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domingo, 8 de febrero de 2009

Obama, el Papa y Madoff

Hace una semana en mi Google Reader apareció una noticia del Financial Times en la que se decía que la Canciller alemana Angela Merkel se convertía en la primera lideresa de talla mundial que cuestionaba al Papa Benedicto XVI. Era por las declaraciones de este último respecto al Obispo británico Richard Williamson quien había dicho que el Holocausto no había sido de la dimensión histórica que se nos presenta. El error de desinformación del Papa fue evidente. Días después Moisés Naim, el editor de la influyente Foreign Policy escribe un excelente artículo para El País donde se pregunta cómo es que personas de tan alto nivel, en plena sociedad de la información toman decisiones sin empaparse primero de todos los datos. Los dejo con este didáctico artículo de Moisés Naím:
El País: Obama, el Papa y Madoff

¿Qué tienen en común el Papa Benedicto XVI, Barack Obama y Bernard Madoff, el estadounidense acusado de estafar a miles de inversores? Pues que los tres han tenido recientemente tropiezos que ilustran una interesante paradoja de estos tiempos: en una era en la cual hay más información que nunca, organizaciones muy sofisticadas toman decisiones ignorando la información disponible. Pareciera que el Vaticano, la Casa Blanca y Wall Street no se han enterado de la existencia de Google. Pero como, obviamente, sí saben de Google y de otros potentes métodos para buscar información, entonces debemos concluir que algo más profundo que la ignorancia induce la ceguera que los lleva a tropezarse.

El interés ha cegado al Vaticano, a la Casa Blanca y a Wall Street
No hay duda, por ejemplo, de que sabiendo lo que sabe hoy, Benedicto XVI no hubiese revocado la excomunión del obispo británico Richard Williamson, que está convencido de que el Holocausto es una exageración. Según Williamson, no fueron seis millones los judíos asesinados por los nazis, sino que "no más de 300.000 judíos murieron en el Holocausto". Además, y para que no haya confusión, el obispo ha aclarado que "ni uno solo de ellos [murió] en las cámaras de gas". Como era de esperarse, la decisión de Benedicto XVI de acoger de nuevo en su iglesia a semejante historiador produjo una fuerte reacción mundial. Angela Merkel, por ejemplo, le exigió al Papa que "deje bien claro que no se puede negar" el Holocausto, y acusó al Vaticano de no haber "explicado satisfactoriamente" la decisión de revocar la excomunión del obispo Williamson. Inmediatamente, el Vaticano respondió que el Holocausto era "un hecho histórico probado". Pero así como el Vaticano no tiene dudas sobre el Holocausto, tampoco ha debido tenerlas sobre el obispo Williamson, que no se caracteriza por esconder sus opiniones. El prelado repitió sus ya conocidos puntos de vista en la televisión danesa en noviembre. Esta entrevista salió al aire el 21 de enero -el día que se supo la decisión que el Vaticano oficializaría tres días después-. ¿Cómo pudo ocurrir que en todo el proceso previo que condujo a esta controvertida decisión, la eficiente maquinaria del Vaticano no hubiese tenido la información sobre Williamson y sus ideas?

A la Casa Blanca le pasó lo mismo. Barack Obama y su equipo han proclamado que desean que su Gobierno sea el más transparente de la historia y que no tolerarán conflictos de intereses. Quienes aspiran a un cargo en el Ejecutivo de Obama deben contestar a un exigente y detallado y cuestionario con más de 63 indiscretas preguntas (la número 54: "Suministre las direcciones de todos los sitios de Internet donde usted aparezca por razones profesionales o personales, incluyendo Facebook, MySpace y otros". La número 63: "Suministre cualquier información sobre usted o su familia que pueda resultar embarazosa para usted o el presidente"). Obama, además, cuenta con un equipo muy respetado por su hábil uso de las tecnologías de la información. Sin embargo, ya llevan varios candidatos cuyos nombramientos para cargos al más alto nivel de gobierno han debido ser revocados después de ser anunciados por el presidente, con gran vergüenza para todos los involucrados. De nuevo: ¿Cómo es posible que esos candidatos hayan logrado pasar el proceso de selección, y que los investigadores de la Casa Blanca no hayan detectado los puntos oscuros antes de hacer públicos los nombramientos? ¿Y cómo es posible que los candidatos no hubiesen sabido que tenían en su pasado problemas fiscales o conflictos de interés que tarde o temprano saldrían a la luz?

La misma ceguera afectó a quienes invirtieron con Madoff. Es verdad que no les hubiese bastado con buscar en Google para enterarse de que los estaban estafando. Pero sí les hubiese sido útil prestar más atención a las varias denuncias que sobre Madoff ya se habían hecho. En teoría, el mercado financiero debería ser de los más transparentes. Se gastan millones en auditores, controles, evaluadoras de créditos, analistas de inversión y un largo etcétera. De nuevo, nada de esto sirvió. ¿Por qué?

Las repuestas a los puntos ciegos que explican la conducta del Vaticano, de la Casa Blanca y de quienes invirtieron con Madoff no tienen nada que ver con la información disponible. Estaba allí para quienes hubiesen querido verla. Esta ceguera es producto de una poderosa motivación humana: el interés. El Vaticano tenía gran interés en incluir en su seno al grupo de ultra-tradicionalistas al cual pertenecía Williamson. La Casa Blanca y los candidatos tenían gran interés en concretar los nombramientos. Y quienes promovían a Madoff ganaban mucho dinero persuadiendo a ávidos inversores de que con él estaban seguros. Lo único más cegador que el interés es el amor.