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sábado, 5 de mayo de 2012

Ollanta escucha bota a tus ministros

Hemos puesto en plural la frase que ayer lanzaran los amigos y familiares del fallecido heroico combatiente César Vilca cuando el ministro del Interior Daniel Lozada se acerco a su sepelio. Y la hemos puesto en plural porque si el presidente Humala insiste en mantener a un grupo que ha demostrado incompetencia como el premier Oscar Valdés, Alberto Otárola y Daniel Lozada pues el pedido de acciones radicales se puede extender a todo su gabinete y alcanzarlo a él, al propio presidente, en lo que sería una grave crisis de gobernabilidad.
El presidente Humala tiene un gran déficit político. Ha olvidado que ha sido elegido por descarte y más por errores de sus adversarios que por propios méritos. La ciudadanía le concede un alto porcentaje de popularidad fundamentalmente porque no ha cometido las locuras con las que amenazó a la economía. Llegado al poder se desprendió de sus aliados de izquierda, los mismos que lo acompañaron desde hace 8 años y que lo presentaron en sociedad.
Humala ha decidido irse de viaje en algo que ya es un patrón de comportamiento: huye o se esconde cada vez que hay problemas. Parece que sus asesores no le cuentan lo que indignados ciudadanos dicen en las ondas radiales, que si no bota a sus ministros el pueblo lo botará a él.
Es claro que esto es un despropósito, pero el presidente no puede jugar con fuego. La indignación ciudadana es creciente y la incapacidad política del gobierno se manifiesta en que en menos de un año se han incrementado los conflictos sociales  y las fuerzas armadas y policiales están desmoralizadas.
Es un error creer que es un triunfo del terrorismo si se censura a los ministros. Es un error insistir en incapaces que con su desordenado accionar fortalecen al terrorismo.
Hace unos años Ollanta Humala, como recuerda hoy Renato Cisneros en un excelente artículo, exigía al presidente García que no se quede en Palacio tranquilo mientras los soldados peruanos mueren en el VRAE.  Ahora cuando presidente Ollanta Humala, el soldado, el comandante, no se queda en Palacio, se va a Japón con la familia, a disfrutar en viaje oficial mientras su gobierno enfrenta una censura ministerial.
Nunca antes se ha visto que un Ministro, Daniel Lozada, salga escondido mientras la gente lo expulsa de un sepelio. Y nunca antes se ha escuchado a ciudadanos exigiendo a un presidente que bote a un ministro. Sin embargo Olllanta se niega a escuchar y prefiere irse de paseo al Japón.