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jueves, 26 de febrero de 2009

La fortaleza del recuerdo

Cuando el Obispo británico Williamson negó la existencia del Holocausto, causó la indignación mundial generando una respuesta inteligente en Alemania, que acudió a sus innumerables fuentes históricas, museos, audios y documentales para demostrar a los que dudaran que Williamson estaba equivocado. Nos enteramos ahora que por la presión de la indignación el Obispo Williamson ha perdido perdón. Se arrepiente de lo que ha dicho.
Esa es la fuerza del recuerdo que se manifiesta en elementos visibles y comprobables. Evita que desinformados o desadaptados admiren hechos bochornosos o quieran imitarlos, a fuerza de repetir la historia.
Es necesario precisar que en Alemania se encargan de mantener vivo el recuerdo tanto el gobierno (pues es política de Estado) como la actividad privada.
Me pregunto ¿Cuánto cuesta construir un Museo de la Verdad?
Si estuviéramos en un país con una élite preocupada por el país y no por el próximo Luau en Asia, la actividad privada se encargaría también de mantener vivo el recuerdo de los hechos vergonzosos en el Perú. Lo haría, pues de la no repitencia de sucesos que avergüenzan se construye una sociedad mejor, más culta, con mayor inclusión y así, por extensión, se tendría inclusive un mejor mercado, favorable para sus transacciones comerciales.
Pero no, no es así. Nuestras élites tienen preocupaciones tan diminutas que las convierten en expresiones sociales inexistentes. El Perú marcha a su lado y ni se dan cuenta. Están alejadas de la construcción de procesos históricos en nuestro país.
Si el gobierno de Alan García no quiere construir el Museo, la respuesta deberá venir de la sociedad que no quiere ser responsable de que hechos bochornosos y aterradores se repitan. Eso nos convertirá en un país capaz de dar respuestas a la altura de las exigencias que se presentan.

3 comentarios:

Luis Enrique dijo...

Señor Sheput:

Agregaría a su comentario, que es sumamente lamentable que, entre esos señores que quieren negar que recordemos nuestro pasado, se encuentran numerosos judíos peruanos a quienes la sola idea de negar el Holocausto les parecería otro crimen.

Pregunto: ¿Por qué esa diferencia? ¿Es que hay muertos que sí merecen ser recordados al costo que sea y otros no? ¿Cuál es la diferencia humana entre un judío y un peruano, un cholo? ¿Es tanta como para que digan que "no hay que mirar al pasado y solo hacia adelante, uniéndonos todos los peruanos", como no se cansa de decir el señor Cáceres Sayán?

Me gustaría preguntarle al rabino de la Sinagoga de Lima para que me dé su explicación. Tal vez él sí pueda decirnos cuál es la diferencia y si es que la hay. Tal vez diga que todos los muertos por masacres y asesinatos y genocidios son iguales ante Dios y ante los hombres; y que todos se merecen el respeto y el recuerdo debidos, sin importar su origen, su color de piel o su cultura.

Por eso me sorprende (¿o no?) que los amigos judíos de Alan no le hayan dicho algo al oído siquiera, o no hayan carraspeado de nerviosos mientras se decía que no al recuerdo (ellos que repiten todos los días: "No olvidaremos").

Esa es la doble moral que impera en el Perú y que nadie en el gobierno ni en el mundo empresarial se atreve a cuestionar por razones de mantener al sistema (sistema que, dicho sea de paso, ya no está vigente en el mundo, solo en el Perú).

Muchas gracias.

Anónimo dijo...

EL APROFUJIMORISMO TIENEN MUCHO QUE EXHIBIR EN ESTE MUSEO, Y UTILIZAN SU MAÑOSERIA POLITICA PARA TERGIVERZARLO O RECHAZARLO. PERO CREO QUE LA MAYORIA DE LA SOCIEDAD CIVIL PRESIONARA PARA QUE ESTOS ACTOS INHUMANOS NO VUELVAN A REPETIRSE.

Juan Sheput dijo...

Estimado Luis Enrique, nada que agregar, salvo agradecer tu contribución. estoy de acuerdo con lo que expresas, esa indiferencia que tanto daño hace a nuestra sociedad y que como dices nos convierte en un país raro y singular, con un gobierno que se empeña en repetir los errores del pasado.