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miércoles, 7 de enero de 2009

Medicinas contra el miedo o los ataques de pánico

¿Quién no ha sufrido en alguna oportunidad un ataque de pánico? En un mundo tan agitado, donde el estrés ya no es una excepción sino la norma y donde las jornadas de yoga o meditación ya no son suficientes, es obvio que la medicina ha decidido ingresar con fuerza a un terreno en donde cada vez se está generando una mayor cantidad de víctimas.
El miedo inmoviliza, deprime, lleva a circulos viciosos de degradación permanente. Tiene secuelas, en la indigestión o el insomnio, es decir es una plaga en pleno siglo XXI. Será tal vez por eso que en un país tan informado y culto como Alemania el tema mas votado haya sido el de las medicinas contra el miedo o los ataques de pánico.
Al parecerme interesante esta noticia y de impactante actualidad, las reproduzco ya que he unido dos reportajes sobre el tema del miedo y a la importancia de la religión. Ambos fueron publicados inicialmente en la excelente y didáctica agencia alemana de noticias Deutsche Welle:

Medicina contra el miedo
Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: El miedo corroe el alma.

¿Qué es el miedo? ¿Cuándo pasa a ser una enfermedad? Un cinco por ciento de la población mundial sufre ataques de pánico. Aunque es un cuadro complejo, hay terapias para tratarlo.

A veces tenemos miedo, y no sabemos por qué. En situaciones que no justifican la aparición de este mecanismo de defensa, la ansiedad sale de su cauce normal y se transforma en fobias que paralizan. Según la OMS, un 20 por ciento de la población mundial sufre o sufrirá un trastorno de ansiedad: un fenómeno que avanza junto con los cambios tecnológicos y sociales, pero que también puede tener causas genéticas. Hagamos aquí un breve “itinerario del miedo”.


Síntomas emocionales y físicos

Sensaciones de estrés como un examen o la pérdida del empleo provocan reacciones normales de temor y
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: El grito, de Edvard Munch. angustia. Algo muy distinto es el complejo de síntomas que se disparan sin motivo, que no dura más de diez minutos, y que consiste, por lo general, en dificultad respiratoria, vértigo, palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado, sudor, náuseas, dolor de estómago, sensación de irrealidad, sensación de adormecimiento, miedo a morir o a perder el control. Esto lo diferencia de las fobias, que se remiten a un objeto o situación concreta, como el miedo a las arañas o a volar.

El llamado “ataque de pánico” es parte de cuadros psiquiátricos como la psicosis y las depresiones, además de enfermedades orgánicas como las cardíacas y hormonales. Pero si dichos síntomas aparecen en individuos orgánicamente sanos, estamos frente a un ataque de pánico secundario, es decir, sin motivo aparente.

En el consultorio o guardia médica, el afectado escucha por lo general que su problema es “anímico”, sea cual fuere el significado de un término que abarca, por así decirlo, el alma humana. Sin embargo, existen centros especializados en esta dolencia. DW-WORLD habló con la Dra. Angelika Erhardt, del Centro de Tratamiento de Trastornos por Ansiedad del Instituto Max Planck, en Múnich, quien refiere que “no puede decirse que haya factores sociales concretos que conduzcan a esta enfermedad.Se sabe que es producida frecuentemente por el estrés social, pero, al tratarse de una enfermedad compleja, producida por diferentes factores, también entran en juego la predisposición genética, determinadas experiencias vividas en la infancia y comportamientos adquiridos, o sucesos traumáticos del paciente. No existe una explicación puramente patológica de este trastorno”. “A nivel mundial, sufren de ataques de pánico entre un 3 y un 5 por ciento de la población, tanto oriental como occidental”, especifica.
Del temor de Dios al miedo al terrorismo

El miedo y el temor son en la Biblia lo mismo: temor a Dios, o a caer fuera de una relación armónica con Dios por pecar. Tanto en las grandes religiones como en los cultos, el miedo se neutraliza con la creencia en una fuerza superior y trascendental, a la que el hombre está ligado. La recuperación de este vínculo, “religare”, lleva a la salvación.

En la sociedad actual, el miedo se ha convertido en un compañero fiel, y más aún después de los atentados del 11 de septiembre y el 11 de Marzo. Viaja en metro con nosotros y hace que nos despidamos con temor de nuestros seres queridos. Definir este tipo de sensación es ahora más difícil que nunca. La ciencia nos ha sugerido durante años que podría solucionar los problemas que aquejan a la humanidad: no más enfermedad, no más catástrofes naturales. Sin embargo, el miedo persiste, y ha tomado otras formas. El creer que determinadas seguridades son permanentes hace al hombre más vulnerable y propenso al miedo. A esto se suman los desafíos cotidianos, como el rendimiento en el trabajo o el estudio, el querer destacar de la competencia y el no poder expresar sentimientos humanos como la tristeza o el duelo, que están casi vetados públicamente.

