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lunes, 22 de junio de 2015

La gran encíclica ecológica del Papa Francisco

La gran encíclica ecológica del Papa Francisco
Atrapados por la coyuntura y abocados a nuestros pequeños y lamentables problemas, el país cada vez está asumiendo un comportamiento tribal, aislado de los grandes temas y eventos que suceden en el mundo.
Es así que salvo actos aislados y nada publicitados, pasaron sin pena ni gloria el centenario de las acciones armadas de la Gran Guerra (2014), el bicentenario de la batalla de Waterloo (mayo 2015), los ochocientos años de la Carta Magna (junio 2015) y discusiones importantes de carácter geopolítico como el nefasto papel de la inversión China y, muy recientemente, la encíclica papal sobre el cambio climático. Mientras en países vecinos la academia y los medios de comunicación dedican espacios a estos importantísimos temas en nuestro pequeño país estamos abocados a temas muy propios de lo que llamo nuestra involución intelectual,  social y cultural.
La encíclica “Laudato si” (“Alabado seas”), ha sido considerada por jefes de Estado, monarcas y científicos de renombre como el más importante documento que, sobre el cambio climático, se ha publicado en todos los tiempos. La expectativa de su lanzamiento el último 18 de junio fue tan grande que algunos medios italianos no aguantaron la tentación y tuvieron que filtrar partes del mismo, lo que originó una inmediata discusión. En dicha encíclica el Papa Francisco hace un llamado a detener el consumismo enfermizo, fustiga a las grandes empresas, llama a la política a que tenga más dignidad y se emancipe del poder económico y cuestiona los pocos esfuerzos e indiferencia con que encaramos los graves problemas que ya estamos padeciendo como consecuencia del desprecio por el medio ambiente.
El papa Francisco ha señalado que la Tierra se ha transformado en un gigantesco depósito de inmundicias. Tiene toda la razón. Esto no aparece en la encíclica pero lo traigo a colación. Por si no lo saben, existe un continente inmundo, compuesto de plásticos, botellas, bolsas y basura no degradable. Se le conoce como La Sopa de Plástico y es del tamaño de Australia y flota en el medio del Océano Pacífico causando una gran cantidad de daños al clima y a la supervivencia de las especies. Los lobistas industriales ocultan esta noticia para que no nos horroricemos de lo que acontece. El resultado es que, porque nos siguen ocultando el deterioro del mundo, seguimos contaminándolo alegremente pulverizando nuestro futuro y la calidad de vida de las futuras generaciones.
Volviendo al tema, científicos renombrados y hasta la magnífica revista Science han señalado que la encíclica del Papa puede ser la llave que cambie el rumbo del deterioro de la Tierra por el cambio climático. Es que una encíclica papal es un documento de carácter moral que se envía a los obispos para que estos a su vez lleven el mensaje a todos los feligreses. Desde este domingo, centenares de millones de católicos escucharán las advertencias sobre el cambio climático y reflexionarán sobre el mismo. Los católicos serán un músculo en la lucha contra el deterioro de nuestro planeta.
Gran encíclica, monumental. Si tenemos hijos y queremos tener nietos y bisnietos que gocen de la misma calidad de vida que hoy podemos tener, debemos alegrarnos por esta noticia que nos trae un químico que se hizo cura y ahora es papa: Francisco.

Juan Sheput

Mi columna publicada en la revista Velaverde

lunes, 15 de junio de 2015

800 años de la Carta Magna

Mi artículo publicado hoy en la revista Velaverde tiene que ver con los 800 años que hoy, 15 de junio, cumple la Carta Magna británica:

