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sábado, 19 de junio de 2010

Envidiando a Colombia

Una vez en Bogotá, unos profesores chilenos reconocían que su país la tendría muy difícil en el concierto de la competitividad si Colombia no tuviera el problema del narcotráfico o la guerrilla. Diez años después, Colombia se viene sacudiendo de esos dos males, con mucho sacrificio y también con mucha incomprensión.
En estos 10 años Colombia ha tenido varias transformaciones, la mayoría positivas. De ello es gran responsable el actual presidente Álvaro Uribe. Hace dos años, antes del periodo electoral, era impresionante el casi total respaldo a la gestión del sólido Uribe. Ahora a punto de dejar el poder, el respaldo continúa y, como se escucha en las calles, el agradecimiento también.
Claro que hay problemas y dudas en algunos aspectos de la gestión. Los derechos humanos tienen varios asuntos pendientes de investigación, a tal punto que en los debates el probable presidente Juan Manuel Santos ha indicado que los va a tener en cuenta, sin complejos e institucionalmente.
Moisés Naím ha escrito para El País un artículo que lleva por título Envidiando a Colombia. En él destaca la calidad de los dos contrincantes, tema que ya hemos destacado en un comentario anterior. Habla del crecimiento económico, del incremento de la seguridad, del respeto a la ciudadanía y del valor que representa la institucionalidad. Sobre esto último quisiera explayarme. Moisés Naím señala la envidia que causa que un presidente exitoso, Uribe, obedezca a un Tribunal, la institución, y no se presente a una nueva reelección. Eso es inimaginable en otros países, en donde los presidentes no sólo quieren quedarse sino que hasta amenazan con intervenir, como en Perú, en el proceso de elección presidencial.
Mañana elige nuevo presidente Colombia. Lo hace sin temores, no existe un mal menor, hay candidatos de gran calidad. Ya desde el debate se veía la competencia por decir la mejor propuesta y el desprecio por el "destape" o el agravio. Claro a ello contribuye una prensa que sabe que tiene lectores cultos, que no se prestarán al juego del paginazo agraviante o calumnioso.
¡Cuánta diferencia con nuestros lamentables programas televisivos o algunos periódicos!
Coincidimos con Moisés Naím. Lo de Colombia es para sentir envidia.