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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Lima capital americana de la gastronomía




Hace unos años, cuando por motivos académicos mis viajes a Bogotá eran frecuentes, convivía con el orgullo y la vergüenza. El rubor avergonzado provenía de la escucha frecuente de comentarios respecto de los programas de Laura Bozzo, que me obligaban a esforzarme al máximo en explicar que lo que se veía no era el Perú ni el espíritu de los peruanos. El orgullo, sin embargo, provenía de los elogios de los cachacos (gentilicio coloquial de los vecinos de Bogotá) a la comida peruana. Ingeniosos compatriotas habían establecido negocios donde se vendía cebiche y arroz con pollo (pocas veces con pato), frejoles con seco, sudados y demás potajes que generaban una locura popular en los paladares colombianos.


Luego llegó mi admirado (nuestro admirado) Gastón Acurio con su restaurant sobre la Séptima Avenida hacia el Norte de Bogotá. Eran inicios del año 2005 si mal no recuerdo. No lo pude visitar. Siempre estaba lleno. Y ante la posibilidad de hacer una reserva que le quitara la posibilidad a un extranjero de saborear nuestra comida opté por el sacrificio de postergar mi visita. Hasta ahora no puedo. Algún día será. Era mi granito de arena de contribución a la difusión de la comida peruana. Total, en nuestra Lima, los potajes de Gastón y otros excelentes cocineros está al alcance de la mano. Somos, en ese sentido, privilegiados.


Ahora, leyendo la revista del Domingo en el diario El Mercurio me doy con una nota de Ruperto Nola sobre nuestra comida y restaurantes.


Con gran generosidad Ruperto califica a Lima como la capital gastronómica de América. Alaba nuestra seguridad en ese sentido; seguridad y autoestima limeña que se ha construido sobre la base del huequito, del huarique, del agachadito en el mercado, de la fonda de barrio, del restaurant esquinero, de la anticuchera noctura y de la picaronería que nos hace sentir que no todos los domingos en la tarde son tristes. Sin embargo si bien es cierto todos ellos existían, y desde hace mucho, los hizo más conocidos, nuestros, el popular Gastón Acurio, con su programa culinario que compite con el de Rafo León, desde mi punto de vista, no sólo en calidad sino en agigantar nuestra autoestima colectiva.


No quiero escribir más alejándolos de lo que ha escrito Ruperto Nola en El Mercurio respecto de nuestra cocina. Es una excelente nota que agradecemos. Sin más, leanla nomás:






Lima en la cima por Ruperto Nola para El Mercurio de Chile


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nadie puede negar que nuestra gastronomía está en franco crecimiento y difusión pero sería bueno que se sumen otras opiniones a la del crítico chileno, sabido es que es fácil complacer el paladar chileno, ya el mismo Nola lo advierte en su relato al comparar algunos platos, pero de todas maneras muy meritorio e hidalgo en su aprecición.
Lo extraordinario de nuestra culinaria es cuando la inventiva deriva de lo adverso, a partir de ahí es cuando se comienza a conseguir resultados extraordinarias y me refiero al origen de la buena sazón y la grán cantidad y variead de potajes de nuestra culinaria, en horabuena lo de Gastón pero creo que la gente que está detrás de los huequitos los huariques y las carretas y los puestos en los mercados a esa noble gente que se encuentra en los lugares mas alejados de nuestro país y del extranjero creo que se les debe reconocer y agradecer por ser ellos los que nos acercan a los placeres que solo brindan los restaurantes cinco tenedores y que obviamente no todos podemos acceder.

alex santana dijo...

Yo como Chileno, no necesariamente me molesto cuando a veces dan la impresión que todo en Perú gravita alrededor de la comida, porque siendo sincero, a veces llegan a ser majaderos con el tema, pero bueno allá ustedes, lo que molesta es que siempre hay algún grado de desprecio hacia la comida chilena, es cierto que no es tan variada como la peruana y no tenemos tantos ingredientes para prepararlas, pero nos defendemos y debo decirlo con bastante dignidad, así que no vendría mal agregar algo de mesura y sentido común para que la comida realmente sienta bien.