800 años de la Carta Magna
Entre Windsor y Londres, en medio de las aguas del Támesis, fue firmada hace 800 años la celebérrima Carta Magna. Fue vista como un documento de paz. La violencia desatada por Juan Sin Tierra entre los barones del reino tenía que tener un límite y este nació cuando los nobles dijeron basta y redactaron, con el apoyo del Obispo de Canterbury,  un documento que por primera vez ponía límites a quien no deseaba ningún tipo de topes para ejercer su poder, el Rey de Inglaterra.
Desde su nacimiento se convirtió en un mito. No sólo originó un periodo de turbulencias sino que encontró a un grupo dispuesto a defenderla. En un contexto como el medieval, en que había que ser especialmente valiente para enfrentar la furia de los reyes, el que la comunidad de barones del reino nombraran a veinticinco nobles para que ajusticiaran al Rey si es que se oponía a su cumplimiento, fue la base de las monarquías constitucionales y del parlamentarismo.
La Carta Magna fue el origen de preceptos que contribuyeron al crecimiento y fortalecimiento de la democracia en el mundo occidental. El primero, y más recordado, es que nadie está por encima de la Ley, ni siquiera el monarca. También el derecho a juicio. Sobre ambos se ha construido una arquitectura institucional que hace de Gran Bretaña una nación donde prima la confianza y se respetan los estatutos.
La Carta Magna fue el  documento que inspiró otras grandes manifestaciones de la civilización: La Declaración de Derechos en los Estados Unidos en 1791 y la Declaración de los derechos del Hombre y el Ciudadanos en 1948. A pesar de sus ocho siglos de vigencia ha sido apoyo y fuente de inspiración para gigantes como Thomas Jefferson, Mandela o Ghandi quienes apelaron a ella para sostener sus planteamientos de justicia o libertad.
Al recordar los 800 años de la Carta Magna no podemos dejar de lado una reflexión sobre nuestra pequeñez política. El Perú se debate entre gobernantes improvisados que buscan artimañas y leguleyadas para escapar del imperio de la Ley o de la rendición de cuentas. Padecemos de un tinglado político preocupado del interés personal o de la riqueza monetaria antes de la avidez por la historia y la trascendencia. Vemos día a día la debacle de nuestro sistema político y somos incapaces de reconocer que la actual Constitución no da para más y que es necesario reformularla.  Mientras en Gran Bretaña la academia, la política y las élites se sienten orgullosas de mantener vigente el espíritu de los barones que se enfrentaron al poder absoluto en 1215 en el Perú la academia compite con la política en medianías y lugares comunes y las élites simplemente no existen.
No todo está, sin embargo perdido. Recordemos las grandes instituciones del mundo occidental para buscar reaccionar y brindarle así al país las bases para un resurgimiento cívico y constitucional.

Juan Sheput

lunes, 1 de junio de 2015

El poder desgasta… a quien no lo tiene


Al oficialismo le encanta comparar los niveles de popularidad del presidente Humala con los de sus dos predecesores. Se jactan de encontrarse por encima de aquellos que no contaron con los gigantescos recursos económicos con los que cuenta el gobierno actual. Sin embargo en los últimos días guardan silencio. No dicen lo que ya se evidencia. Que, a diferencia de los dos presidentes anteriores, Alejandro Toledo y Alan García, que incrementaban su popularidad conforme se acercaban al fin de su mandato, el presidente Humala desciende mes a mes sus índices de aprobación. Mientras Toledo y García culminaron sus gobiernos con indicadores por encima del 50% todo parece indicar que Humala seguirá en caída libre. Es una clara señal que los ciudadanos sienten, perciben que, a diferencia de los gobiernos del pasado reciente, el de Humala entregará al país en peor situación. 
El legado de Humala se empieza a notar con los síntomas de gravedad social que vive la nación. No sólo hizo de la traición una costumbre sino que se empeñó en servir a aquellos a los cuáles ofreció combatir. Con lo que va de su gobierno los indicadores económicos han empeorado tanto como los indicadores sociales. Se ha incrementado la influencia de los poderes fácticos. La inseguridad ciudadana  es la normalidad con su sintomatología de asesinatos, robos y sicarios. La corrupción empieza a transmitir un hedor que ya no se puede controlar y el desorden y la protesta confirma a un gobierno sin talento político, que va a la deriva.
El gobierno del presidente Humala no ha entendido lo que es el poder. Giulio Andreotti, apodado Luzbel por ser implacable en lo político, siete veces Primer Ministro de Italia, decía en uno de sus celebrados aforismos que “el poder, efectivamente, desgasta… pero al que no lo tiene”. Amigo de los papas, hombre que comulgaba todos los días,  pero a la vez íntimo de Toto Riina, el “capo di tutti capi”, Andreotti sabía lo que decía.
El desgaste que sufre el gobierno es porque no sabe ejercer el poder y habría que preguntarse si lo tiene todavía. Por lo pronto conserva, por el momento, un buen número de congresistas pero día a día pierde legitimidad. Las amenazas, gritos o insultos de algunos ministros ya se ven como pintorescos. Han perdido la credibilidad y no son interlocutores válidos. La oposición tiene la oportunidad de ejercer el poder con responsabilidad, evitando un mayor deterioro del país.
El poder también desgasta a quiénes no lo entienden. Los advenedizos en política creen que el poder es eterno. Ignoran lo elemental, que el poder es lo más parecido a un péndulo, hoy lo tienes, mañana no se sabe. Y en la creencia que el poder es para siempre cuando lo detentan se dedican a criar enemigos, ignorando otra máxima de la política, la de saber atraer adversarios y buscar convertirlos en aliados. Ya todo parece una comedia. Por eso los meses que faltan para el cambio de gobierno,  algunos los empiezan a ver con la angustia del condenado, como si fuera  una cuenta regresiva.
Juan Sheput



Artículo publicado en revista Velaverde del 1 de junio del 2015