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domingo, 26 de septiembre de 2010

Elecciones municipales y la debacle del pensamiento único

No como consecuencia del resultado de las elecciones municipales, sino de las contingencias del proceso electoral, si a estas alturas hay un derrotado, ese es el pensamiento único, entendiendo por este a esa forma de pensar que nos quiere imponer, a toda costa, una sóla forma de ver y asumir los asuntos públicos.
Una de las exitosas imposiciones del fujimontesinismo fue el pensamiento único, maquillado algunas veces de autoridad y firmeza, otras de modernidad o liberalismo. Las soluciones sólo podían tener un punto de vista. Las opuestas, ajenas o discrepantes, ni siquiera eran dignas de debatir. Ante el surgimiento de una opción distinta a la emanada desde los intereses de los defensores o beneficiarios del "sistema", de inmediato salían al frente funcionarios aceitados, opinólogos por encargo o empresarios que temían perder su cuota de poder, a tergiversar, destruir, desviar o desinformar respecto a aquellos que pensaban diferente.
Más allá de los resultados electorales, y luego de 8 años en los cuáles la situación de deterioro de Lima nos hace pensar que no ha habido alcalde, hoy se puede discutir desde diversas posibilidades. Desde Alex Gonzáles hasta Susana Villarán, todos los candidatos que se encuentran en competencia han planteado nuevas formas de entender, ver y sentir a la ciudad.
El discurso monotemático de las "obras", el cemento y el concreto, que nos ha costado ciudadanía, ha cedido el paso a propuestas más blandas y efectivas como la protección de los acantilados, a que se llame la atención a las empresas constructoras (destructoras de la urbanidad) , a que se de prioridad al tema de la seguridad o a la contaminación ambiental así como la bienvenida a un ambiente en donde la transparencia será la principal diferencia de la gestión actual.
El pensamiento único ha sido pues derrotado. La andanada político-empresarial-mediática no ha podido con el nuevo mensaje que tiene un claro tinte progresista, en donde la ciudad debe ser recuperada para los ciudadanos y en donde las posibilidades de un debate, sin insultos ni tergiversaciones, pueda ser la antesala de un país que ahora sí, sueña con un desarrollo a partir del respeto fundamental a la persona humana.