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martes, 18 de marzo de 2014

Un problema de percepción



Un problema de percepción
Hace unos meses, cuando el tema de la violencia criminal arreciaba en el país, el entonces Premier Juan Jiménez señalaba que se trataba de un problema de percepción. Demostraba así su total incapacidad para poder entender lo que realmente acontecía. Para la población era evidente que el tema de la seguridad no tenía nada de perceptivo y sí más bien mucho de realidad. La desconexión de lo que sucedía fue uno de los atributos del entonces Premier, a tal punto que fue uno de los causales  que justificó su cambio.
Sin embargo pareciera que el oficialismo no ha aprendido nada de sus errores. Luego de haber obtenido el voto de confianza por parte del Congreso, ministros y congresistas han salido ante los medios a decir que la intromisión de la esposa del presidente en los asuntos de gobierno es un “problema de percepción”. Es decir a menos  de veinticuatro horas de haber presentado un  comunicado en que la Presidencia del Consejo de Ministros señala que no permitirá ningún tipo de intromisión los mismos miembros de la PCM señalan que se trata de un “problema  de percepción”. Si de una percepción se tratara entonces  ¿para qué un comunicado  que ponga por escrito la voluntad de no permitir violaciones  a la Ley y a la Constitución? En clara alusión a lo  que venía haciendo la señora Nadine Heredia.
La percepción se encuentra en el mundo de las sensaciones. Para ello se requiere de un estímulo material. El estímulo material es la intromisión permanente y evidente que ha tenido la señora Nadine Heredia y que ha generado la reciente crisis ministerial. Circunscribir todo al ámbito de las percepciones es tener una visión superficial del tema, no tocar los temas de fondo y nos condena a repetir el error. Es por ello que no tengo la menor duda que nada ha cambiado. El comunicado de la PCM sirve para calmar la sensación de intromisión de la Primera Dama (la percepción) pero el hecho material, la intromisión en sí misma, continuará pero detrás de cámaras. El poder real, y no paralelo, está allí y continuará y no se ha ido.
Ante ello podemos decir que el oficialismo no está solo en esta visión superficial de las cosas. Lo acompaña la CONFIEP y el distinguido y celebérrimo escritor peruano Mario Vargas Llosa. Dos poderes fácticos, el intelectual y el empresariado, se hacen presentes para señalar que es  un atrevimiento de la clase política ponerle cotos a un poder  real, que nadie ha elegido, que ha dañado seriamente a la institucionalidad del país y por extensión al  régimen democrático.
¿Qué tienen en común la CONFIEP y el señor Mario Vargas Llosa? Una visión economicista de las cosas. Mientras el mundo de los negocios vaya bien y las inversiones no se alejen estaremos en el mejor de los mundos. Seguramente es lo que le decían a Vladimiro Montesinos cuando lo  visitaban, en busca de atajos burocráticos o judiciales, algunos empresarios. No importaba la institucionalidad en tanto se llenaban con soltura  los bolsillos de dinero.
Pero un país que se pretende ser desarrollado no puede marchar así. Va rumbo, en línea recta,  al despeñadero. Las reglas de juego permanentes en el tiempo (la institucionalidad), el orden legal y el respeto a la división de poderes  son necesarios para garantizar no sólo la gobernabilidad sino el sendero del desarrollo. Cuando no es así el crecimiento económico es episódico y tanto es cierto esto que la situación económica del Perú se ha ralentizado sin necesidad de una crisis política. Los indicadores señalan un crecimiento menor de nuestra economía y la muestran como vulnerable ante los estímulos externos. Todo ello desde hace ya por lo menos seis meses, sin necesidad que se le quite la confianza a ningún gabinete.
Por ello es importante que los partidos políticos cumplan su rol de fiscalización y control político. En un país desarrollado, de esos en los que vive nuestro célebre escritor o admiran los directivos de la CONFIEP, sería inadmisible tolerar un conjunto de ministros cuestionados por  conflictos de intereses como es el caso del  gabinete actual que preside uno de los ministros cuestionados René Cornejo.  De ello, como es obvio, no hablarán los poderes fácticos. Ellos estarán contentos en tanto el empresariado esté debidamente representado en el gabinete (y vaya que ahora lo está como nunca en la historia reciente del Perú)   y puedan hacer dinero.

Juan Sheput