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miércoles, 11 de marzo de 2009

Finta, chiche, pared. Jugamos bonito...pero perdimos

República Bananera es un término que sirve para describir a aquellos países que tienen gobiernos corruptos, autoritarios, populistas pero sumisos al poder económico.
Cuando el humorista O. Henry acuñó ese término lo hizo pensando en la contradicción existente entre la tiranía con el pueblo y el agachamiento de cabeza con los intereses económicos. Lo más gracioso es que los países desarrollados se mostraban contentos con este tipo de repúblicas pues podían, literalmente, hacer lo que se les viene en gana.
Uno de los requisitos fundamentales para establecer una República Bananera es tener un elenco político fintero, es decir un gobierno con individuos que hagan de la política un acto permanente de demagogia, que digan una cosa y hagan otra, que no les interese el futuro ni tengan una visión de país. La gobernabilidad en las Repúblicas Bananeras es cosa del momento, donde se perdonan los actos de corrupción con tal que se sigan haciendo buenos negocios. Para que un país devenga en República Bananera se requiere de gobernantes sin escrúpulos y sociedades indiferentes ¿está pasando eso en el Perú?
Es así que al interés económico, que al fin de cuentas es el que manda en estos países, le interesa la eficiencia de "sus" políticos, en la medida que ataranten al pueblo, lo engañen, lo distraigan, para que así la corrupción pase inadvertida, la falta de reformas también y todos estén contentos o atarantados.
Pero no sólo políticos sumisos hay en las repúblicas bananeras. Para completar el cuadro necesitan también de "sus" formadores de opinión, por lo general periodistas sin norte y con principios volubles, que justifican u ocultan los actos de estos políticos subdesarrollados porque le convienen a un sistema en el cual el poder económico que no trae desarrollo requiere de gobernabilidad.
Así sucedió con Alberto Fujimori. Así sucede con Alan García. Ambos actuaron y actúan con gran finta pero en movimientos que sirven para atarantar y engañar pero no para educar. Ambos podían y pueden hacerlo porque en las repúblicas bananeras es difícil encontrar un número decente de periodistas que los critiquen: la mayoría es sumisa o los justifica.
Si Alan García fuera presidente de países que entienden el desarrollo como un esfuerzo duro y de largo plazo, como Colombia o Costa Rica en el ámbito regional, sus fintas y actos populistas habrían sido denunciados como tales, pulverizados, por el perjuicio que en el horizonte de largo plazo causan al país. Pero como está en el Perú puede fintear porque sabe que lo van a aplaudir, tanto como lo aplaudirían en Chile si es que sus fintas favorecen al país del Sur. Ya desde el siglo XIX la prensa chilena ha aplaudido a los gobernantes peruanos afines a sus intereses: este último domingo La Tercera de Chile, en su serie Reportajes alaba "las jugadas maestras de Alan García". No es para menos. Ni Portales habría soñado con un gobierno peruano tan sumiso como el actual.
Así es que tenemos un presidente como Alan García que, como dice Augusto Álvarez Rodrich en su columna de hoy, se parece en sus fintas a César Cueto, que comos sabemos hacía delirar a las tribunas. Ya el entrenador de la selección peruana Didí hablaba del "joga bonito", claro, del juega bonito que lograba aplausos pero no goles. Ese es el drama de las repúblicas bananeras. Que su política se parece al fútbol que practican, es para el aplauso y no para el triunfo. Como dicen nuestros locutores deportivos a cada rato "La selección peruana jugó anoche un gran partido............. pero perdimos".
Así es Alan García. Un gobernante que utiliza la política no para educar sino para fintear. Hace paredes con Yehude, fintas con Meche y la juega de taquito con Giampietri, pero nada más. La política practicada por García no es para convencer y advertir que en el camino del desarrollo los atajos llevan al despeñadero. La política para García es estar bien con Dios y con el diablo si eso sirve para las encuestas. Ignora o no ha aprendido que eso inmoviliza por tanto retrocede. Es el tipo de política que confunde hinchazón económica con crecimiento sostenido. Es el peor tipo de política que se puede hacer, pero se hace y se tolera porque nuestras élites son subdesarrolladas y se contentan con lo coyuntural y con las posibilidades de hacer negocios hoy, siempre hoy, sin pensar en las generaciones que están por llegar.
No nos debemos asombrar. Una y mil veces vamos al estadio, vemos la finta y deliramos, vemos el chiche y apludimos, vemos el taco y nos paramos, al final salimos perdiendo y como buenos tercermundistas nos consolamos porque al menos gozamos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Alan garcía es un politico de mucho chiche y huachitas, pero es un pobre hombre que todo lo generaliza. solo puede convencer a nuestro pobre país conb empresaurios y gente desinformada.

Mario B. dijo...

QUÉ TAL ALVAREZ RODRICH!!