcción en varias ciudades. Destruir el patrimonio urbano para dar paso a edificios altos y rectangulares, sin estética y sin personalidad, está de moda. Los defensores de este atropello dicen que hay que dar paso a lo moderno, que las ciudades deben crecer "hacia arriba" y en esa locura urbana, como sucede en Lima, se dedican a dinamitar cerros con ruinas arqueológicas (Puruchuco), destruir viejos paseos (como el de los Héroes Navales), atentar contra la intangibilidad de acantilados naturales (como sucede en Barranco sobre la Costa Verde) e invadir espacios de paz y tranquilidad para transformarlos en bulliciosos bulevares dedicados a la venta de comida y alcohol.

No tengo la menor duda que detrás de tanta falta de nobleza están los intereses económicos de empresarios,de diversión o construcción, que buscan el dinero fácil, a costa de la memoria y el patrimonio urbano. No escatiman en hacer lobbies y, bajo el paraguas económico de "poner en valor", justifican el deterioro de la ciudad, la destrucción de espacios públicos naturales, el paisaje que pertenece a todos y la solemnidad de nuestras más añejas construcciones. Colabora con este proceso de afeamiento y destrucción de la ciudad, el silencio de los intelectuales, un alcalde sin cultura, la complicidad de colegios profesionales y una sociedad que cada vez puede tener más dinero pero menos ciudadanía.




Cosa distinta pasa en Berlín. Der Spiegel trae un magnífico artículo en el cual se relata como Alemania se "afeó" luego de la Segunda Guerra, como consecuencia de una reconstrucción que no respetó la personalidad de una nación, que supo manifestarse con gran belleza en su arquitectura.




Consciente de ese atropello contra la tradición urbanística germánica, hoy Alemania no duda en destruir horrorosos edificios mal llamados modernos para volver a lo clásico. Todo un ejemplo que exige amor por el país y cultura.
En este proceso de rescate de la tradición arquitectónica alemana está involucrado Albert Speer, hijo del célebre arquitecto nazi, del mismo nombre. Y también la clase política, empresarial e intelectual alemana. Todos ellos saben que la reconstrucción de Alemania continúa, pero ahora para rescatarla de feos edificios sin arte ni personalidad.





Finalmente ¿qué está pasando en Lima? En nuestra ciudad es muy fácil derribar casonas, talar añejos árboles, destruir empedrados del siglo XIX, "remodelar" hermosos parques para, en su lugar, colocar horrorosas piletas, todo en nombre de una falsa modernidad. Lo más lamentable de todo es que lo permitimos. Nuestra indiferencia ante tanto atropello urbano convertirá a Lima en una de las ciudadades más horribles del Mundo.