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domingo, 2 de febrero de 2014

Juez ad-hoc designado por el Perú votó por causa de Chile

Se ha dicho, con inexactitud, que la función de un juez ad-hoc es independiente de la parte que lo designa y, en algunos casos se le ha confundido hasta con la función de un árbitro. No es así. Un juez ad-hoc es designado por una de las partes para persuadir al resto de jueces de las bondades de la posición de quien lo designa. Es decir, según el reglamento de la misma Corte Internacional, el juez ad-hoc Gilbert Guillaume, designado en el año 2008 durante el gobierno de Alan García, no sólo no era peruano, como es obvio, sino que no cumplió el encargo de persuadir a sus pares de la solidez jurídica del Perú sino más bien votó en contra de ella. Lo más lamentable es que de esto ni siquiera se dan cuenta en el Congreso donde los parlamentarios aplauden un fallo que es lesivo a los intereses de la patria. El siguiente es mi artículo publicado en la última edición del semanario  "Hildebrandt en sus trece".



Los extraños votos del Dr. Guillaume
Celebrar como triunfo lo que es una derrota  y no reconocerlo,  me hace pensar que en el Perú no sólo se ha perdido por completo el sentido del honor sino que dicha actitud nos condenará a seguir cometiendo los mismos errores. Una vez más el gobierno de turno y  la diplomacia peruana han hecho un papelón que podrán disimular coyunturalmente, gracias a los amigos que tienen en la gran prensa, pero que saldrá a la luz, con todas sus miserias, cuando llegue el día de poner en blanco y negro los sucesos de estos días en la historia del Perú.
Al inicio del segundo gobierno aprista tuve el encargo de mi partido de representarlo en el Acuerdo Nacional. Allí compartimos, junto a representantes del Partido Nacionalista, la responsabilidad de exigir al gobierno la necesidad de elevar cuanto antes  la demanda por el diferendo marítimo con Chile ante la Corte Internacional de Justicia. Uno de los puntos fundamentales de nuestro petitorio consistía en saber si el gobierno de Alan García estaba considerando el Punto de la Concordia como el inicio de nuestra frontera marítima. Teníamos indicios que no iba a ser así lo cual, aunado a la negativa del gobierno en contestar, incrementaba nuestra preocupación. Posteriormente, como consecuencia de la presión política y de algunas fuerzas de la sociedad civil el gobierno finalmente consideró al Punto Concordia como el núcleo de la demanda peruana. Esa posición nos satisfizo pues era lo consagrado en el  Tratado de 1929 y su desconocimiento era a su vez la columna de la usurpación territorial chilena.
Días después el Perú presentó la demanda ante La Haya  y, en Marzo del 2008, según el reglamento de la Corte, nuestro país nombró al profesor Gilbert Guillaume, de nacionalidad francesa, como Juez Ad-Hoc ante el Tribunal Internacional. Chile también hizo lo suyo, designó al  Juez Francisco Orrego Vicuña, chileno de nacimiento y profesor de la Academia de Derecho Internacional de La Haya. Optó por un connacional entendiendo que así sus intereses estarían mejor salvaguardados.  Analizar si las consecuencias de  esta designación fueron buenas o malas, se pueden evaluar a partir de lo obtenido. No tengo la menor duda que, durante el proceso, el cabildeo chileno ha sido muy eficaz. Basta con analizar los resultados de las distintas votaciones, en las cuáles el número de votos que avalan la postura chilena es muy superior a los que nos dan la razón. Peor aún, ni siquiera el representante del Perú, Dr. Guillaume, votó por los argumentos de nuestro país como se señala a continuación.
Recordemos que la columna de nuestra demanda era que la frontera marítima se inicia en el Punto de la Concordia. Lo menos que podíamos esperar era que el juez Guillaume defendiera esta posición y la acompañara con su voto. No fue así. Votó a favor de la hipótesis chilena junto al representante chileno, Juez Francisco Orrego Vicuña y 14 jueces más. Consagró así, indefectiblemente, que la frontera marítima entre Perú y Chile se iniciaba en el Hito No. 1 y se prolonga a través del paralelo. ¡Quién iba a imaginar que un Juez designado por nuestra Cancillería votaría en contra de los argumentos del Perú, uno por uno, durante el proceso! Es una situación lamentable que por lo menos debería despertar nuestros sentimientos de indignación. Todo lo contrario a la forma como votó el juez de la parte chilena, que sí defendió la posición de su país, punto por punto, como se muestra a continuación:
-          El Juez chileno Orrego Vicuña votó en contra del señalamiento que la frontera marítima se extiende desde el Hito No. 1 hasta la milla 80. Lo hizo porque reclamaba para su país la totalidad,  las 200 millas. El Juez Guillaume, de la parte peruana, votó a favor.
-          El juez Orrego Vicuña votó en contra de la diagonal que nace en la milla 80. Lo hizo por lo anterior, que Chile merece las 200 millas y nada menos. El juez Guillaume  vota a favor.
-          El juez Orrego Vicuña fue el único que votó en contra de la decisión de la Corte de no pronunciarse sobre el triángulo exterior. Lo hizo porque la posición chilena es que ese triángulo les pertenecía. El juez Guillaume votó a favor de esa imprecisión.
Luego de ver la forma como votó nuestro propio agente Gilbert Guillaume  ¿cómo puede decir el presidente Ollanta Humala que está plenamente satisfecho con los resultados del fallo? ¿Cómo así los congresistas de la república celebran el veredicto  como un triunfo? ¿Cómo así se puede decir que hemos tenido un desempeño diplomático impecable cuando es todo lo contrario?
Humala celebra que Piñera le prometa una rápida implementación del fallo. No me sorprendería que en esta oportunidad Chile cumpla su palabra. Tienen motivos para celebrar:  han obtenido un fallo a la medida de sus intereses.

Juan Sheput

Artículo publicado en el Semanario "Hildebrandt en sus Trece"