La disgregación social provocada por las
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: Es importante buscar ayuda profesional. emigraciones, a raíz de las cuales la familia, en su sentido tradicional, se desintegra, son factores que recrudecen el miedo. Pero, según la Dra. Erhardt, “el hecho de sufrir estrés predispone claramente a un ataque de pánico. Pero no se puede determinar una relación directa con éste, ya que hay pacientes que no sufren estrés y, sin embargo, padecen de ataques de pánico. Es una interacción de diversos factores, nunca se trata de un sólo factor, y es difícil determinar la razón concreta”. “Por ser un cuadro patológico aún poco conocido, provoca sin duda enormes costos al sistema sanitario, ya que los pacientes recurren al médico, en promedio, luego de siete años de comenzar los síntomas, y buscan frecuentemente al médico de guardia. Al no saber qué les pasa, no saben a dónde dirigirse”, dice Erhardt.


Combinación de terapias

La terapia, según la Dra. Erhardt, “depende de la gravedad de la enfermedad. Se recomienda una combinación medicamentosa y una terapia de comportamiento, una psicoterapia breve en la que el paciente aprende cómo comportarse durante un ataque de pánico, y puede manejar la crisis sin dejar que ésta lo supere. Esta es la medida más efectiva. También se pueden aplicar las dos terapias por separado: si los síntomas son muy graves, se trata al paciente con antidepresivos que dan muy buenos resultados en este tipo de dolencia. Asimismo, se puede tratar al paciente sólo con psicoterapia”. Los métodos de relajación y el yoga no dejan de ser recomendables, al menos, para reducir el estrés.
A más religión menos estrés
No sólo en Alemania y en los EEUU muchos consideran que la religión y la espiritualidad conducen a una vida saludable. En el Congreso del fin de semana pasado en Friburgo, Alemania, se trataron temas como ¿Qué es lo que nos cura?, ¿Es más longevo el creyente?, ¿Vive más sano el creyente? o ¿Ayuda la espiritualidad contra las enfermedades?

¿Habrá que convertirse al Catolicismo?

Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: La cruz, símbolo de los cristianos.

El Instituto de Demoscopia de Allensbach publicó en la revista Geo un artículo de actualidad que afirma que los católicos sienten menos estrés que personas de otras religiones. Según sus encuestas, el 38% de los alemanes padece de estrés; alrededor del 60% se considera libre de estrés y entre ellos, el 67% son católicos - un número considerable. Entre los protestantes, sólo el 58% se considera libre de estrés y, de las otras confesiones, el 52%. Tengamos en cuenta, que los entrevistados fueron solamente 2.048 en toda Alemania.

Quizás los feligreses católicos pueden gozar de mayor tranquilidad porque se confiesan. Otras religiones no ofrecen esta alternativa. Algunas, con su severidad, pueden producir justamente estrés.

¿El que cura tiene razón?

Eckhard Frick, médico, psicoterapeuta y jesuita de Múnich, pone en tela de juicio la opinión tan difundida de que "el que cura, tiene razón". Según su opinión, hay que tener cuidado cuando se habla de procesos de curación religiosa o espiritual. Muchas veces se trata de un apoyo y de donaciones sociales través de la comunidad eclesiástica. El apoyo financiero puede tener consecuencias positivas, sostiene Frick, pero los asistentes sociales también pueden ser enervantes.

Según Frick, todavía no se sabe lo suficiente sobre la causalidad del efecto curativo de religión y espiritualidad. Es muy fácil enunciar la receta de "cuanto más espiritual, mejor". Frick no está de acuerdo con que se les indique a los pacientes realizar actividades religiosas. Sí piensa que tanto los médicos como el personal sanitario deberían tener más en cuenta la parte espiritual del paciente.

Atención en hospitales


Dos monjas de un hospital de Friburgo comentaron la repetida frase de los pacientes: ¿Qué hice para enfermarme así? Esta frase tiene una connotación religiosa. Muchos pacientes no se animan a hablar de ello con los médicos por considerar que sólo les incumbe la administración de medicamentos y las operaciones.

Dietrich Korsch, teólogo evangélico de Marburg, sostiene que la tarea del médico debe abarcar el cuerpo y el alma, que ambos tienen igual importancia y que deben verse en correlación. Korsch va más allá cuando dice que toda tarea medicinal tiene dimensiones religiosas y exige que se les explique a los estudiantes de medicina la relación entre el bienestar físico y la compresión espiritual. "Los médicos no deben excluir la dimensión religiosa", afirma Korsch. Pero sería falso, agregó, recurrir a prácticas espirituales cuando la medicina no tiene respuestas.

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