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jueves, 25 de septiembre de 2008

Una vez más: notable artículo de Baldo Kresalja

Baldo Kresalja es uno de aquellos pocos intelectuales peruanos que se niega a ser parte del consenso complaciente, ese que aturde nuestra forma de pensar e invita a actuar y opinar de manera monocorde, con fidelidad al "sistema".
Considero que el tema Chile es preocupante. Independientemente de los amigos que pueda tener en dicho país, y que me escriben preguntando por mi posición, primero está el interés del Perú. Y en ese sentido es peligroso, muy peligroso, que se permita la invasión económica chilena tal y como se viene efectuando, de manera rápida y sigilosa, con la complicidad del señor Alan García.
En nuestro país cuando alguien trata este tema es silenciado por la prensa. Los intereses económicos están primando sobre la voluntad de informar y de hacer política. Conviene a esos intereses un Congreso débil y de baja calidad, pues así son soberanos de la agenda.
Por eso artículos como los de Baldo nos dan esperanza. Nos permiten sentir que en el Perú todavía hay personajes preocupados por el devenir de nuestra Patria. Que no se preocupan en adoptar personajillos sino de los grandes temas nacionales. Que se alejan de la mediocridad en que se ha convertido la relación prensa-poder.
Recomiendo muy especialmente el siguiente artículo de Baldo Kresalja, publicado el día de hoy en el diario La República:

Las Próximas Batallas. La propuesta de Giampietri y el Alto Perú por Baldo Kresalja


No ha sido con entusiasmo sino más bien con cautela, y con rechazo del Poder Ejecutivo, como ha sido recibida la propuesta del Vicepresidente Luis Giampietri de limitar la inversión extranjera en aquellas actividades que considera esenciales para mantener a salvo la independencia del Perú. Se ha dicho que es una propuesta que surge de los altos mandos militares, los que tendrían como vocero al referido Vicealmirante. Puede que así sea, pero sería una afirmación solo parcialmente cierta, porque hay muchos civiles de diversas tendencias que comparten esa preocupación desde hace un buen tiempo.

La propuesta de Giampietri trata de salvar una situación sobre la cual las Fuerzas Armadas tienen innegable responsabilidad. Ello es así porque dieron institucionalmente soporte al corrupto y extranjerizante gobierno de Fujimori, que dio igual tratamiento a la inversión nacional y extranjera en la parte inicial del artículo 63 de la Constitución de 1993, promovida y defendida por los seguidores del japonés. Si se trata entonces ahora de rectificar esa disposición, pues en buena hora, pero ello exige una propuesta de reforma constitucional, la que sin duda encontrará férrea oposición por parte de los intereses económicos extranjeros y de sus representantes nacionales, que en buena medida controlan ya nuestra economía, usurpando sutilmente los derechos económicos de los peruanos y afectando su futura prosperidad.

La angustia de la Ministra de Comercio Exterior ("No estoy de acuerdo. Es una tontería. No podemos tener ese tipo de cosas") y el coro posterior de respaldo de algunos de sus pares frente a la propuesta, responde al temor de que ésta podría dar lugar a una llamada de atención por parte de algunos gobiernos extranjeros, en especial el de los EE.UU., al amparo de lo estipulado en el Acuerdo de Libre Comercio (TLC), asunto sobre el cual los altos mandos militares no podrán alegar ignorancia.

Lo que hay que decir es que la falta de regulación sobre la inversión extranjera destinada a ciertas actividades tiene obvias implicancias en las relaciones con nuestros vecinos. Los hechos ponen de manifiesto que es posible una guerra civil en Bolivia, así como también un futuro y continuo deterioro socio-económico en este país, lo que de suceder tendrá fuerte impacto en el sur peruano, impacto cuya magnitud es difícil de evaluar hoy. Ello, sin duda alguna, podría afectar nuestra seguridad. Y así como otros países invocan esta razón para defender sus intereses, nosotros también debemos hacer lo propio, en lo posible en alianza con las fuerzas armadas bolivianas.

Debemos sin tardanza asumir la tarea de equipar en lo necesario a las nuestras y tomar la iniciativa diplomática que al parecer hemos perdido. Son razones de tipo histórico, geopolítico y económico las que motivan nuestra acción, no consideraciones egoístas de corto plazo. La paz es un valor supremo, pero ella es posible cuando los derechos están bien definidos y reconocidos, y las ambiciones contenidas por la fuerza de los hechos. No podemos dejar de considerar que la eventual debilidad boliviana podría despertar ambiciones contrarias a nuestros intereses permanentes.

Pues bien, para poder actuar con libertad y seguridad nos resulta esencial el control por peruanos, y no por extranjeros, sobre algunos de nuestros recursos y actividades económicas y culturales. Este no es un escenario imaginado del siglo XIX, sino uno de siempre y por tanto del propio siglo XXI. Sin una marina mercante y sin transporte aéreo interno propios, o sin una administración de puertos y aeropuertos en manos nacionales, son sólo dos ejemplos, será muy difícil defender nuestros intereses. Esta es pues una causa nacional, que como otras podrá encontrar al inicio un cierto rechazo, pero que con valentía debe llevarse adelante.

La inversión extranjera es necesaria y debe recibir las garantías propias de un estado de derecho, pero debe estar limitada en algunos campos en los cuales la inversión nacional debe ser privilegiada. En esta materia es preciso implantar una reciprocidad pragmática y dinámica. Así lo hacen los pueblos que desean construir su destino. Solo tienen posibilidades de éxito los movimientos políticos y los gobiernos que correspondan a un arraigado sentimiento nacional. La batalla de esta hora es la de fortalecernos en lo económico y la de fertilizar la unión política y económica entre el Bajo y el Alto Perú.


1 comentario:

luis nestares dijo...

La independencia y crecimiento del país financieramente con una cuota fuerte de soberanía y nacionalismo solo dependerá del grado de independencia que podamos lograr por si solos.
Brasil es un claro ejemplo, ha sabido utilizar sus recursos provenientes de una sana economía que dista mucho de Neoliberal pero a la vez guarda una distancia razonable del ejemplo socialista.
Venezuela gracias al fuerte ingreso que tiene por el petróleo no es una economía sana pero al menos es independiente al bloque capitalista permitiéndose buscar su propia hegemonía en base a la ayuda social y al subsidio.
En el Perú podríamos ensayar cualquiera de ellas el alto valor de los comoditis lo permite, tenemos reservas probadas de gas natural que nos debe convertir en un país abastecedor o en un país con fuerte consumo interno beneficiando a la industria local.
La iniciativa de Giampietri pude estar alentada por un grupo de militares nacionalista muy valida dicho sea de paso y en hora buena pero que hay de la clase política acaso no pueden fomentar la búsqueda de nuestra propia hegemonía, no es éste el mejor momento donde el crecimiento producto de la demanda de la China e India nos garantiza el crecimiento.
En el caso del gas, de los puertos, de las tierras y terrenos optar por una decisión de venta o de concesión no solo debe ir acompañada de la cuota de nacionalismo si no también de transparencia y de la ventaja económica que permita obtener buenos dividendos para beneficio de los más necesitados ó de lo contrario destinarlo al consumo interno o guardarlo estratégicamente para que en su momento sea una buena fuente de negociación.
La popularidad de Lula no es gratuita, no se puede decir lo mismo de Chávez pero si es popular en Bolivia y Ecuador tampoco se pude decir lo mismo de García con el agravante de que ningún país vecino se identifica.