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miércoles, 28 de julio de 2010

Alan García y un mensaje presidencial para el olvido

No podemos negar que el presidente García empezó bien su mensaje. Un compromiso con la democracia y la promesa de no intervenir en el próximo proceso electoral, cuya convocatoria fijó el 10 de abril como fecha de elecciones, nos hicieron sentir, por un momento, que estábamos al frente de un discurso digno de un estadista. Pero poco a poco la realidad se impuso. La confrontación asomó en el discurso y el presidente García optó por romper lo que había prometido minutos antes y se dedicó a lanzar puyas e indirectas a los miembros del partido nacionalista.

Los ánimos se contagiaron y al enfrentamiento se unió la vulgaridad y la chiquillada. Decenas de congresistas competían en gritos y aullidos, cuando no aplausos y carpetazos, quitando majestuosidad a una ceremonia en la cual se celebra un aniversario de la patria. Nos dirán, qué podemos esperar de un Congreso tan devaluado y de tan bajo nivel, pues simplemente un arranque de dignidad, una actuación con decoro en la fase final de su mandato, una actitud que esté a la altura de la ceremonia patria, pero no fue así. Poco faltó para que los congresistas oficialistas tronaran sus vuvuzelas al ritmo de las palmas apristas.

Tal como se había previsto no hubo nada nuevo en el mensaje. El presidente que destruyó la descentralización hizo un llamado para su reconstrucción. Se mencionaron las obras que se han hecho, pero no se mencionó que estas son el principal abono de la corrupción. En este sentido el presidente se refirió a los petroaudios y a COFOPRI, ambos escándalos de corrupción que involucraron a los dos dirigentes máximos del aprismo.

En fin un discurso para el olvido. Digno de un gobierno que manejó las riendas de la economía en piloto automático. Nada que lleve a la reflexión.

Una mención final para el novísimo presidente del Congreso César Zumaeta. En su primera exposición pública demostró que el cargo le queda grande. Fue incapaz de poner orden en un Congreso que se comportaba como un grupo de niños en recreo. No llamó al orden y si lo hizo, tímidamente, nadie le hizo caso. Al igual que en su juramentación, en la cual hasta se cantó "chino, chino, chino", en esta oportunidad todos los congresistas cumplieron con su rol de demostrar lo devaluada que está la política en el Perú. Es decir, César Zumatea, es el presidente que mejor representa al Congreso actual. En ese sentido muy acertada su elección.