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sábado, 21 de junio de 2008

La desaparición de la Costa Verde

"Las playas nos pertenecen a todos" es una frase que sólo sirve para el papel pues en la práctica es una burla que agrede día a día a millones de ciudadanos. No contentos con apropiarse de las playas del Sur y Norte Chico del país, ahora, ha empezado la etapa de apropiación ilícita de la Costa Verde en aras de una supuesta "inversión".
La Costa Verde era un paraíso visual, un espectáculo natural que algunos tuvimos la suerte de gozar. La actual generación y las que vienen no podrán contemplar la media luna costera que, libre de edificaciones, se extendía entre Chorrillos y el Callao. La otrora hermosa Costa Verde, por obra y gracia del alcalde de Lima Luis Castañeda Lossio y con el auspicio entusiasta del regidor Marco Parra está siendo puesta en manos de malos empresarios, sin sentido social, sin visión de futuro, que no entienden lo que es patrimonio urbano, espacio público ni activo natural de la ciudad.
En plena Costa Verde se están construyendo bodoques de cemento, mal llamados restaurantes, en lugares que antes fueron espacios públicos: Rústica y Cala son dos ejemplos de ellos, que compiten en posicionamiento sobre áreas públicas y atentan contra la libre vista y visita del lugar. Se han construído canchas de fulbito en la zona costera de la playa Barranquito según algunos propiedad del grupo Delgado Parker, de allí la defensa permanente que de estas malas apropiaciones hacía Panamericana Televisión.
Pero el crimen natural no queda allí. Lo que fueron los Yuyos y las Sombrillas, lindas playas populares, ahora serán invadidas por un club de yates y un supuesto hotel sin ningún respeto por los espacios públicos. Sobre eso pensamos, qué extraños negocios se están cocinando o en todo caso, justificando alguna ignorancia, si al alcalde Castañeda Lossio no le interesa el Teatro Municipal menos le interesará que se acabe con un espacio natural.
El atrevimiento y la falta de autoridad -cómplice sospechosa- es tan evidente que estando prohibido que se construya en época de verano, la empresa que construye el club de yates lo sigue haciendo a vista y paciencia del actual alcalde de Barranco Antonio Mezarina Tong, que ganó las elecciones haciendo campaña por la recuperación de las playas, cosa que evidentemente no ha cumplido.
Ante ello nos preguntamos ¿A qué nivel hemos descendido como sociedad? ¿En qué nos hemos convertido? La mediocridad se transforma en excelencia con el silencio y la complicidad de algunos medios de comunicación. Hay caos en el transporte, la suciedad está en medio de la ciudad, la inseguridad y la prostitución campean, destruyen la Costa Verde y el señor Castañeda Lossio goza de un totalmente inmerecido 80% de popularidad. Bastan una piletas señaladas como corruptas y una escaleras para convencer al pueblo limeño. Por eso nos hacen lo que nos hacen. Hasta en el Callao pagamos un peaje que nació de una conversación entre Alex Kouri y Montesinos en la sala de la corrupción del SIN y no pasa nada.

La Costa Verde está desapareciendo gracias a manos sucias que algún día se tendrán que investigar. Mientras Cartagena en Colombia, Guayaquil en Ecuador, Punta del Este en Uruguay y Río de Janeiro en Brasil tienen lindas costas libres de edificaciones, el alcalde de Lima se empeña en llenarlas de ladrillos y huachafas fachadas mal llamadas rústicas.

Pero lo peor de todo no es lo que hace el alcalde de Lima y su regidor Marco Parra. El problema de fondo es la sociedad que asiste indiferente a dichos lugares hoy privados que antes fueron hermosos espacios públicos.

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