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sábado, 28 de febrero de 2015

Ingeniería Política

Ingeniería Política
En pocas semanas el presidente Ollanta Humala, según mandato constitucional, hará la convocatoria a elecciones. En ese momento el proceso electoral se pondrá en marcha y las reglas de juego no podrán modificarse. Es decir, de no plantearse  el inicio del debate político correspondiente, estaremos inmersos en un nuevo calendario electoral con idéntico formato al vigente.
Charles Maurice de Talleyrand decía que cuando algo es urgente es porque ya era demasiado tarde. Si nos acogemos al realismo y somos conscientes de las limitaciones del momento podríamos decir que la frase del diplomático francés aplica a nuestras circunstancias. Sin embargo, vale la pena hacer el esfuerzo. El Perú no tiene posibilidades de ser un país desarrollado si no mejoramos la calidad de la política. Tenemos un marco legal y constitucional que no es el adecuado para el tiempo que vivimos. A pesar de ello, debemos construir una respuesta acorde a nuestra realidad aunque desafortunadamente a veces se crea que importando soluciones la mejora cae por añadidura. Un ejemplo de ello lo mencionó hace poco Jorge Nieto, cuando indicó que los planteamientos de mejora en nuestros proyectos de reforma electoral ya los tiene México que, como sabemos, sufre las consecuencias de una clase política sumamente cuestionada.
¿Ello nos debe inmovilizar? No. Durante años se ha puesto el esfuerzo en evitar cualquier tipo de reforma constitucional o legal. Y la negativa ha venido, mayoritariamente, de líderes de opinión ajenos a la política o de poderes fácticos que se sienten cómodos con un elenco parlamentario mediocre, inundado de sujetos cuestionados y por tanto altamente manipulable. Si existe en estos momentos una mala percepción de la política es porque la opinión pública habla por lo que ve, y lo que ve es consecuencia de elecciones amañadas internas, caudillismos irredimibles, invitados que son recomendados por lobistas, candidatos que buscan en la inmunidad parlamentaria al seguro que los libre de la cárcel y financiamiento privado de campañas. Hacer una reforma electoral que impida que esto siga ocurriendo es algo que minimizará el problema pero, debe quedar en claro, no lo acabará.
Estoy de acuerdo con el inicio de un debate político en el Congreso, sin embargo, no se debe apelar al hecho de la sensibilidad parlamentaria ante la presión pública. Esto es infantil. En el Congreso también hay políticos con trayectoria, que actúan con responsabilidad  y entienden que una agenda bien puede ser propuesta desde la sociedad.
El debate político nos permitirá separar la realidad del romanticismo, este último también dañino. Insistir en cuotas de género o para jóvenes no creo que sea sustantivo en estos momentos. No hay cifras ni hechos concretos que demuestren que las cuotas para sectores específicos mejoren la política. Distraería y nos alejaría de la línea mínima que proponen los organismos electorales.
Este debe ser el primer paso para una reforma política integral, diseñada con mecanismos propios de la ingeniería política, es decir, buscando la coherencia entre las partes que forman el sistema: Constitución, leyes y estatutos partidarios. Si seguimos con soluciones aisladas la fuerza de la realidad hará que retroceda cualquier esfuerzo de modificación del sistema,  pues será equivalente a aplicar más energía al caos.
Juan Sheput




miércoles, 25 de febrero de 2015

Comunicado del Club de Madrid sobre abusos en Venezuela

El Club de Madrid es una organización de gran nivel a la cual pertenecen una serie de expresidentes de países pertenecientes a diversos continentes. Ha hecho eco de los abusos en Venezuela y se ha manifestado cuestionando los recientes eventos que han costado la vida de ciudadanos y el encarcelamiento de diversos opositores. La Unión Europea y el Club de Madrid se pronuncian en tanto los presidentes de esta parte del continente permanecen vergonzosamente en silencio.

