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jueves, 24 de junio de 2010

La deplorable calidad del debate público


Cuando escucho los insultos o referencias de muy bajo nivel, del presidente Alan García, para referirse a un opositor, me pregunto si de algo vale ser un político experimentado para mejorar el nivel del debate público.

Un síntoma de nuestro clamoroso subdesarrollo es la muy baja calidad del debate público. No interesa el tema que se trate. Hay una imposibilidad casi genética en promover debates de altura o que tengan como protagonistas a grandes temas.

Si alguien discrepa estalla la histeria colectiva. El insulto se impone sobre el argumento. La descalificación es la herramienta que destruye la discrepancia. Cuando no es así, es decir en la excepción, el silencio evita la necesaria confrontación. Sin debate de ideas no hay posibilidad de mejorar la propuesta. Pierde el país.

La experiencia política que representa el partido de gobierno y que es engreida con comentarios exagerados como que es el único partido político del país, de nada sirve para mejorar la calidad del debate político. Dicho con otras palabras, las mañas y argucias que conoce el partido de gobierno, construida en base a una trayectoria en el Parlamento que históricamente le sirvió de refugio e instrumento de destrucción, de poco le sirve al país pues no hay un debate de grandes temas y, peor aún, no hay disposición para el debate.

Si esas mañas y, seamos generosos, vivezas, fueran utilizadas para discutir políticas públicas en pro de la educación, la salud, la defensa, los derechos humanos, la economía, otra sería la situación del Perú. Pero no es así. El Partido Aprista ha apostado por la defensa de intereses nefastos para el interés nacional, el blindaje de prácticas corruptas, como lo demuestran sus alianzas políticas y el impedimento de cualquier posibilidad de debate, por el temor a que sean desenmascaradas la fragilidad de sus propuestas. La penosa situación se maquilla impulsando el "debate" de temas que lindan en lo ridículo como la declaración del "día del pollo a la brasa".

Si desean pensar en un ejemplo, pues analicen lo que pasa con temas como el de derechos humanos o educación, o si lo desean con corrupción. Si alguien plantea una posición discrepante los funcionarios o políticos gubernamentales empiezan con la descalificación, pasan al insulto, movilizan a sus comentaristas afines que pululan en la prensa escrita, la radio o la televisión y punto final, así se acaba cualquier posibilidad de brindar al país un debate alturado y saludable.

Es el subdesarrollo que anida en la mente de los políticos formados a la usanza del PRI mexicano, que nos mantiene en la pequeñez del Tercer Mundo, en la distracción telenovelera. Y es el deterioro de la política, a cargo, paradójicamente, del partido político "más organizado".