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jueves, 8 de enero de 2009

Cuando la mujer capacitada no necesita de cuotas

Fue en Colombia donde tuve la oportunidad de apreciar la negativa de mujeres muy capaces al sistema de cuotas. No necesitamos de privilegios, podemos demostrar lo que valemos, decían algunas, que, como Martha Lucía Ramírez, habían llegado a altos cargos ministeriales como el de Defensa por ejemplo.
En nuestro país, algunas ong´s han convertido en débiles al género femenino, a tal punto que en la práctica se ha aceptado, sin mayor discusión, la necesidad de otorgarles una cuota pues sino no existen.
Que el preámbulo anterior sirva de presentación a la siguiente entrevista, concedida al diario El Mundo de España por Inés Fernández-Ordoñez, recientemente nombrada como académica de la lengua, responsable de la letra P, a la corta edad de 47 años, lo cual constituye un reto. Lean la entrevista y saquen sus propias conclusiones de una mujer muy capaz:


Inés Fernández-Ordóñez: "Soy miembro de la RAE, no miembra"
ÁLVARO COLOMER
A finales del pasado diciembre, Inés Fernández-Ordóñez (Madrid, 1961) se convirtió en la cuarta académica de la lengua. Junto a la escritora Ana María Matute, la historiadora Carmen Iglesias y la científica Margarita Salas, esta filóloga de corta edad ha pasado a formar parte de ese plantel de mujeres dispuestas a cambiar por siempre el falocentrismo que imperaba en la Real Academia Española. Aunque desconocida para el gran público, la hija del fallecido presidente del Patronato del Museo del Prado, José Antonio Fernández-Ordóñez, lleva años trabajando en pro del lenguaje, como demuestra su cargo como catedrática de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Madrid y, más importante, su labor al mando del Corpus Oral y Sonoro del Español Rural
(COSER), un trabajo que le ha llevado a recorrer toda España a la caza de los dialectos rurales de nuestro idioma.
Es inevitable empezar recordando la escasa presencia de mujeres en la RAE. Hace un siglo y medio, los miembros rechazaron a Gertrudis Gómez de Avellaneda con una carta donde se le comunicaba que en dicha institución no había "plazas para señoras".

Parece que algo está cambiando en la Academia, ¿no?
Creo que sí. Parece que la Academia quiere dar entrada progresivamente a las mujeres, de forma que tengan una presencia acorde con su papel en la vida cultural y universitaria.
De hecho, cuando le anunciaron que sería la académica que ocuparía la letra P, usted dijo que era "una magnífica noticia para todas las mujeres". ¿Qué cree que aportará a la Academia un mayor número de mujeres? Es decir, ¿piensa que hay aspectos de la lengua española que han quedado un poco relegados por culpa de la ausencia de mujeres en dicha institución?
No creo que la ausencia o presencia femenina haya tenido o tenga repercusión en el tratamiento de cuestiones lingüísticas. Las mujeres aportarán a la Academia lo mismo que los hombres: su saber sobre la lengua y la literatura españolas. Muchas tienen méritos sobrados en esos campos, por lo que resulta difícil explicar por qué se ha demorado tanto su incorporación.
¿Es usted 'miembro' o 'miembra' de la Real Academia Española?
Indudablemente, soy miembro. Ahora bien, 'miembro' es una palabra con varias acepciones. Como parte del cuerpo, es evidente que no admite flexión de género, pero en su acepción de 'socio, integrante de un colectivo', es posible que los hablantes formen un femenino analógico, del mismo modo que se han creado 'presidenta' de 'presidente' o 'ministra' de 'ministro'. En francés, por ejemplo, se dice 'monsieur' o 'madame le président o le ministre', 'la señora ministro', 'la señora presidente': no existen los femeninos analógicos del español. Pero para que una creación de este tipo sea admitida no debe ser individual, propia de un hablante único o de unos pocos, sino que debe estar acreditada por el uso colectivo, lo que desde luego por ahora no sucede con 'miembra'.
Además de ser una de las pocas mujeres en dicha institución, también se ha convertido en la académica más joven del momento. Es decir, mujer y joven. ¿Doble dificultad?
Bueno, varios académicos varones fueron elegidos cuando eran aun más jóvenes. Pero es cierto que no es lo habitual. Yo soy la primera sorprendida. Se me brinda un gran honor que espero poder compensar. También pienso que las academias, en la medida en que quieran liderar proyectos y aportar novedades, hacen bien en incorporar a gente más joven, que sea capaz de traer ideas y llevarlas a término.
Su trabajo al frente del Corpus Oral y Sonoro del Español Rural es impresionante. ¿Cree que ahora, con su incorporación a la RAE, podrá luchar para que no se pierda esa cultura oral que existe en nuestros pueblos?
Mi incorporación a la RAE no puede desligarme de mis líneas de investigación, y es evidente que documentar y estudiar el habla rural ha sido una de ellas en los últimos casi 20 años. El destino de las lenguas creo que depende fundamentalmente de sus hablantes.
Tras casi 20 años dando vueltas por España a la caza de variaciones de nuestro idioma, ¿qué ha aprendido sobre la relación entre las mujeres y el lenguaje?
En general, siempre me ha resultado más fácil encuestar a una mujer que a un hombre. Quizá porque los temas de conversación que tratamos tienen que ver en ocasiones con actividades y tradiciones normalmente asignadas a las mujeres y se crea cierta complicidad. Pero también recuerdo muchas entrevistas espléndidas con hombres. Las mujeres suelen hablar más deprisa, lo que no necesariamente es bueno cuando, después de una entrevista, uno se dispone a transcribir lo grabado.
¿Qué otros aspectos del lenguaje quisiera mejorar o respaldar ahora que tiene poder para hacerlo?
Trabajaré en aquellos aspectos que siempre me han preocupado: la historia del español y su articulación con las lenguas romances que lo rodean, y la recuperación, interpretación y edición crítica de textos antiguos.
Ha manifestado en numerosas ocasiones su admiración por la poesía de Ángel González. ¿Cómo vivió el descubrimiento de que finalmente usted ocuparía su plaza en la Academia?
Con profunda emoción. Soy más lectora de novelas que de poesía. Pero en el caso concreto de Ángel González tengo devoción por su poesía. En más de una ocasión he citado versos suyos.
¿Cómo se siente una filóloga entre tanto escritor/a?
Creo que los escritores elevan la lengua a la categoría del arte, hacen que las palabras transciendan el tiempo, don del que carecemos los filólogos. Considero un enorme privilegio estar rodeada de escritores.

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