Aquí pueden leer el Comunicado del Club de Madrid 

¿Los derechos humanos tienen precio? A propósito de Venezuela y el silencio de América Latina

¿Los derechos humanos tienen precio?
La columna de opinión se desplaza, por lo general, en el mundo de la coyuntura. Tiene en la reflexión de lo local su insumo y alimento. Sin embargo a veces es necesario distanciarse un poco de lo cotidiano para ver con detalle asuntos grávidos. Y uno de ellos es el financiamiento de campaña, que atañe a los partidos políticos y, por extensión, a los gobiernos cuando uno de aquellos triunfa en la lid electoral.
En los últimos días estamos viendo el drama que acontece en Venezuela. La situación de abuso contra los opositores ha llegado a niveles que no nos pueden ser indiferentes. Asesinatos, secuestros, separación de familias, hostigamiento laboral,  cárcel en condiciones infrahumanas, son parte de un día a día venezolano que pronto superará lo descrito por Mario Vargas Llosa en  la mejor novela de este siglo, La Fiesta del Chivo.
Sin embargo el drama torna en doble porque hay silencio de los que deben hablar. Hay una complicidad en la mayoría de presidentes de América Latina que han optado por permanecer callados cuando juntos deberían dar un grito llamando la atención. La historia de nuestro continente está llena de abusos que se pensaron superados como para admitir su renacimiento. Y Venezuela es hoy el estandarte del desprecio por los derechos humanos, con el agregado vergonzante de la complicidad silente de los mandamases latinoamericanos.
¿Debemos aventurar el porqué de este silencio? Pues sí, las circunstancias lo exigen. Las últimas campañas en América del Sur fueron sazonadas por dinero proveniente de los altos precios del petróleo de los que gozaba Venezuela. Acusaciones diversas de financiamiento extranjero de campaña se dieron en todos los países aliados de Hugo Chávez. Desde Correa en Ecuador hasta Humala en Perú, pasando por los presidentes actuales de Argentina, Brasil y Bolivia, todos fueron acusados por la prensa de haber sido financiados con dinero venezolano. Y por esas cosas de la casualidad, son estos mandamases los que hoy callan ante los abusos que comete Nicolás Maduro contra su propio pueblo.
En ese sentido no debemos olvidar la forma como Nicolás Maduro, de manera atrevida, le pidió al presidente Humala que cambiara a nuestro Canciller Rafael Roncagliolo. Lo hizo porque este último pidió tolerancia y diálogo para con la oposición venezolana. De manera poco digna, en esa oportunidad, el presidente Humala se quedó callado.
¿11 millones de soles es el precio de los derechos humanos? No quiero ni pensarlo. Sería penoso que así fuera. Lo que sí creo es que nuestro país es heredero de una tradición de defensa de los derechos humanos que con su actitud el gobierno del presidente Humala no está honrando.

Juan Sheput

Columna publicada hoy en Exitosa Noticias


martes, 24 de febrero de 2015

Del uso electoral de los programas sociales

Del uso electoral de los programas sociales
Es importante mirarnos en el espejo venezolano por más de una razón. La principal es que existe un peligro evidente de que el próximo proceso electoral, en nuestro país, esté contaminado de afrentas, descalificaciones, audios manipulados y otros productos que tenga a bien sacar una administración que, en lugar de aceptar el fin de su mandato como uno de democrática competencia, está involucrada en temas como corrupción, reglajes, uso de los servicios de inteligencia y populismo desenfrenado que, por asuntos importantes como el espionaje, han logrado pasar a un segundo plano. Inclusive el temor por enfrentar nuevas acusaciones ha obligado al gobierno a emitir normatividad cuestionada y, desde mi punto de vista, inconstitucional, como la prohibición al acceso a información pública como los viajes al exterior de personajes vinculados al poder.
Pero hay un hecho más importante que ha sido tapado por el escándalo del reciente espionaje por parte de marinos peruanos para el vecino del sur. Se trata de la actitud del presidente Humala en relación al uso de los recursos del Estado en los programas sociales. Es una actitud cuestionable que exige de la vigilancia de los partidos democráticos. Analicemos por qué.
Hay una vieja fórmula usada por los tiranos latinoamericanos. Tiene que ver con la creación de dependencia en base a las dádivas que se da a las personas de menores recursos. La fórmula es simple. Se identifica un sector necesitado de algún programa social, luego se le brinda la ayuda, en algunos casos desmedida, lo cual genera dependencia y luego se le imparte temor ¿qué tipo de temor? Pues que le quiten los beneficios, lo cual hace que el dependiente fije su mirada en el benefactor. En los recientes procesos de re-reelección latinoamericanos ha sido común la ayuda, luego la dependencia y finalmente la amenaza en el sentido de que si se cambia de presidente le quitarán el programa social. Así se aseguran los votos, con esta mezcla de clientelismo y temor.
Hace menos de una semana el presidente Humala, en Huánuco ha aplicado esta fórmula. Ha dicho que como nunca antes, se está ayudando a los más pobres. Ha señalado que los programas sociales son prioritarios para su gobierno y que es la principal preocupación de él y su esposa y, siguiendo el manual al pie de la letra, a continuación ha acusado a los políticos tradicionales de estar “hablando ya de eliminar los programas sociales”, de eliminar Qali Warma y Pensión 65 si llegan al poder. Esta actitud, que contamina el tema electoral,  no obtuvo respuesta de la oposición: el espionaje, por su importancia, sirvió para dejar el tema, momentáneamente de lado.
Por otro lado con dicha actitud,  el presidente ha demostrado que el diálogo con las fuerzas políticas era tan sólo una maniobra para ganar tiempo. El cambio de ministros era indispensable no solo por los cuestionamientos sino por la reconocida mediocridad de los salientes. Pero el plan A sigue vigente, golpeado por determinadas circunstancias, pero vigente. Allí está.

