Loading...

Google+ Followers

domingo, 24 de febrero de 2013

Cuando Alan García quiso derrocar a Alejandro Toledo

El APRA ha salido a desmentir la aseveración de Raúl Diez Canseco en el sentido que dirigentes apristas lo buscaron para derrocar a Alejandro Toledo. Sin embargo los hechos más bien desmienten a ellos. Hay una secuencia de eventos que permitiría inferir la desesperación aprista por derrocar a Toledo con lo cual se confirmaría su histórica impaciencia y su poco respeto por las formas democráticas.
Fernando Rospigliosi ha escrito un estupendo artículo sobre la intentona de derrocar a Alejandro Toledo por parte del Apra. En el mismo solo falta un hecho, muy importante además: que en el libro escrito por Ollanta Humala, De Locumba a Palacio de Gobierno, el actual presidente señala que en el 2005, año en el cual el Apra, presenta la moción de vacancia contra Toledo, Armando Villanueva del Campo lo buscara para pedirle que se levante en armas contra el presidente constitucional Alejandro Toledo. "Ahora estoy convencido que Toledo debe salir por la fuerza" le dijo el anciano político. Ollanta Humala se rehusó.
El artículo de Fernando Rospigliosi es el siguiente:
 
 
Las declaraciones del ex vicepresidente Raúl Diez Canseco, en el sentido de que los apristas le propusieron reemplazar en el cargo a Alejandro Toledo, han sido respondidas airadamente por Alan García y sus adeptos. Ellos han negado rotundamente esa intención. Pero la verdad es que sí quisieron derrocar a Toledo y adelantar las elecciones.
Nueva técnica latinoamericana
Cuando más cerca estuvieron de ese propósito fue en el 2004. La estrategia aprista era la misma que se ha usado en las últimas décadas en América Latina para derribar presidentes, y consiste básicamente en promover movilizaciones en las calles y luego obtener la renuncia del mandatario, o conseguir que el Congreso lo destituya por incapacidad moral o cualquier otro motivo.
Las experiencias de países cercanos estaban muy frescas e hicieron suponer a García que él podía lograr lo mismo en el Perú.
En octubre del 2003 Gonzalo Sánchez de Lozada había renunciado a la presidencia de Bolivia, asediado por huelgas, bloqueos de carreteras y disturbios que provocaron decenas de muertos, promovidos sobre todo por Evo Morales.
En diciembre del 2001 había corrido similar suerte Fernando de la Rúa en Argentina. En noviembre del 2000 Alberto Fujimori había renunciado por fax desde Japón, siendo destituido por el Congreso que no aceptó la renuncia.
Poco antes, en enero del 2000, Jamil Mahuad había sido derrocado en Ecuador, donde también había caído Abdalá Bucaram en febrero de 1997.
En marzo de 1999 el presidente del Paraguay, Raúl Cubas, renunció ante las protestas callejeras y cuando el Parlamento lo estaba procesando.
Esta media docena de presidentes derrocados –son más, antes y después– constituyen una muestra de la nueva técnica latinoamericana para derribar presidentes democráticamente elegidos, luego de que los Estados Unidos y la comunidad internacional prohibieran los golpes militares en esta región en la década de 1980.
Lo que falló
El 2004 Alan García creyó que la situación estaba madura y estableció las alianzas que más le convenían para tomar la mesa directiva del Congreso, paso indispensable para que el Parlamento pudiera destituir al presidente Toledo. (Hace algún tiempo, el congresista Javier Diez Canseco testimonió en estas páginas que Jorge del Castillo buscaba los votos para eso). Así, situó en la presidencia del Congreso a Ántero Flores Aráoz y en la vicepresidencia a Natale Amprimo.
¿Por qué el Apra, que era la primera minoría y cabeza de la oposición, no estaba interesada en ocupar los cargos más importantes de la directiva del Congreso? Porque cuando derribaran a Toledo, Flores Aráoz se convertiría en presidente de la República interino –encargado de convocar elecciones adelantadas– y Amprimo en presidente del Congreso. Ellos no necesariamente conocían la maniobra.
A Alan García no le convenía tener a un aprista como presidente interino, porque eso arrojaría sospechas de una posible manipulación de las elecciones a su favor. Flores Aráoz era ideal, porque pertenecía al PPC, partido de quien probablemente sería su principal rival, Lourdes Flores, pero que a la vez estaba enfrentado con ella por el liderazgo del PPC. Además, el ego colosal de García no toleraba otro presidente aprista, aunque sea interino.
Así, se suponía que Flores Aráoz jugaría un rol similar al que desempeñó Valentín Paniagua luego de la caída de Alberto Fujimori.
Esta parte de la estrategia aprista funcionó y el 27 de julio del 2004 se instaló esa mesa directiva del Congreso. Lo que falló fue la movilización callejera, los disturbios. El 14 de julio la CGTP y otras organizaciones decretaron un paro nacional, que sería el inicio de una revuelta popular.
Significativamente el Apra respaldó abiertamente el paro nacional de su archirrival la CGTP, y el mismo Alan García salió a las calles para asumir el liderazgo de las movilizaciones que acabarían con Toledo, imitando al mismo Toledo que había encabezado las manifestaciones contra Fujimori.
Lo que no calculó García es que a esas alturas la gente ya estaba harta de huelgas y revueltas. La economía ya estaba creciendo y el pueblo lo que quería era tranquilidad. El paro fue un fracaso total.
De esa manera, mientras Mario Huamán de la CGTP llamaba a derrocar a Toledo ante una raleada manifestación en la plaza Dos de Mayo, Alan García obtuvo una imagen que dio la vuelta al mundo, desahogando su frustración con una soberana patada en el fundillo de Jesús Lora.
El fracaso obligó a García a desistir de su propósito y se resignó a esperar el 2006. Como ya no le interesaba el control del Congreso, la siguiente elección de la mesa directiva la ganó otra vez el oficialismo.
Hoy día García y el Apra juegan también a acortar el mandato de una autoridad elegida, la alcaldesa de Lima. Aunque el mecanismo es legal, su propósito, como antes, solo tiene un objetivo, ayudar a García a regresar al poder.