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lunes, 28 de julio de 2008

La oniomanía o el síndrome del comprador compulsivo

La oniomanía es esa imparable vocación de comprar de todo así no nos sirva. Es una enfermedad que padecen no sólo los corruptos como Imelda Marcos con sus 5,000 pares de zapatos o Vladimiro Montesinos con sus 1,500 camisas Dior sino también aquellos que hacen uso y abuso de sus tarjetas de crédito.
Gracias a la intersante web de la Deutsche Welle he encontrado el siguiente artículo que quisiera compartir con ustedes:


¿500 pares de zapatos y 80 chaquetas? Síntoma de oniomanía, el mal del comprador compulsivo. Especialistas de Erlangen han probado, con éxito, un método que si bien no erradica sus causas, lo interrumpe.
¿Compro, luego existo? O quizás, ¿compro más, soy más? Algo de esto hay probablemente en el fondo de esas sicologías que conducen a una espiral de consumo en cuyo fondo hay noches en vela, deudas, depresiones, angustia, desórdenes en la alimentación…. Un modelo probado en el contexto de un estudio de la Universidad de Erlangen asegura que puede sacar durante una terapia de doce sesiones a los compradores patológicos de su oniomanía, no a través de una imposible abstinencia, sino reforzándolos en el control de egresos y, básicamente, en su autocontrol.

“Esta patología es un exceso muchas veces oculto por años”, informan Astrid Müller y Martina de Zwaan del Departamento para Psicoterapia y Psicosomática de la Clínica Universitaria de Erlangen. Un exceso que provoca en la persona afectada y en su entorno un sufrimiento enorme. Entre un 6 y un 8 por ciento de la población alemana se ve afectada por este mal cuyos síntomas tienen un amplio espectro: ganas locas de salir a comprar; la adquisición repetida del mismo artículo, de cosas inútiles o de objetos que poco después son regalados a las personas más cercanas.

Lo que los mueve es, por lo general, el gusto por el acto de comprar; minutos después de “perpetrado”, el remordimiento aparece. “Una de las cosas más placenteras durante la compra”, informa Müller, “es el contacto con los vendedores”. Si bien más los jóvenes que los mayores, más las mujeres que los hombres tienden a la oniomanía, todos –sin importar estrato o clase social- estamos amenazados.

Bazares privados

Una de las personas que se puso en manos de las especialistas de Erlangen es una secretaria de 52 años, vive con su hija de 13. Las cosas coloridas y alegres le llaman mucho la atención. Cuando sale de su casa, cuenta, su única intención es salir a pasear. En el camino, sin embargo, encuentra algo bonito y muchas veces baratito, y tiene que llevárselo consigo. Lo malo es que esto sucede casi todos los días. Entretanto, 170 chaquetas, 200 pantalones y 500 pares de zapatos hay en su casa. Su deuda asciende a 50.000 euros.

Otra -una asistente de médico de 55 años, casada, con cuatro hijos y varios nietos- siguió comprando dos veces a la semana a pesar de que su deuda rozaba los 35.000 euros. Cosas exclusivas y caras adquiría, para el marido, los hijos, los nietos… la mayoría de las prendas nadie las utiliza.


Viejo mal, nueva cura

Aunque esta manía fue detectada ya a comienzos del siglo XX por el psiquiatra alemán Emil Kraepelin, hasta ahora los métodos desarrollados sobre todo en Estados Unidos, Canadá y Alemania no habían conseguido el éxito deseado. Éste, probado en Erlangen, contiene, por ejemplo, una lista de 14 puntos para manejar mejor el dinero. Anotar todos los gastos a lo largo de 2 semanas, pagar siempre en efectivo (¡nunca con tarjetas!), evitar las compras grandes, hacer lista de supermercado y comprar sólo lo que está en la lista…. Todo suena fácil y sencillo. ¿Por qué, entonces, la oniomanía? ¿Por qué una persona se convierte en un comprador patológico?


Atacan el síntoma, el origen es otro cantar

Es importante determinar, antes de la terapia, qué es lo que origina el “impulso adquisitivo”. ¿Es la necesidad de compensación por un sentimiento de frustración? ¿Es el aumento del placer, el refuerzo positivo? Según Iver Hand, presentador del proyecto, todo eso debe ser detectado y, de ser posible, tratado colateral o posteriormente. El principal valor del programa de Erlangen es que, a corto plazo, se interrumpe el comportamiento compulsivo, se adquiere mecanismos de control y se detecta alternativas. Llevando un diario de compras, por ejemplo, una paciente detectó la falsedad de su argumento para comprarse ocho libros similares de Botánica: la remota probabilidad de comenzar con una carrera de jardinería…

Todo es cuestión de la alternativa

Después de la segunda sesión los pacientes son motivados a definir comportamientos alternativos, realistas. Listas de actividades y planes semanales se elaboran con los terapeutas: escribir una carta, ver la televisión, comenzar a tejer o escribir en un papelito el objeto que uno siente ganas de comprar y darse 24 horas de plazo son comportamientos alternativos. Y al final, si ha logrado controlar el impulso dañino, viene la retribución: “si he logrado ir al centro sin comprar nada, me daré un baño caliente”.

Casi cuatro años les ha llevado a los especialistas de Erlangen el poder anunciar que su método tiene éxito. Nueve hombres y 51 mujeres de entre 20 y 61 años se han puesto en manos de este equipo. Uno de ellos afirma ahora –un divorcio, 70 cámaras fotográficas y 2500 tomos de libros especializados después- que se ha percatado de que su móvil era un sentimiento de inferioridad y la necesidad de reconocimiento. ¿Y qué hace ahora con todo ese tiempo que le sobra cuando no compra? “Ando en bicicleta, leo...y tomo fotos”.

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