Juan Sheput

Artículo publicado en la revista Velaverde del 23 de febrero del 2015


miércoles, 11 de febrero de 2015

Pecando de Ingenuidad, a propósito del cierre de la DINI

Pecando de ingenuidad
Imagine usted a los integrantes de la vilipendiada Dirección Nacional de Inteligencia DINI escuchando por los medios de comunicación a las autoridades de este gobierno señalando que la DINI será reestructurada, decretando su cierre, que se hará coordinando con el Parlamento. ¿Qué creen que harán en la DINI, en el supuesto que esté involucrada en alguna irregularidad? Pues habrá recibido el venturoso anuncio de proceder a destruir u ocultar cualquier prueba que la comprometa pues de lo contrario, la “Junta de Notables” podría complicarle su destino.
Lo que estamos viviendo ya parece una comedia sin fin. Lo que procede en situaciones como esta es, de manera discreta, intervenir la DINI, evaluar lo acontecido y hacer una recomendación puntual sobre su futuro. En vista que sus actividades están protegidas por Ley una reestructuración se puede hacer a partir de una intervención especial, auditora, con pleno respaldo político. Anunciar el cierre es entorpecer cualquier tipo de investigación. Pareciera que los visitantes a Palacio han olvidado que la crisis política tiene una de sus semillas en los reglajes a miembros de la oposición, que de ser parte de una estrategia de demolición electoral, parece no ha culminado.
En política la buena voluntad no debe ser confundida con ingenuidad. Ser ingenuo en política equivale a ser manipulable y ser manipulable conduce a la autodestrucción. Si esta es la oposición que tenemos más vale estar avisados.
Por otro lado el gobierno no parece entender que la crisis continúa por una sencilla razón: la falta de credibilidad. Ésta se acentúa desde el momento que permanecen en el gabinete por lo menos un sexteto de ministros cuestionados. La solución entonces es evidente. Lo que procede es efectuar cambios en el elenco ministerial pues de lo contrario la situación de crisis política se acentuará con el añadido que los elementos o herramientas de manejo de crisis se van a seguir devaluando como por ejemplo acaba de suceder con el “diálogo”.
Y sería bueno que la clase política no se preste a esta comedia. Ahora se pretende convocar a una nueva etapa del diálogo “para dentro de un mes”, es decir encima estamos con un diálogo en cómodas cuotas mensuales. No es así. La situación del país no está para mecidas a plazo sino para mejoras sustantivas con hechos concretos, algunos de los cuales son el cambio de ministros cuestionados y evitar el cierre de la DINI.


Juan Sheput

Artículo publicado hoy en Exitosa Noticias

Así serán las escuelas del futuro


Gracias a The Guardian Tech, hemos tenido acceso a un reportaje sobre cómo serán las escuelas del futuro. En él se nos dice acerca de la libertad con que se gozará para la experimentación y el manejo de los tiempos. Uno de los investigadores, el Dr. Shapiro, señala una frase que es de plena vigencia aún para locaciones como las de América Latina: "una escuela será tan buena como lo son sus maestros", dando en el clavo respecto a en qué debe consistir una reforma educativa.
Se pone énfasis en los aspectos lúdicos. Los juegos son entendidos por todos y siendo comunes van escalando en dificultad según los grados. En fin, los invito a leer el artículo completo aquí:

Inside the schools of the future

martes, 10 de febrero de 2015

La banalización del diálogo

La banalización del diálogo
La palabra diálogo proviene del latín dialogus, que significa discurso racional o ciencia del discurso. El primero en utilizarla en una de sus vertientes, la dialéctica, fue Platón, quien en filosofía la definía como el intercambio de ideas para a través de ello “llegar a la verdad”. Es este último concepto el que recoge el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española cuando define al diálogo como la  “plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos”. Al leer las líneas precedentes es obvio, estimado lector, que lo acontecido ayer en Palacio de Gobierno no es un diálogo.
Cuando el gobierno se desgastaba en medio de una crisis política motivada por el destape de los reglajes, los negocios privilegiados del amigo de la pareja presidencial Martín Belaúnde Lossio y el agravio permanente de un par de ministros a personajes encumbrados de la oposición, surgió el salvavidas lanzado por un grupo de partidos que, movidos por el apresuramiento, llamaban a conversaciones con las más altas instancias del gobierno. Este llamado público, que considero un error político de la oposición, sirvió para que el oficialismo tomara la propuesta y convocara a un amplio intercambio de opiniones cuyo objetivo sería construir una agenda que mejore el rumbo de las acciones gubernamentales de cara a la transferencia de poder que debe haber el próximo año. Sin embargo una vez más la falta de pericia política transformó el regalo de la oposición en un bumerang. La presidenta del consejo de ministros Ana Jara, entusiasmada con el ambiente siempre cordial del Acuerdo Nacional, luego de una reunión de esta, hizo un llamado al diálogo a  todas las fuerzas vivas, ampliando la convocatoria y destruyendo así lo que podría haber sido un esfuerzo focalizado de entendimiento y respeto para con las principales fuerzas políticas del país.
Al ver dicho comportamiento es obvio que el gobierno jamás entendió lo que es un diálogo. A lo largo de estos 43 meses ha pulverizado todos los escenarios en que se pudo desarrollar conversaciones. Ayer mismo la PCM Ana Jara hizo gala de la falta de equidad al lanzar un monólogo de 30 minutos en presencia de la prensa luego de la cual la invitó a salir dejando así a la oposición condenada a la nula difusión de sus planteamientos lo cual, por decir lo menos, es una falta de cortesía que hubiera causado el retiro de Palacio a otro tipo de oposición. Pero no fue así. Los dialogantes se contentaron con tuitear, con lo cual demostraron que su indignación es aún más estrecha que el campo que puede cobijar ciento cuarenta caracteres.
Lo que hemos visto es la banalización del diálogo, su completa trivialidad. No servirá para nada y será un digno ejemplo de lo que es parto de los montes, ese que luego de un terremoto abre las entrañas de las montañas para parir un par de ratones.
La oposición, si realmente quiere hacerse respetar,  tiene que entender que es fundamental para el régimen democrático, y ello pasa por no seguirle el juego a un gobierno que simplemente la quiere utilizar.


Juan Sheput

Columna publicada hoy en El Montonero

lunes, 9 de febrero de 2015

No sólo la política, también la academia

De un tiempo a esta parte es común leer cómo se ha abandonado el rigor y la calidad académica. Se hace una crítica de problemas complejos desde una lógica simplista,  con un reduccionismo tan lamentable que muestra el nivel al que se ha descendido. Criticar a la Política es un ejercicio fácil pues no encuentra respuesta de aquella. Se siembra así en la ciudadanía la idea de una Política penosa en la que abundan protagonistas mediocres.
La semana pasada el señor Alberto Vergara ha publicado en El Comercio un artículo titulado “Crispación sin crisis” en el cual lamenta el nivel al cual ha llegado la clase política peruana. En el mismo señala temerariamente que los  políticos peruanos “lucen altivos el barro oportunista y angurriento del cual están todos hechos”. No me extraña que se pronuncie así. El señor Alberto Vergara es un politólogo peruano y por tanto no es excepcional que descienda a la calificación generalista. En el Perú este tipo de actitudes es un lugar común y demuestra el nivel poco riguroso en que se encuentra la academia.
El señor Vergara dice sentirse asombrado del nivel intelectual encontrado en políticos colombianos y lo dice como consecuencia de un evento al cual tuvo la oportunidad de asistir. Es cierto, el nivel en Chile, Colombia, México y Argentina en el promedio es alto,  cultural e intelectualmente. Sin embargo el señor Vergara olvida tocar un tema importantísimo. En esos países también hay universidades de primer nivel, politólogos que se manejan con mucho respeto y que tienen un nivel académico de talla mundial. No es poca cosa que los cuatro países nombrados tengan universidades entre las mejores 500 del mundo,  en tanto el Perú no tiene ni una. Y también tienen think tanks de primer nivel,  que aportan ideas para el debate público convirtiéndose muchas de ellas en políticas públicas exitosas.
La clase política peruana es en parte consecuencia del actual sistema universitario, un sistema  en el cual, según se pudo demostrar en el reciente debate sobre la Ley Universitaria, abundan las burocracias endogámicas y reeleccionistas, la mediocridad y la argolla, la corrupción y el afán de lucro. No hay centros de ideas importantes que aporten cosas sustantivas para el complejo debate regional, por ejemplo. En tanto Colombia tiene un Centro de Estudios Regionales de categoría mundial como el CIDER de la Universidad de los Andes o el Observatorio de Prospectiva y Pensamiento Estratégico de la Universidad Externado,  Chile tiene un Centro de Políticas Públicas como el de la Universidad Católica por aquí hay grupos de amigos organizados administrativamente que no apuestan por la diversidad de ideas ni producen algo que enriquezca el debate público. Es cierto que tenemos islas académicas de excelencia pero son tan pocas que pasan, literalmente,  desapercibidas.
Es cierto, por tanto, que en el Perú haya pobreza en el debate protagonizado por políticos. Pero esa pobreza no es exclusiva de los políticos, también es académica. El sistema universitario y los think tanks elevan la valla en el debate público en Chile, Colombia, México y Argentina. Aquí las argollas ahogan ese debate cuando alguien intenta marcar la diferencia. Se aprovechan de sus contactos en los medios para descalificar intentos de marcar la diferencia como pasó con los notables estudios de la Universidad del Pacífico sobre programas sociales o previsionales o de la marcha de la economía que resultaron insoportables para el promedio acostumbrado a la consultoría gubernamental, la argolla y la complacencia.
Uno de  nuestros graves problemas es la calidad del debate público, ausente de ideas es cierto. Y, repito, esto no es exclusivo de la política. La academia peruana hace tiempo que claudicó de uno de sus roles: ser conciencia crítica del país. Más fácil le resulta criticar y –cómo no- generalizar.


Juan Sheput

Artículo publicado en la revista Velaverde edición |101 del 9 de febrero del 2015

miércoles, 4 de febrero de 2015

Lavado de dinero se desborda

Lavado de dinero se desborda
Lo que acaban de leer como encabezado fue el titular en primera plana del excelente diario de negocios Gestión de hace tan sólo 2 días. En la misma página,  desarrollando la noticia,  indica que el monto investigado de dinero de origen ilegal se habría incrementado en 287% en solo un año,  lo que llevaría a que la Superintendencia de Banca y Seguros plantee mayores controles en transacciones y casas de cambio.
El fin de semana Cuarto Poder sacó un informe sobre la reapertura en la Fiscalía de una investigación en contra de Nadine Heredia, esposa del presidente Ollanta Humala, por lavado de dinero. Se le investiga por depósitos sospechosos, pequeños para evadir los controles, tipo depósitos hormiga, hasta por 215.000 dólares americanos, los cuáles fueron efectuados por familiares que no cuentan con los recursos económicos suficientes para hacerlos.
Ante ello la respuesta del gobierno, encabezado por Ollanta Humala y de sus congresistas ha sido “es un refrito”, “eso ya se vio”, “se ha politizado” y otras menudencias por el estilo. Tratan de descalificar al mensaje y los mensajeros y también a los que plantean una investigación. No se preocupan de dar respuestas porque seguramente no las tienen, empezando una controversia cuando lo que corresponde a un presidente es ponerse del lado de la Ley y de ser abierto a cualquier tipo de indagación.
Con su actitud el presidente le da un duro golpe a la lucha contra la corrupción y con su misma acción sabotea, de manera directa, los esfuerzos que vienen dando las organizaciones correspondientes en la lucha contra el lavado de activos. No se trata aquí de practicar la política del avestruz negándose a ver lo evidente sino de dar el ejemplo desde la más alta investidura del Estado, la del presidente de la República.
En este proceso juega un papel importante la Procuraduría y la Fiscalía de la Nación. Al frente de esta está un hombre probo y por lo tanto inmune a las presiones políticas tan comunes en los que tienen cola para pisar. El Fiscal Pablo Sánchez es garantía de un proceso objetivo y necesario pues no se puede permitir que la política sirva para “enriquecer la vida” de advenedizos que con el pretexto de querer impulsar el “gran cambio” sólo tienen modificaciones pero en su status de vida familiar.

Juan Sheput

lunes, 2 de febrero de 2015

Los Jotitas y La Ley Pulpín

Estoy de acuerdo  y me congratula que los jóvenes participen activamente en las recientes marchas en contra de la ley laboral juvenil, pero de allí a  sobrevalorarlos hay mucho. Por su propio bien y la consistencia de la participación de los jóvenes es necesario actuar con realismo y sin sobredimensionar su actuación. De ello trata mi artículo de esta semana en Velaverde:

Los “jotitas” de la Ley Pulpín
Me encuentro entre aquellos que han disfrutado de la amplia convocatoria juvenil que ha logrado llenar calles y plazas protestando contra una ley que los afectaba. No hay nada que revitalice tanto a un país como la participación de la juventud. Ya hace unas semanas señalaba que estas manifestaciones juveniles deberían canalizarse a través de una participación política, más amplia y convocante, en la cual sinónimo de juventud sea las ansias de tratar de construir un país mejor.
Sin embargo, a pesar de la simpatía que me despierta la participación activa de la juventud y sus mentores, no comparto la idea de que este es un hecho excepcional y mucho menos trascendente. Si nos remontáramos al pasado sólo el siglo XX sería el proveedor de jornadas más ricas e intensas, en términos históricos y de impacto, que lo recientemente acontecido.
No hay que sobrevalorar ni sobredimensionar las recientes protestas estudiantiles. Ellas, a pesar de los esfuerzos organizadores, hasta ahora se muestran más como un fenómeno entusiasta que profundo. Para su éxito han contado con factores favorables que les han permitido consolidar una victoria indiscutible. Pero es por ello que se debe ir a un análisis de fondo. En otras palabras si el gobierno de Ollanta Humala hubiera impulsado la Ley del nuevo Régimen Laboral Juvenil a inicios de su gobierno, tuviera al frente del Ministerio de Trabajo a un conocedor del sector con capacidad política y el Congreso no estuviera en plena etapa electoral, la juventud no la hubiera tenido tan fácil. Me atrevo a pensar que lo más probable es que la ley no se habría derogado.
En este sentido quisiera que no se confunda lo que deseo transmitir. No niego el valor de la reciente acción juvenil que devino en una derogatoria de la ley llamada Pulpín. Pero sí creo que aún queda mucho por hacer. La protesta gozó de condiciones favorables como las mencionadas a lo cual habría que agregar que se tiene un conjunto ministerial mediocre y sin credibilidad.
Es muy propio de nosotros sobrevalorar las acciones que nos causan alegría. Nos creemos el cuento de haberlo ganado todo habiendo recién empezado. Me permito apelar a una metáfora. Recuerden a los “jotitas” del futbol,  a los cuáles endiosamos con los primeros partidos ganados. Si hubiéramos sido más críticos esa generación de futbolistas habría tenido otro destino.
Lo mismo pienso de la política. El movimiento juvenil no tiene líderes preclaros o que destaquen de manera nítida. Ellos son necesarios para la conducción, tanto como las ideas. Los voceros se reclaman lejanos a los partidos políticos, sin embargo por lo que se ve, se nota que están siendo muy cercanos a los sindicatos. Deberían actuar con mayor paciencia y entender que siendo la participación juvenil muy importante para el desarrollo del país, es valioso que encuentren objetivos estratégicos, organización y entiendan que la Política, en el mejor sentido de la palabra, es fundamental.


Juan Sheput